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Léale tantito…

El estudio Dunedin Research fue recientemente premiado con un Nobel en importancia por los 40 años que tiene de haber estado siguiendo a los mismos mil que conforman el grupo más grande de personas, del estudio más largo en tiempo y en tantísimas especialidades sobre el ser humano. Esa es la importancia que tiene y que aquí solo les dejo algo que merece la pena mencionar que, creo, nos atañe a todos: muchos niños en Estados Unidos y en todo el mundo están expuestos al plomo, una neurotoxina del desarrollo. Las consecuencias cognitivas y socioeconómicas a largo plazo de la exposición al plomo son inciertas.
Objetivo: Comprobar la hipótesis de que la exposición infantil al plomo está asociada con la función cognitiva y el estatus socioeconómico en la edad adulta y con los cambios en el coeficiente intelectual y la movilidad socioeconómica entre la niñez y la mediana edad.
Diseño, configuración y participantes: un estudio de corte prospectivo basado en una población (mil personas) desde el nacimiento, representativa de la población de 1972-1973 de Nueva Zelanda y del mundo, el Estudio de salud y desarrollo multidisciplinario de Dunedin observó participantes de 38 años (hasta diciembre de 2012).
Entre otras, logra exposiciones como estas: se determinó la exposición al plomo en la niñez con niveles de plomo en sangre medidos a los 11 años. Se observaron niveles elevados de plomo en la sangre entre niños de todos los niveles socioeconómicos en ese mismo grupo de estudio.
Principales resultados y medidas: el cociente intelectual (resultado primario) y los índices de comprensión verbal, razonamiento perceptual, memoria de trabajo y velocidad de procesamiento (resultados secundarios) se evaluaron a los 38 años utilizando la escala Wechsler Adult Intelligence Scale-IV (WAIS-IV; IQ rango, 40-160). El estado socioeconómico (resultado primario) se evaluó a los 38 años con los usos de Nueva Zelanda y de otras partes del mundo en los diferentes niveles socioeconómicos.
Después de ajustar el cociente intelectual materno, el coeficiente de inteligencia infantil y el nivel socioeconómico infantil, cada nivel superior de 5-microg/dl de sangre en la infancia se asoció con una puntuación más baja de 1.61 puntos (IC de 95 por ciento, menos 2.48 a menos 0.74) en el CI de adultos, una puntuación más baja de 2.07 puntos (IC del 95 por ciento, menos 3.14 a menos 1.01) en el razonamiento perceptual, y una puntuación más baja de 1.26 puntos (IC de 95 por ciento, menos 2.38 a menos 0.14) en la memoria de trabajo. Las asociaciones de nivel de plomo en la sangre infantil con déficits en la comprensión verbal y la velocidad de procesamiento no fueron estadísticamente significativas.
Después de ajustar los factores de confusión, cada nivel superior de 5-microg/dl de plomo en la sangre en la infancia se asoció con un puntaje más bajo de 1.79 unidades (IC de 95 por ciento, menos 3.17 a menos 0.40) en el nivel socioeconómico. Se observó una asociación entre mayores niveles de plomo en la sangre y una disminución en el coeficiente de inteligencia (CI) y el nivel socioeconómico desde la infancia hasta la edad adulta con un 40 por ciento de la asociación con la movilidad descendente mediada por el deterioro cognitivo de la infancia.
Conclusiones y relevancia: en esta población, objeto del estudio, nacida en Nueva Zelanda entre 1972-1973, la exposición infantil al plomo se asoció con una función cognitiva y un estatus socioeconómico más bajo a la edad de 38 años y con descensos en el cociente intelectual y con una movilidad social descendente, en el resto de los países. La exposición infantil al plomo puede tener ramificaciones a largo plazo.

Violencia infantil

Objetivo: las personas que informan tener un historial de victimización por violencia infantil, han alterado la función cerebral. Sin embargo, la importancia clínica, la reproducibilidad y la causalidad de estos hallazgos están en disputa. Los autores utilizaron los datos de dos grandes estudios, diversos grupos, para abordar estas preguntas de investigación directamente.
Método: los autores probaron la asociación entre medidas prospectivas de victimización por violencia infantil y funciones cognitivas en la infancia, la adolescencia y la edad adulta entre 2 mil 232 miembros del estudio E-Risk del Reino Unido, y mil 37 miembros del estudio Dunedin de Nueva Zelanda, que fueron seguidos desde el nacimiento hasta las edades de 18 y 38 años, respectivamente. Se usaron múltiples medidas de victimización y cognición, y se hicieron comparaciones de puntajes cognitivos para gemelos discordantes para la victimización.
Resultados: Las personas expuestas a la victimización infantil tuvieron alteraciones generalizadas en las funciones cognitivas clínicamente relevantes, incluida la inteligencia general, la función ejecutiva, la velocidad de procesamiento, la memoria, el razonamiento perceptivo y la comprensión verbal en la adolescencia y la edad adulta.
Sin embargo, los déficits cognitivos observados en las personas victimizadas se explicaron en gran medida por los déficits cognitivos anteriores a la victimización infantil y por la confusión de los riesgos genéticos y ambientales.
Conclusiones: Los hallazgos de dos de ellos seguidos desde nacimiento, representativas de la población que suman más de 3 mil individuos y que nacieron hace 20 años o más y a 20 mil kilómetros de distancia, sugieren que la asociación entre la victimización por violencia infantil y la cognición posterior es en gran parte no causal, en contraste con las interpretaciones convencionales. Estos hallazgos apoyan la adopción de un enfoque más circunspecto a la inferencia causal en la neurociencia del estrés. Clínicamente, los déficits cognitivos deben conceptualizarse como factores de riesgo individuales para la victimización, así como las posibles características de complicación durante el tratamiento, para evitar los daños al cerebro y los indiscutibles adultos jóvenes que serán delincuentes y no terminarán sus estudios, etcétera; costando mucho más al Estado, que si los encargados de las políticas públicas, por ejemplo, se dedicaran más a los recién nacidos y hasta los tres o cuatro años. Que lejos vamos quedando, que lejos…
Señor López, usted no habló, en su decálogo, ni propone nada en su campaña política por la presidencia de nuestro país de algo más humano, la preocupación por hacer este tipo de estudios, pero sobre todo ¡por nuestros niños! No le importan los niños, o ¿será porque ellos no pueden votar?

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