Pedir ayuda a Trump

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Román Hernández Genis

*Hagamos una suposición maquiavélica

Muchos mexicanos estamos hasta el gorro del actual gobierno mexicano encabezado por Enrique Peña Nieto. A partir de que nos comenzaron a gobernar los panistas, hemos llegado a extremos increíbles, hasta hace no muchos años, en cuanto a violencia y ausencia de un Estado de Derecho, ¿cuántos miles de muertos y desaparecidos habrá que acumular aún antes de que termine este sexenio sin que existan ya no digamos detenidos, procesados, bueno ni siquiera investigaciones?
Aunque siempre hemos sospechado, con muchos elementos que así lo confirman, que en el cuerpo de políticos que nos gobiernan (¿?), ha existido una gran dosis de corrupción, que les ha permitido volverse miembros distinguidos de esa clase que detenta la mayor parte de la riqueza que nuestro país produce, nunca como ahora se han conocido tantos casos documentados de gobernadores, secretarios de Estado, jueces, funcionarios de todo tipo, que se han enriquecido al amparo del poder. La impunidad campea desorbitadamente y tratan de hacernos creer que con una reglamentación mal hecha, que no acaba de aterrizar ni siquiera en quien la habrá de dirigir, mal llamada Sistema Nacional Anticorrupción, se habrá de acabar con el negocio de toda una centuria. La constitución cumplió 100 años recientemente.
Hemos visto como este gobierno, con el visto bueno de casi todos los partidos participantes, ha deshecho la estructura que administraba los recursos derivados de la exploración, extracción, refinación, distribución y venta de los hidrocarburos y de muchos recursos minerales o naturales que posee nuestro país (o más bien poseía), para entregarlos en bandeja de plata a empresas nacionales (algunas pocas) pero principalmente trasnacionales, al amparo de contratos surgidos de negociaciones turbias en extremo y que le dan a todos ellos enormes ventajas y beneficios. A cambio recibimos empleos mal pagados, pocos incentivos para desarrollar ciencia y tecnología, abundante contaminación de aire, suelos y aguas tanto dulce como marina.
¿Para qué seguir con el recuento? Ahora pensemos en que en base a este encabronamiento colectivo que millones de mexicanos padecemos, pensáramos en solicitar a algún gobierno extranjero el apoyo para destituir, enjuiciar, eliminar y embotellar a todos estos sujetos vende patrias. No creo que Trump nos hiciera mucho caso, dado que los negocios estadounidenses han prosperado como nunca. Tal vez recurrir a Putin y su mafia internacional. O algún otro jerarca ávido de controlar un país tan rico como el nuestro. Y que ello implicara saboteo, bloqueo económico, fuga de capitales, escasez de víveres y mercancías, pago de terroristas para crear pánico colectivo, y el contar con recursos muy bastos para financiar actividades de protesta masiva constante.
¿Buen plan? Pues eso es lo que sucede ahora mismo y desde hace varios años en Venezuela. No pretendo justificar con ello el cúmulo de errores cometidos por el presidente Maduro y su gabinete, ni pretendo equiparar a Peña con Maduro, mucho menos con su antecesor, mas vale la pena preguntarse si todo el proceso de transformación social que ha vivido ese país, a raíz de que Hugo Chávez fue electo presidente ha sido tan negativo como lo afirman todos los interesados en hacer que dicho gobierno caiga, con el apoyo indiscutible e interesado de la nación más poderosa del planeta. Si todo eso fuese cierto, el gobierno de ese país ya hubiese caído desde hace muchos meses. Venezuela es hoy un país fragmentado y confrontado. Pero creer solo en la versión que difunden los opositores es no querer entender que en ese país se juega mucho más que la permanencia de un gobierno que se ha querido hacer creer que es muy impopular.
Pensemos que es parte de toda una ofensiva orquestada para echar atrás los avances que se habían logrado en países como Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Nicaragua y Panamá, pero especialmente en la propia Venezuela. La caída de ese gobierno bajo la ofensiva actual solo creará las condiciones para que en todos nuestros países, las mejoras en las condiciones de vida de las mayorías se vuelvan irrealizables. Vean los países (y sus gobiernos) que han apoyado la postura del gobierno de Trump de implementar sanciones contra el régimen de Maduro y financiar abiertamente ya, a la oposición.
El gobierno mexicano pidiendo sanciones contra Venezuela ha caído en el más grande de los desatinos políticos de la diplomacia exterior mexicana en toda su historia.

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