En la década de 1980, los movimientos sociales en nuestro país cobraron mayor visibilidad y, desde entonces, han servido de contrapeso a la hegemonía partidista establecida, porque aglutinaron el respaldo de diversos grupos sociales y, se acepte o no, han incidido en los resultados electorales de las últimas cuatro elecciones.

La protesta social es una fuerza que exhibe las contradicciones del país, denuncia los esquemas de saqueo utilizados por los políticos corruptos y motiva el cambio en las formas de organización de la vida pública. Sin proponérselo, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue el movimiento que más ha contribuido con la construcción de la incipiente democracia del México contemporáneo.

Por ejemplo, el surgimiento público del EZLN en 1994 mostró al mundo que había dos Méxicos; el de la clase política-económica que se empeñaba en declarar la entrada del país a la modernidad capitalista, simbolizado en la firma del NAFTA, TLC, TLCAN (ahora T-MEC). Sin embargo, ese grupo declaró al mismo tiempo la guerra armada contra el Estado mexicano, reclamando justicia para el sector indígena y, poco a poco ganó las solidaridades de diversos sectores y las clases menos favorecidas de México, que se sintieron representados por ese movimiento de resistencia.

Durante 1994 al año 2000 hubo una serie de eventos encabezados por el EZLN, pero nunca se alineó a las democracias partidistas encabezadas por las izquierdas (principalmente del PRD), sin embargo, fue capaz de sacar del marasmo a la sociedad mexicana para dar cuenta de que los grandes problemas de corrupción y falta de democracia no solo afectaban a los indígenas, sino a todos los mexicanos. A pesar de la existencia de los vasos comunicantes entre el PRD y el EZLN, el segundo nunca aceptó la institucionalización de su movimiento y optó por no apoyar la democracia partidista.

El subcomandante Marcos durante muchos años estuvo trabajando en el fortalecimiento del proceso de autonomía de las comunidades indígenas, en un contexto donde otros actores partidistas capitalizaron la protesta y el hartazgo social, que sabían que el régimen hegemónico priista empezaba a desmoronarse con su derrota en el año 2000, cuando Vicente Fox desde el panismo arrebató la presidencia de la República.

Actualmente, la oleada morenista que arrasó en las elecciones pasadas parecen haber inmovilizado la protesta social y se genera la impresión de que las aspiraciones del México de abajo llegaron al límite con el ascenso de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia de la República.

Es claro que movimientos, como el de los zapatistas, han contribuido en la democratización del país, pero por desfortuna la construcción de un proyecto de país encabezado por una verdadera izquierda de avanzada aun no llega. A pesar de que la alternancia política que ofrece Morena rompe con las viejas formas de gobierno tradicionales (al menos en lo que se refiere al combate de la corrupción), todavía no se transita a una democracia participativa que involucre a la ciudadanía de manera genuina en la toma de decisiones.

Frente a esa coyuntura, los movimientos sociales deberán de recobrar su vigorosidad y asumir su papel histórico para cerrar el arribo de proyectos autoritarios y ultraconservadores. El gobierno en turno debe saber que los contrapesos son necesarios para fortalecer la democracia; criticar y generar balances de poder no significa ir en contra de un proyecto político, por el contrario, obliga a nuestros gobernantes a ser responsables en la tomas de decisiones. Cierto es que izquierdas, centros y derechas también se equivocan, en democracia nunca hay iluminados que por decreto puedan acabar con los problemas de los gobernados. A pesar de la legitimidad de la que goza el actual gobierno, también es importante recordarle que con base en mítines, barricadas y protestas de miles de mexicanos, él hoy goza del ejercicio del poder.

Disentir, criticar, responsabilizarse y proponer son las bases de la verdadera democracia, miles de mexicanos estamos de ese lado señor presidente: ni chairos ni fifís, solo somos mexicanos que aspiran a un mejor país.

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