Antorcha no es un movimiento espontáneo de acción coyuntural, somos una organización seria, con un proyecto político de nación sensato y un plan de organización y educación del pueblo mexicano. No somos de aquellos que corren a coger peces en río revuelto; nuestra empresa es de gran aliento, con el objetivo claro de erradicar la pobreza en nuestro país.
Tenemos 42 años como organización, tiempo en el que el antorchismo estoicamente ha soportado de todo: calumnias, asesinatos, represión física y administrativa, etcétera, pero jamás las fuerzas enemigas del progreso y de nuestro movimiento en particular han podido doblegarnos ni desviarnos de nuestros objetivos; con borrascas encima y fuertes tempestades, hoy nos mantenemos como el capitán Ahab en la novela de Herman Melville, Moby Dick, sin que nada lo distrajese de su objetivo.
El movimiento antorchista nacional, con el maestro Aquiles Córdova Morán a la cabeza como el líder indiscutible, con esa claridad política, filosófica, histórica y económica que posee de la situación mundial y nacional, avanza con paso firme y sostenido hacia su objetivo; el maestro Aquiles, a la cabeza de un importante grupo de líderes de masas e intelectuales antorchistas viene dirigiendo con suma responsabilidad y gran acierto a nuestra organización, sosteniendo que el actual modelo económico está agotado, resulta inviable, y es hoy la génesis también del gasolinazo que, obviamente, trae consigo más miseria para la inmensa mayoría de los mexicanos.
Y como ha explicado certeramente el doctor Abel Pérez Zamorano en su primer artículo de este año, tanto el aumento en las tarifas como los eventos de ello derivados son consecuencia necesaria y perfectamente lógica del actual modelo, empobrecedor y a la vez acumulador de riqueza, y es ese exactamente el problema de fondo a resolver. No nos distraigamos, tengamos siempre en mente el objetivo.
Hoy, ante el gasolinazo y los hechos violentos suscitados en el país, Antorcha deja clara su postura:
En primer lugar, el aumento de 20 por ciento a la gasolina es un duro golpe para la economía familiar, sobre todo de los más pobres, y generará, consecuentemente, más pobreza, con todas las secuelas que ésta trae aparejadas.
Se está, nuevamente, sacrificando el bolsillo de los más débiles en beneficio de los grandes magnates nacionales y extranjeros, como bien lo señaló el doctor en economía Abel Pérez Zamorano. En virtud de que todo se transporta, mercancías y personas, obviamente, esta alza generará una cascada de aumento de precios en todos los productos y servicios.
En segundo, que el aumento a la gasolina está en íntima relación con nuestra dependencia de las importaciones del hidrocarburo: “En 2012, México adquirió 60 por ciento de toda la gasolina que exportó Estados Unidos (23.5 millones de barriles); somos su principal cliente. La gasolina es hoy el primer producto de importación: en 2004, Pemex producía 75 por ciento de la que se consumía; para 2012, el 50, y actualmente apenas 38 por ciento, algo inaudito siendo como somos un país petrolero. Generamos la materia prima, pero sometidos a las reglas de la globalización y los dictados del imperio, exportamos crudo para importar gasolina: en casa del herrero, cuchillo de palo” (APZ).
Tercero: que ante la falta de suficientes ingresos para el erario, y siendo casi imposible aumentar los impuestos a los pobres (que ya llevan toda la carga fiscal sobre sus espaldas), y contraer mayor deuda externa, pues la actual supera 50 por ciento del PIB y negándose en redondo a cobrar impuestos a los grandes ricos de México y a las transnacionales que operan en nuestro país, mejor dicho, estando imposibilitado para ello, en razón de que el actual gobierno, como los anteriores, es solamente el representante de los intereses del capital, no le quedó de otra que el gasolinazo.
En cuarto lugar: en relación con los movimientos de protesta que se han desatado en varios estados del país, consideramos que son completamente justificados, pero que no dejan de ser movimientos débiles a causa de su espontaneidad, y que tampoco dejan claro su proyecto ni ofrecen soluciones de fondo; tampoco dejan claro quién está convocando a dichos movimientos y, por lo tanto, quién se responsabiliza de ellos y sus consecuencias, algunas ya muy lamentables, como los decesos en Ixmiquilpan, Hidalgo.
En quinto lugar: la forma en que se está convocando a los distintos eventos de protesta y al saqueo de comercios deja ver, si no muy claramente, sí la aplicación de poner en práctica, ahora en México, por parte del imperialismo norteamericano, la teoría del caos: convocar a la población, a través de las redes sociales, a realizar motines callejeros y actos de vandalismo, para con ello generar inestabilidad política y social para, a través de la violencia, derribar a los gobiernos establecidos en cada país y así poder sojuzgar a los pueblos, como hicieron en Túnez, Libia, Egipto y Siria, desatando matanzas que aún no terminan.
En sexto lugar: Antorcha rechaza categóricamente la acusación de estar participando en los actos violentos suscitados en el transcurso de la semana, pues como lo hemos señalado, somos una organización pacífica que pretende una transformación democrática del país, el cambio de este modelo económico caduco a través de la acción política, legal y pacífica del pueblo organizado y educado para que asuma el gobierno de la nación.
Los que realmente conocen el quehacer del movimiento antorchista saben que no miento, como sí mintió Rocío Nahle, coordinadora de los diputados de Morena, al afirmar que “organizaciones como Antorcha Campesina deben explicar esos hechos”, haciendo referencia a que, según ella, Antorcha participó en los actos de saqueo, bloqueos o quemas de gasolineras; lo hace, quizás, para descargo de su conciencia y responsabilidad, pero lo cierto es que dicha acusación da pie a que se pueda generar contra los antorchistas del país un clima de linchamiento y persecución; al parecer, es lo que ella desea. Ante ello, instamos a las autoridades a dar con los responsables de tan lamentables sucesos.
En séptimo lugar. Antorcha se pronuncia contra los actos violentos, la quema de autobuses y saqueo de comercios, y propone la organización pacífica de la población para lograr un cambio de modelo económico por uno que dé empleo a la población en condiciones de trabajar, salarios bien remunerados, que el gasto público se ejerza en beneficio de la población más vulnerable y que paguen impuestos los que más ganan.
Así que no nos dejemos engañar, el caos, la violencia y las movilizaciones sin una verdadera vanguardia nos llevaran al despeñadero. Si realmente queremos cambiar las cosas, debemos organizarnos y diseñar una estrategia unificada nacionalmente que nos permita como ciudadanos ser capaces de modificar la estructura económica del sistema actual; debemos trabajar para organizar y educar al pueblo, que al frente del gobierno es la única fuerza capaz de alcanzar el orden, la tranquilidad y el bienestar para todos y evitar así más gasolinazos.

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