El juego psiquiátrico del terror ha sentado sus reales. De éste y del otro lado de la frontera norte, los conservadores, coyotes de la misma loma, manipulan el miedo como un arma efectiva de aniquilación de las luchas populares. Es el método favorito de los retardatarios para imponer sus augurios, para adelantar los tiempos de la destrucción en provecho de sus tenebrosos propósitos.
En México, la derecha conservadora en el poder arrasa con los mínimos beneficios que el gasto público ofrecía a las franjas vulnerables de la población, perjudica sus exiguos salarios a través de una monstruosa devaluación que no quiere pronunciar su nombre y atenta contra programas de agua, transporte, alimentación, salud, prevención y seguridad contra los riesgos de la vida.
El presupuesto del peñato para 2017 lastima los ijares de la población, le pega donde más duele, valiéndose de melifluas sonrisas de verdugos habilitados como financieros panistas y priistas, aprieta inmisericorde en las bolsas vacías de la inmensa mayoría, es implacable con las conquistas y reivindicaciones sociales.
El presupuesto nacional, producto de nuestros impuestos, está dedicado a exonerar pagos fiscales de empresas defraudadoras de los cómplices del sistema, alentar los negocios de los amigos y familiares, y pagar los intereses de una pantagruélica deuda externa que contrataron a espaldas de la población.
En Estados Unidos, la feroz derecha republicana, mater et magistra de todas las desgracias, promete una nueva era de recalcitrante persecución contra los migrantes, sin reconocer que gracias a estas minorías los wasp –white, anglo, saxo & protestants, o blanco, anglo, sajones y protestantes– pueden sobrevivir en confort y en abundancia. Sin aceptar que el único renglón en que su economía no está quebrada, es en el agropecuario, a cargo de los migrantes mexicanos.

Que Trump crearía campos de concentración

Un sondeo de Survey Monkey, efectuado para Lincoln Leadership Initiative reveló que casi la mitad de la población estadunidense teme que, de llegar Donald Trump a la Casa Blanca, éste creará campos de concentración para inmigrantes indocumentados y usará una o varias armas nucleares contra los adversarios de Estados Unidos.
“Siempre he creído que elegir a Trump crea riesgos inaceptables para Estados Unidos, para nuestra seguridad, nuestra economía y nuestros derechos constitucionales”, indicó el exsubsecretario de Estado James Glassman. “La encuesta confirma que millones tienen los mismos miedos”, apuntó.

Insisto, Clinton y Trump son lo mismo

Y a pesar del voto latino, africano y asiático de los migrantes, que hasta hace poco lo apoyaban, creyendo que, cerrando las fronteras, Trump iba a ayudarlos a deshacerse de la competencia de sus compatriotas desplazados, el infeliz mantiene hasta hace unas horas un ranking de votación de delegados que lo ubica en empate técnico con la también tenebrosa señora Clinton.
Los dos son lo mismo –insisto–, representan exactamente idénticos intereses antiinmigrantes y esquizofrénicos, nutridos en la ignorancia. La única diferencia es que uno los ondea como bandera de campaña y la otra espera los momentos de la ejecución, en solitario, de los programas antipobreza. Ni a cuál irle.

Los cimientos de EU, ya reventaron

Es, definitivamente, debido al apoyo de “la basura blanca”, los esquizoides votantes del Medio Oeste y el norte de Estados Unidos, que viven embelesados con las soluciones de fuerza, un gusto que ya el imperio no puede darse porque sus cimientos están reventados hasta la médula. Los grupos de poder lo saben y, sin embargo, dejan que corra el morbo, a cuenta de la tranquilidad de las minorías trabajadoras.
Las mentes más lúcidas se encargan de repetir en todos los tonos: “Vivimos una cultura del miedo, pero no nos engañemos, se trata de un miedo manipulado que sirve a intereses concretos. Su fin es justificar y hacer posibles conductas y actuaciones políticas hasta hace poco inadmisibles”, dice Noam Chomsky.

Caldo de cultivo de la derecha reaccionaria

Aquí y allá, se trata de vaciar a la democracia de contenido, extirpar valores consagrados por movimientos críticos y reivindicadores que ponderan la innovación, la autenticidad, la libertad sin tapujos, la universalidad y la solidaridad para ser sustituidos por un rancio retroceso, que beneficia en lo inmediato a sus contlapaches obscenamente enriquecidos.
La cultura del miedo, chichimeca o yanqui, y sus juegos psiquiátricos, es la antesala favorita de los totalitarismos, el caldo de cultivo ideal para el florecimiento de todas las tesis de la derecha reaccionaria.
Es el mejor termómetro para saber cuándo se ha secuestrado cualquier asomo democrático y ancestralmente se identifica con la medicina idónea de los conservadores para atacar la razón, el raciocinio y la solidaridad. Allí donde hay miedo, siempre existe una clase gobernante que le tiene terror a la libertad.

Burgueses y obreros viven en el temor

El miedo del siglo XX, denunciado por Emmanuel Mounier, empezó a difundirse acabando la primera Guerra Mundial. Entonces, el optimismo de la burguesía se sintió quebrantado; si en el siglo anterior creía en el desarrollo armónico del capitalismo, en la continuidad del progreso… en su propia perennidad, de repente se encontró con que al régimen de libre competencia y mercado lo había desplazado el capitalismo monopólico y se había enredado en sus propias contradicciones, por negarse a apoyar mínimamente a los pobres, a los que hacían posible el progreso.
Para colmo, la amenaza obrera de la década de 1920 se agravó considerablemente, las esperanzas religiosas perdieron su omnipotencia y el proletariado se transformó en una fuerza capaz de medirse contra las guarniciones militares de la derecha.
“El progreso de las técnicas y de la industria ha demostrado ser más amenazante que esperanzador y hemos aprendido no a fertilizar las tierras, sino a devastarlas”, escribió Chateaubriand. La burguesía vislumbraba, en palabras de Spencer, el fin de la humanidad, es decir, su propia liquidación como clase social.

Los siniestros cavan su propia tumba

Cuando el fascismo y el hitlerismo fueron vencidos, se agotó su última esperanza: arrastrar consigo hacia la muerte a la humanidad entera, en palabras de Simone de Beauvoir.
El retorno a la caverna, de la mano de la derecha más reaccionaria, va acompañado de la reducción o supresión de protecciones y garantías sociales –¡los pobres son gandules que quieren vivir a costa de la sociedad!–, más un incremento bestial de presupuestos militares, medidas favorables a los que más tienen –ofertismo fiscal– y el patrocinio descarado de grandes empresas, favorables a los intereses de los que mandan.
Tanto aquí, como allá, el miedo es un juego psiquiátrico donde las fichas las ponen los perversos, sin reflexionar en que cavan su propia tumba.

¿Hasta cuándo se quitarán la careta?

Índice Flamígero: La capital de San Luis Potosí es un microcosmos de la política nacional. Tras dos gestiones corruptas y dilapidadoras de recursos públicos de priistas en la presidencia municipal, en tan solo un año el actual alcalde, el perredista Ricardo Gallardo, ha conseguido liquidar parte de los enormes pasivos heredados, al tiempo que ha arrancado programas sociales de beneficio a los potosinos más necesitados, mientras las obras públicas se ven, concluidas, por todos lados. ¿Y sabe usted cuál es la respuesta de los priistas ineptos y rateros –es un microcosmos, le repito–, encabezados por el delegado del CEN del PRI, Jorge Chafino (no sé cómo se escriba, pero chafa chafa sí que lo es), pues que Gallardo es “¡un populista!”. Eso responden los ineptos y rateros priistas de tooodos los niveles cuando sus trapacerías se hacen evidentes. Por eso estamos como estamos, ¿a poco no?

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@pacorodriguez

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Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.