Nuestra Revolución mexicana, tan fácil mencionarla pero ¿cuántos acontecimientos se dieron antes y después?, ¿cuántos individuos se involucraron y perdieron la vida en ella?, ¿cuántas personas fueron participantes activas en ella? Puede hacerse un sinfín de preguntas respecto a ello y no terminaríamos. Ese movimiento beligerante se dio por infinidad de motivos, todos ellos encaminados a un fin común que beneficiaría al país.

En el transcurrir de la historia en nuestro país encontramos muy variados y diversos enfrentamientos de ideales y entre ellos también los aguerridos o llevados a las armas. Se ha escrito que fueron hombres contra otros hombres de la misma nacionalidad, pero ¿eso será cierto?, pero a la vez, ¿qué pasaba con las mujeres al llevar a cabo esos movimientos?

La Revolución mexicana ha sido considerada como un proceso sociohistórico que dio pauta para dar paso a un nuevo orden político, social y económico que se fue gestando poco a poco dado que la sociedad estaba en desequilibrio social por la tiranía del que fuera un gran dictador, el que duró 30 años en el poder. Desafortunadamente, como ocurre con muchos otros hechos, los nombres de los hombres siempre surgen y hablan de ellos como los más importantes de todo ello, siempre a la cabeza de tales enfrentamientos como si hubieran sido los únicos defensores de todo lo relevante y de las mujeres, ¿qué se habla?
Hagamos memoria, ellas, el sexo femenino, siempre ha tenido valentía y fiereza para enfrentarse ante cualquier circunstancia y más aún, en defensa de todo aquel que sea un invasor, ofrendando su vida de ser necesario ante la adversidad que se le presenta y más aún en defensa de la patria.

Pese a que los nombres de las mujeres que han participado en actos y hechos belicosos siempre han estado opacados por la presencia masculina, es necesario hacer notoriedad, que, muchos de los logros en nombre del progreso (llámese ciencia, tecnología, arte, cultura, movimientos sociales, etcétera), es el resultado del esfuerzo de muchas mujeres que, hasta hoy, no son conocidas y mucho menos sus nombres.

“Las soldaderas”, nombre que se les adjudicó a las mujeres en ese movimiento social, fueron mujeres que luchaban en la retaguardia durante la Revolución mexicana y que también eran las acompañantes de sus hombres para asistirlos. “Sin las soldaderas no hay Revolución mexicana, ellas la mantuvieron viva y fecunda como la tierra; las enviaban por delante a recoger leña y a prender la lumbre para hacer la comida; la que alimentó a lo largo de los años. Sin las soldaderas los hombres llevados a la leva hubieran desertado”.

Afirma Elena Poniatowska en su ensayo “Las soldaderas” (Poniatowska, 1999).
Para algunas de esas mujeres no era suficiente, querían actuar de forma más activa; como el caso de Petra Herrera. La joven que deseaba ingresar en las filas de Pancho Villa, que en su afán de pertenecer a una se hizo pasar por hombre, adoptando el nombre de Pedro Herrera, alias el Echa balas. No se conoce fecha exacta de su nacimiento, se dice que nació en diciembre de 1983 en Guerrero, miembro de una familia de clase humilde, viviendo en condicione precarias como la mayoría del pueblo mexicano de aquella época (Cervantes, 2004).

A pesar de su indomable carácter, la única estrategia que se le ocurrió fue cortar su larga cabellera; comenzó a alterar su forma de caminar y el cambio de su voz, haciéndola parecer masculina a la vista de los desprevenidos soldados. Quizá uno de los hechos más memorables que hizo fue que decidió dejar de ser Petra para los demás y se presentó al mando de su pelotón como Pedro; un valiente joven que vivía de aventuras con ideales radicales y, sobre todo, entregado a los ideales revolucionarios (Reexistencias, 2016).

Ella tuvo que vivir en el campamento con el resto de la tropa, en el afán de imitar sus hábitos, simulando sobre todo que se rasuraba mientras todos dormían. Poco a poco fue ganándose el respeto, manteniéndose al frente en las batallas arriesgando su vida por salvar a los demás. Por sus grandes habilidades logró ascender de posición en cada una de las tropas a las que se unía, ganándose el renombre y respeto también en el campo de batalla; teniendo gran habilidad con el cuchillo, pistola y rifle ganando con eso el apodo de Pedro echa bala.

Teniendo ganado el respeto, decidió no seguir escondiendo su personalidad, quitándose una tarde el sombrero y gritando con todas sus fuerzas: “¡Soy mujer y voy a seguir sirviendo como soldada con mi verdadero nombre!”. En el momento de esa decisiva confesión, Petra Herrera estaba a punto de ser ascendida como como general: el general Pedro Herrera; tras esa escandalosa confesión, el general Francisco Villa se negó rotundamente a cederle el crédito militar que se merecía (Reexistencias, 2016).

Lejos de que Petra decayera, esa fue una razón más para demostrar su fortaleza y fuerza de mujer, que no se quedaría con los brazos cruzados. Así, tras separarse de las tropas de Villa, decidió formar una nueva tropa solo de mujeres que poco a poco ganó terreno, iniciando con aproximadamente 25 que decidieron unirse y terminó con más de 400 que entrenaba ella misma. Tiempo después, esas mujeres fueron disueltas y Petra terminó sus días ejerciendo de espía. No está claro cuándo ni dónde murió Petra Herrera.

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