Cada año, durante el primero de mayo, parecen repetirse las mismas consignas, las demandas que cada año van y vienen sin que parezca haber avance alguno. La precarización del trabajo, los bajos salarios, y el encarecimiento de los productos son constantes que podrían encontrarse si alguien buscara en la hemeroteca las notas que hay sobre los desfiles y protestas con motivo del Día Internacional del Trabajo. No obstante, este año en entrevista Erick Chew Ramírez, vocero del Sindicato de Telefonistas de la República Mexicana (STRM), hizo hincapié en un fenómeno que juzgó, es peor que las cada vez más difíciles condiciones económicas para la clase trabajadora: la descomposición de la clase política. El líder sindical se refirió, sobre todo, a lo que pasó con un sector de la izquierda mexicana a la que señaló de haber avalado las reformas laboral, educativa y energética. Sin embargo, o quizá no lo recordó en ese momento el líder del STRM, lo que también es muy grave es la descomposición de la clase política mexicana, pero en concreto lo que ha sucedido con varios gobernadores que han dejado a sus estados literalmente en banca rota, como sucedió con Veracruz, Chihuahua y Coahuila, por citar los ejemplos más escandalosos en función del saqueo que sufrieron sus finanzas públicas. El trabajador, quizá como no había ocurrido desde los tiempos previos a la Revolución mexicana, no había estado tan desprotegido como en esta época. Está literalmente a merced de sus patrones y de un sistema que ha borrado sus garantías más preciadas. No hay, para la generación que actualmente se incorpora al mercado laboral, ningún futuro asegurado. Hoy el trabajador se enfrenta a un mercado que no ofrece alternativas. Y si no accede a comenzar a laborar en un empleo precario, el nuevo trabajador está condenado a la marginación… o a emprender por su cuenta. El trabajador, hoy día, sigue siendo clave para que las empresas funcionen y como tal debe tener conciencia respecto a su propio valor. Las autoridades están obligadas a impulsar políticas que permitan reducir el deterioro de los ingresos de los trabajadores. Ese es un tema del cual el estado no puede desentenderse. De filón. También es un asunto de política económica que las autoridades protejan a las industrias que son estratégicas para la región. Por ejemplo, en Tulancingo de 36 maquiladoras que operaban en la década de 1990, hoy solo cinco o seis siguen teniendo operaciones formales. ¿Qué hizo el gobierno para evitar que las textileras huyeran de esa región?

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