En las sociedades prehispánicas ser anciano era sinónimo de sabiduría y respeto, los ancianos se consideraban transmisores de la cultura y de las profecías de su pueblo; sin embargo, las sociedades actuales olvidaron esos preceptos. El envejecimiento de la población es un fenómeno mundial que impacta en diferentes entornos biológicos y sociales. Este proceso lento, continuo e irreversible atañe a todos los seres humanos sin discriminación de raza, sexo o religión, es muy evidente en países desarrollados donde las sociedades primermundistas optan por una vida cada vez más solitaria y donde la tasa de natalidad disminuyó drásticamente, es por ello que países como Hong Kong, Japón y Suiza tienen la mayor esperanza de vida en el mundo con edades promedio de 84, 83 y 82 años respectivamente.
Por el contrario, en los países subdesarrollados, donde la tasa de natalidad es mayor y la esperanza de vida menor, el envejecimiento de la población es un proceso más lento, por lo que la proporción de adultos mayores es menor que en países europeos.
En México la población ha envejecido gradualmente, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe Cepal; para 2050, en la República mexicana uno de cada cuatro individuos tendrá más de 60 años. Ese crecimiento en el número de adultos mayores ha generado que se modifique la forma de la pirámide poblacional, donde el vértice que simboliza la población geriátrica cada vez es más grande, conformando lo que se conoce como pirámide inversa.
Actualmente el mexicano promedio vive 75.2 años, esta esperanza de vida es mayor en mujeres (78 años) que en hombres (73 años) y su distribución varia también en las diferentes regiones de país, por ejemplo, un habitante de Chiapas vive actualmente 73 años, mientras que un regiomontano vive en promedio 76.9 años, considerando esto, es de suponerse que hay factores biológicos, sociales y económicos que impactan en la esperanza de vida en nuestro país. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi), para 2020 se vivirá en promedio 78 años y la esperanza de vida para 2030 será de 80 años, por lo que el mexicano promedio llegará al periodo de la cuarta edad, el cuestionamiento es la condición de funcionalidad en que el anciano llegue.
Son diversos los factores donde impacta el tener una sociedad más envejecida, sin duda alguna el gobierno enfrenta problemas importantes para mantener los fondos de pensiones y jubilaciones de los adultos mayores derechohabientes y, por ende, de los nuevos jubilados que están en lista de espera, lo que es un hecho es que seguramente habrá cambios importantes en los regímenes de estas prestaciones para el futuro. Por otro lado, los adultos mayores que no gozan de esas prestaciones dependen de manera importante del apoyo económico que les brinda su familia o de otros ingresos generados a través de un patrimonio hecho a lo largo de su vida. En ese sentido es preocupante la necesidad que tenemos sobre una educación financiera que nos permita ahorrar para cubrir las necesidades que tengamos cuando lleguemos al periodo de vejez y pensar ya sea en ahorrar a través de aporte voluntario a las Afores, de manera independiente invirtiendo en un patrimonio que nos genere dividendos a futuro o simplemente ahorrando una pequeña parte de nuestro ingreso.
Un tema importante a considerar es sin duda el acceso que tenemos los mexicanos a los servicios de salud, es de todos conocido que los hospitales y clínicas del sector salud están cada vez más saturados de pacientes que demandan servicios médicos y son muy pocos los adultos mayores que gozan de un seguro de gastos médicos mayores. Según datos de la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef), actualmente solo 8.8 por ciento de los mexicanos cuenta con seguro de gastos médicos mayores, y de ellos solo un pequeño porcentaje son adultos mayores. Aunado a ello, sabemos de antemano que las personas adultas mayores presentan una variedad importante de enfermedades crónico degenerativas que demandan una atención recurrente de los servicios de salud, lo que resulta en un gasto importante de las instituciones sanitarias en sus tratamientos, o bien, del bolsillo del propio paciente cuando se atiende a nivel privado.
Considerando todo ello, es importante poner la mirada en esta transición sociodemográfica que conlleva a un envejecimiento de la sociedad y que sin duda impacta en todos los ámbitos, tanto en lo que se refiere a los gobiernos en sus diferentes niveles, como en las familias. Es necesario atenderlo a través de programas que fortalezcan los estilos de vida saludable y prepararnos para visualizarnos en un futuro como una sociedad longeva con características muy diferentes a las que presenta nuestra población actual.

Comentarios