+Trump somete “absolutamente” a EPN
+ Videgaray y el disimulo indignante

Peña es sordo. Peña es omiso. Peña es sumiso. Peña le tiene tanto miedo a Donald Trump, que el presidente gringo podría mentarle la madre a México delante de todos y su par mexicano volvería a decir: “No lo escuché”.
Peña fue cobarde. Peña fue incapaz de defender a México de las bravatas del pendenciero que habita en el 1600 de la avenida Pennsylvania en Washington. Peña ya está de más.
Una pena ese Peña.
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La pregunta no necesita ninguna interpretación: ‑¿Todavía quiere que México pague por el muro?‑, inquirió una reportera a Trump durante la reunión que en Hamburgo sostuvieron los presidentes de México y de Estados Unidos.
Peña Nieto estaba junto a Trump. Todos los vimos así. Tal cual. La respuesta no necesita ninguna interpretación: “Absolutely (Absolutamente)”, fue la respuesta textual de Trump. Todos la escucharon. Absolutamente todos…menos Peña Nieto y el aprendiz de canciller, Luis Videgaray. Todos, menos ellos.
Trump: “Absolutely” still want Mexico to pay for wall. Así presentó su cintillo, en vivo, la poderosa y confiable cadena televisiva CNN, mostrando al fondo el rostro desafiante de Donald Trump y la figura posada de Enrique Peña Nieto. Así, rotunda, inobjetable.
Todos lo oyeron. Absolutamente todos. Menos Peña Nieto y Videgaray. Trump, en su cara, le restregó a Peña Nieto que “absolutamente” México pagaría el mentado muro. In your face. Y la distancia entre ambos no era mayor a un metro. ¿Qué no escuchó Peña a Trump? ¡Ay, ajá!
“Y frente a lo que se suscitó después de este encuentro, claramente nuestra relación bilateral no puede estar marcada por murmullos como los que eventualmente tuvieron lugar”, intentó aclarar, horas después, Peña Nieto. Su respuesta fue tan lamentable como su silencio dócil ante Donald Trump.
Lamentable, porque no ocurrió, como dice Peña Nieto, “después de este encuentro”. ¡No, señor! Fue en la parte final, pero dentro del mismo encuentro. En términos futboleros: un gol anotado en el último minuto de juego.
Lamentable, porque si los periodistas que estaban justo frente a Peña y Trump, a pocos metros, escucharon perfectamente tanto la pregunta de la reportera como esa respuesta con el inequívoco “absolutely”, resulta imposible qué a corta distancia, Peña no haya oído la respuesta del presidente estadounidense. Imposible.
Lamentable, porque, una vez más, Peña Nieto mostró sumisión ante las bravatas del pendenciero que habita la Casa Blanca. Cobardía.
Les pongo un escenario hipotético: ¿Qué hubieran respondido Angela Merkel, Justin Trudeau o Emmanuel Macron, si Donald Trump hubiera escupido sobre Alemania, Canadá o Francia, como lo hizo con México enfrente de Peña Nieto? ¡Algo le hubieran reclamado o respondido, seguramente! A su estilo, pero limpio no se hubiera ido Trump.
Pero lo que no es hipotético, es el miedo que le tiene Peña Nieto a Donald Trump. El problema es que lo demuestra ante los ojos del mundo, ante todos. Su pavor ante el gringo arrodilla también a nuestro país. Le tienen tomada la medida. Hasta el fondo.
Peña Nieto se ha tragado todas las que le ha mandado Trump. Absolutamente todas. Y por supuesto que nadie está planteando declararle la guerra a EU o que Peña le diera un pisotón a Trump o al menos un pellizquito en sus rubicundas mejillas. No. No es por ahí.
Pero, tal vez, después del “absolutely” de Trump, enfrente de los periodistas, que Peña hubiera revirado de inmediato con un breve pero firme: “Absolutamente no pagaremos el muro”. ¿O qué tal un simple?: ¡Absolutamente…NO!, dicho de manera clara y contundente.
Pero Peña no da para mucho. Esa respuesta de defensa de su país la daría un estadista o, al menos, un político con los pantalones bien fajados. Pero no un político tan limitado y aldeano como Enrique Peña Nieto. Él no.
No da para tanto. Qué pena, Peña.
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Si Peña Nieto no escuchó la pedrada de Trump, Luis Videgaray, de plano, se volteó con disimulo indigno.
“No la escuchamos”, dijo textual nuestro aprendiz de Canciller sobre la respuesta de Trump. ¡Ah, sordito! No la quiso escuchar, que es diferente.
Mientras tanto, Donald Trump se regresó a Washington muy quitado de la pena. A Trump, al menos, le quedan tres años y medio en la Casa Blanca. Peña Nieto se va en poco más de 13 meses. Ya está de salida. (Aunque, en realidad, aun de entrada tampoco le hubiera respondido absolutamente nada a su coco gringo). Es una pena que Donald Trump se siga orinando sobre México.
Y mayor pena, que Peña Nieto le haga casita. Qué pena, Peña.
TW: _martinmoreno
FB: Martín Moreno
Publicado en sinembargo.mx

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