Atrás, muy lejos, quedaron los multitudinarios eventos priistas, donde matraqueros al por mayor ponían el ambiente en aquellas tardes populacheras en la sede estatal del PRI. Las bandas de viento callaron y el festín se extinguió. Las tribus del Partido Revolucionario Institucional (PRI) siguen turbadas desde la catastrófica derrota electoral de hace un año. No logran reagruparse y difícilmente lo conseguirán, pues la unidad que fue su bandera por años, hoy está sepultada. El tricolor no termina de caer en el tobogán de su desgracia. Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano Austria serán, con toda seguridad, los nuevos soberanos en el añoso edificio de Insurgentes Norte. La legitimidad con la que la fórmula se instale en el comité ejecutivo nacional después de la elección del 11 de agosto será equivalente a la que actualmente ostenta su partido. Nula. El PRI está quebrado desde sus bases. Ayer, en un acto proselitista por demás desangelado, el gobernador con licencia de Campeche y la oriunda de Tepehuacán, Hidalgo, lanzaron un mensaje para recuperar al partido de viejas prácticas que lo han llevado a perder varias elecciones. ¿Alguien les cree?
Quizá sí, la escasa militancia que lograron reunir ayer en el edificio de bulevar Colosio 2013. Solo ellos. Era domingo, día inhábil y ni siquiera el clima benévolo allegó a los grandes liderazgos hidalguenses a la sede tricolor. Es evidente el divorcio masivo. So pretexto de la visita presidencial de ayer a Huejutla, ni los secretarios de gabinete se apersonaron en lo que algunos denominan su casa. Por las sombras del otrora templo de la democracia, apenas se alcanzaron a ver a exfuncionarios como Fernando Moctezuma Pereda. Carolina Viggiano, mujer de fuerte abolengo y peso político en las mejores épocas del priismo en la entidad, se vio sola frente a su gente. La respuesta de la militancia apenas les alcanzó para medio llenar el estacionamiento del edificio. Así camina la incipiente reconstrucción del alicaído Partido Revolucionario Institucional, sin fuerza, sin arrastre popular, sin esperanza de su militancia, sin rumbo. Así avanza su próxima dirigencia. De filón. Ojalá que la promesa que vino hacer ayer el presidente a Huejutla no se convierta en otra tomada de pelo, como lo hizo Peña Nieto aquel 20 de mayo de 2012 con el estampado de una firma falsa.

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