“Si no hay verga no hay violación”, la frase de Marcelino Perelló, el académico, conductor de radio, intelectual, editorialista y autonombrado líder del movimiento estudiantil de 1968, quedará para la ignominia histórica del patriarcado mexicano.
México es tierra de feminicidios y Perelló es la prueba que exhibe la razón de ese primer lugar en violencia contra las mujeres. No sé cuántos hombres y mujeres pueden avalar sus palabras, pero su pensamiento misógino está más extendido de lo que imaginamos.
Perelló piensa como algunos jueces, ministerios públicos, policías y ciudadanos. Representa a esa parte de la sociedad mexicana que continúa normalizando la violencia contra las mujeres.
Vivimos las consecuencias de un patriarcado estancado en la edad media. Y si no me creen vean la defensa de un grupo de jueces y magistrados del Consejo de la Judicatura Federal en favor del juez de Veracruz, Anuar González Hemadi, suspendido por ese consejo, por su resolución sobre el caso de los llamados Porkys que otorgaba un amparo al violador confeso de Daphne, Diego Cruz.
Según el juez Anuar González Hemadi que otorgó un amparo al atacante, en la violación de Daphne no hubo “lascividad” en la conducta del porky Diego Cruz, porque solo introdujo sus dedos en la vagina de la menor de edad que él y sus amigos atacaron sexualmente y eso no era con la intención de “copular”.
El juez Anuar dice algunas aberraciones como las de Perelló. Para él no existió violación porque no existió la intención del violador de cometer un acto sexual con placer. Revisemos su amparo y sus palabras textuales: “… solo se da noticia de un hecho de tipo sexual por la parte del cuerpo en donde existió el tocamiento, pero no se aprecia esa intención de satisfacer placeres sexuales o el erotismo propio del activo, o de un apetito carnal inmoderado, pues es un hecho que se dio instantáneo, en un solo momento, sin expresar palabra y sin que se tuviera ese deseo de deleite sexual en detrimento de la víctima…”.
Para el juez González Hemadi “tocar” los pechos de una menor de edad e introducir sus dedos en su vagina no es un acto “lascivo” porque el sujeto agresor no tenía “apetitos carnales”. No es el único con este criterio judicial. Los abogados, magistrados y jueces que lo defienden argumentan la “independencia judicial” para criticar la suspensión del juez. No les importa el principio propersona que debe prevalecer, lo que les importa es la inexistente “independencia judicial”, esa que compran los agresores sexuales para verse beneficiados de amparos y sentencias.
En México, solo 4 por ciento de las violaciones se denuncia y de esas, las víctimas lograrán solo que uno por ciento de los agresores sea enjuiciado, pero difícilmente lo verá tras las rejas, porque las sentencias son casi inexistentes. La impunidad en torno a las violaciones sexuales es casi de 100 por ciento.
Igual que Perelló, opinan algunos médicos legistas que revisan a las víctimas de violación y si no tienen “fluidos” o “marcas de violencia” sencillamente determinan que no hubo violación.
Estas actitudes machistas, misóginas, carentes de toda empatía con las víctimas han generado un aumento exponencial de las violaciones. Diariamente en este país se denuncian 34 violaciones sexuales, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. De hecho, el primer diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México, anualmente se cometen 600 mil delitos sexuales.
Pero aquí viene el dato de los compañeros de Perelló, esos hombres que consideran que introducir dedos, palos, tubos, objetos duros en la vagina de una mujer sin su consentimiento, no es violación. Tal vez por eso, durante 2015 las procuradurías, ministerios públicos y fiscalías iniciaron solo 12 mil 156 averiguaciones previas por “violación” y 2 mil 202 por delitos sexuales, muy lejos de las 600 mil delitos sexuales denunciados cada año.
Los criterios de Perelló en torno a la violación sexual son más comunes de lo que creemos. Tal vez por esos criterios 91 por ciento de los delitos sexuales en México no se denuncian, mucho menos el delito de acoso sexual en el trabajo. Según la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública de 2015, solo 84 mil 404 personas de un total de 979 mil 496 que sufrieron abusos sexuales, hostigamiento, estupro, violación o acoso sexual, se animaron a levantar una averiguación previa ante los ministerios públicos, algunos de ellos, muy de acuerdo con los terribles conceptos que maneja Perelló.
Dichos conceptos lastiman la dignidad humana pero nutren el tejido social de manera perniciosa, convirtiendo a México en el país número uno mundial en abuso sexual contra menores, según el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (Ceameg) de la Cámara de Diputados, que contabilizó que de los 4.5 millones de niños y niñas entre 4 y 16 años, que sufren abuso sexual en México, solo 2 por ciento lo denuncian en el momento.
Y peor aún: la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas (Adivac) señala en sus informes que cada nueve minutos una persona es víctima de abuso sexual, una cifra que tan solo en la Ciudad de México representa 60 mil víctimas al año.
Las cifras son escandalosas como las palabras de Perelló. Y la ONU Mujeres en México ha alertado por el nivel de impunidad de los delitos sexuales contra las mujeres porque la impartición de justicia, es decir, los hombres que imparten esa justicia necesitan cambiar, particularmente en sus conceptos medievales sobre el abuso sexual.
México se ha convertido en uno de los 25 países más peligrosos para las mujeres. La vida de las mujeres en este país tiene muy poco valor. Allí están las cifras de los feminicidios: 2 mil 555 en 2015 y cuyos agresores y asesinos habían sido denunciados antes e incluso muchos de ellos tenían medidas restrictivas para no acercarse a la mujer. Pero la impunidad les permitió consumar el crimen y por eso en México son asesinadas diariamente seis mujeres.
Los conceptos de Perelló sobre la violencia contra las mujeres están extendidos entre la población masculina de este país. Prueba de ello, es que la tasa de feminicidios ha ido creciendo y se han quintuplicado las estadísticas, mientras el número de desaparecidas aumenta vertiginosamente.
Y la violencia contra las mujeres seguirá aumentando si seguimos permitiendo que estos machos como Perelló sigan empoderados. Recordemos lo que dijo más allá de eso que “si no hay verga, no hay violación”, porque dijo cosas peores como: “meter los dedos nos para armar un desmadre estrepitoso”.
Dijo que depende “quién y por dónde” le metieron los dedos y dijo que el agresor consideró que la chava estaba muy buena y era “metible”: “La violación implica necesariamente verga, si no hay verga, no hay violación, o sea, con palos de escoba, dedos y vibradores no hay violaciones”.
Y añadió: “Si sucede, sobretodo con las viejas cuero, incluso la violación no hay para que desgarrarse las vestiduras, si les gusta, no te hagas pendeja, hay mujeres que solo han sentido un orgasmo cuando son violadas… cuando no hay culpa. Cuando te violan tú no tienes ninguna responsabilidad porque te violaron, entonces gozas…”
No hay que escandalizarse por las palabras de Perelló, el tipo es un cretino, hay que escandalizarse porque son más los que piensan como él… las cifras lo demuestran. Y hasta que la masculinidad mal entendida no cambie, México seguirá teniendo uno de los primeros lugares en el mundo de violencia contra las mujeres y seguirá siendo tierra de feminicidios, desaparecidas y de abuso sexual.
Hoy nos toca a todos insistir el ABC de este asunto: palo, tubo, pene, objeto, dedos, vibrador… todo lo que se introduce en la vagina de una mujer, sin su consentimiento, es violación. Más claro, ni el agua.

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