Entre las publicaciones más recientes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) elegimos el libro Perspectiva histórica del arte II, en el que participan investigadores del Instituto de Artes (IA). Ese proyecto editorial contiene 10 capítulos organizados en tres apartados, que incluyen los trabajos de los académicos Enriqueta M Olguín, Gabriel Márquez Ramírez y Arturo Vergara Hernández, quienes abordan temas ubicados en el siglo XVI durante el proceso de evangelización. Por su parte, Jesús Márquez Carrillo, Lidia Martín Brito y Carmen Lorenzo Monterrubio abonan asuntos de evangelización del siglo XIX y, finalmente, Juan Carlos Franco y María Esther Pacheco Medina describen los detonantes en el siglo XXI. El texto es acompañado por los escritos de Susana Carbajal Vaca y Miki Yokoigawa.

La coordinadora del texto Esther Pacheco expresa que el libro está lejos de agotar los resultados de todas las investigaciones que han concluido o que siguen desarrollándose en el IA, sin embargo, la publicación tiene pertinencia y es de utilidad para quienes abordan el estudio del arte.

En el capítulo ocho, titulado “Cambio de paradigmas: nuevas imágenes de culto”, el lector encontrará el nombre del arquitecto José Damián Ortiz de Castro, quien realizó el proyecto para la reedificación de la iglesia de Tulancingo, la actual catedral, expresión neoclásica de cruz latina con nave y crucero. Ese dato llevó a la investigadora Esther Pacheco a hurgar en archivos y descubrir que ese personaje dirigió la construcción de la iglesia barroca de San Hipólito, en la Ciudad de México, y su antecedente se remonta al siglo XVI. Desde hace algunas décadas, ese santuario es uno de los más antiguos e importantes de la capital de los mexicanos, donde es venerado San Judas Tadeo.

Ese espacio, localizado en la calle Hidalgo, contiene un valor histórico, ya que en ese lugar perdieron la vida muchos de los conquistadores que abandonaban la ciudad después de la derrota que sufrieron durante la Noche Triste (30 de junio y primero de julio de 1520). Sus restos fueron recogidos por un soldado piadoso que sobrevivió a la derrota, quien con sus propias manos construyó una pequeña ermita a la que llamó De los Mártires, por considerar que habían muerto defendiendo su fe. Fray Agustín de Betancourt afirmó “que mal hacía en llamarse mártires a los que por codicia faltaron al valor”.

Tiempo después se construyó en ese lugar una primera iglesia que fue dedicada a San Hipólito, patrono que se designó para la Ciudad de México por celebrarse su fiesta el 13 de agosto, día en el que Tenochtitlán fue tomada por los conquistadores. Alfonso del Toro, en su obra La cantiga de las piedras, escribió que no puede precisarse la fecha de construcción de la iglesia de San Hipólito, sin embargo, sí consta en los libros del cabildo y en una real cédula fechada en 1547 que la iglesia había sido puesta bajo el patrocinio de San Hipólito. Posteriormente, el templo también se dedicó a San Casiano, por celebrarse su fiesta el mismo día.

San Hipólito fue un soldado romano del siglo III que custodiaba a los prisioneros cristianos, quienes lo convirtieron a su religión, lo que ocasionó su martirio y muerte. San Casiano fue un maestro de Imola que se negó a adorar a los dioses romanos, por lo que fue condenado a ser torturado hasta la muerte por sus alumnos en el siglo III o IV. El culto a San Hipólito mártir tuvo una gran difusión fuera de Italia a partir del siglo IV.

Respecto de San Judas Tadeo, se sabe que a partir del siglo XIII, cuando los dominicos empezaron a evangelizar en Armenia, existía ya una devoción a ese santo por parte de la Iglesia católica y ortodoxa. En el siglo XIV, Santa Brígida de Suecia manifestó que debían pedirse gracias con la intervención de San Judas Tadeo. Ese santo es patrono de la iglesia de Armenia y había permanecido en un segundo plano debido a que siempre tenía que aclararse que se trataba de un Judas distinto del que traicionó a Jesús. Se estima que Tadeo nació alrededor del año uno en Galilea; su fiesta se celebra el 28 de octubre. A ese santo se le representa actualmente con un medallón sobre el pecho, el cual es atributo de otro santo, Tadeo de Edesa, quien llevó al rey Abgaro V una imagen de Jesús en un medallón y que sirvió para sanarlo.

La iglesia barroca que conocemos hoy como San Hipólito es también muy singular, pues a pesar de haberse ordenado su reconstrucción desde finales del siglo XVI debido a su deterioro, el templo no fue inaugurado hasta 1777. Una de sus peculiaridades es que una de sus torres campanario está girada 45 grados con respecto a su fachada. También se aprecian los juegos de luces y sombras tan propios del estilo barroco.

Además, en ese lugar fue construido un blasón que conmemora la caída de Tenochtitlán. Hasta ese punto llegaba la comitiva del famoso Paseo del Pendón, que consistía en llevar el estandarte con el cual entró triunfante Hernán Cortés a la Ciudad de México el 13 de agosto de 1521, desde las Casas del Cabildo. Ese monumento fue realizado por el insigne arquitecto José Damián Ortiz de Castro.

Esther Pacheco describe el Paseo del Pendón para celebrar la caída de la antigua Tenochtitlán y la fundación de la nueva Ciudad de México. Se tiene registro de que en 1528 las autoridades de la ciudad empezaron a conmemorar la toma de esta con una fiesta; en ella participaban el virrey, los tribunales y la nobleza a caballo, y consistía en llevar el estandarte con el cual Cortés entró a la Ciudad de México desde las Casas del Cabildo hasta la iglesia de San Hipólito. La fiesta consistía en una solemne misa, espectáculos, juegos con toros y escaramuzas; los personajes lucían sus mejores galas; se adornaban las calles y balcones. Esa ceremonia perdió relevancia años antes de la guerra de Independencia; en 1808 se celebró por última ocasión. Sin duda, esa información será útil para usted y para la comunidad interesada en descubrir la historia del arte de México.

El libro puede consultarse en las bibliotecas de la UAEH. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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