Hace un mes exactamente me robaron cosas materiales y creí que justo a los 30 días de tan mala experiencia me iban a robar algo, por ejemplo, el mes de abril. Pero falló mi don de adivinadora, porque abril siguió bien guardadito en el cajón “donde guardo el corazón”, como canta mi querido Sabina.
A unos días de finalizar, abril aquí sigue, me dejó celebrar mi cumpleaños 56, festejar con la gente que amo, brindar por la vida, siempre maravillosa cuando te sabes bien querida, cuando te demuestran amor del bueno, desde el hijo hasta el hombre de tu vida, desde las amigas hasta mis grupos de estudiantes.
Me encanta que mis chamanes preferidos se inspiren en este mes y escriban sobre su magia, su felicidad, su alegría. Ahí estoy yo, adolescente, cantando a todo pulmón con Silvio Rodríguez:
“Mucho más, allá de mi ventana
mi esperanza jugaba a una flor, a un jardín como esperando abril”.
Cada día de este mes me gusta mirar hacia arriba para imaginar y agradecer, soñar y desear. Por eso, no es casualidad que mi querida Mon Laferte pueda cantar:
“Hay una luna creciente para mí
y para el loco cielito de abril
la noche me trae claridad y esta vida que se me va”.
Los poetas se inspiran y no les queda más que confesar, como hiciera el mismo Serrat, que efectivamente algo diferente, lindo, inolvidable pasa en este mes:
“Especialmente en abril la razón se indisciplina y como una serpentina se enmaraña por ahí. Van buscando los rincones, sofocadas, las parejas. Hacen planes y se dejan llevar por las emociones. Sin atender, imprudentes, el consejo de Neruda: ‘que las nieves son más crudas en abril, especialmente’”.
Me gusta buscar canciones que tengan como pretexto este mes y me conmueven, encuentro desde melancolía hasta amoroso suspiro, tantos anhelos, gozo y dolor, la emoción al extremo, la sensibilidad latente, así lo demuestra Alberto Plaza:
“Qué será que no llegas,
suelta al fin las amarras y ven hasta aquí, deja de ser poema, y transfórmate en carne semilla y cantín, corre, salta, despega, dale cura a este amor que no sabe morir, no me niegues la risa, tócame con las alas milagro de abril”.
Y en ese milagro de abril, aquí sigo, a veces robando días, otras veces eternizando noche, pero aquí sigo, en abril y mis 56 años, brindando por la vida.

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