La proposición del joven poeta de nombre impronunciable, no por esperada fue menos impactante para Piedad. Además, vino acompañada de una mirada tan intensa que la perturbó e impidió que reaccionara a tiempo y esquivara la caricia en su mano.

Los cuerpos de ambos se juntaron demasiado, la joven permanecía inmóvil, como una estatua, paralizada por la mirada y la caricia. Sin voluntad, estaba a merced de lo que el poeta quisiera hacer con ella.

En el último instante, la intención del joven fue frustrada por la llegada de don Rogelio, quien ajeno a todo lo que estaba sucediendo a su alrededor, en materia de emociones desbordadas, procedía a proclamar su triunfo en un asunto tan vano como la autoría de una cita en latín.

Sin embargo, sin que él lo supiera, su llegada había evitado un hecho cuyas repercusiones hubiesen sido trascendentales para su propia vida, y con ella la de toda la nación e incluso del continente.

El momento de fragilidad y entrega que había tenido Piedad, por un breve instante, había pasado, y ahora ella, recuperado su buen sentido, podía volver a ser la que fue siempre. Miró con profundo amor a su marido.

Su mirada no pasó desapercibida para el joven poeta, quien con un pretexto se retiró del lugar, y sin que sus anfitriones lo supieran, para no volver jamás. Frustrados sus deseos, por un destino que no le había sido propicio, no tenía ningún incentivo para frecuentar a sus amigos.

Se dio perfecta cuenta de que la joven nunca sería suya y que su amigo tenía demasiada suerte y, sobre todo, era demasiado poderoso para ser engañado. Una lástima, porque disfrutaba de la situación que había propiciado.

Desde aquel día ya no se volvió a ver a los tres alegres compañeros pasear por las calles y el parque cogidos del brazo, ni se les vio discutir apasionadamente en el Café Central, su lugar preferido para las tertulias literarias de las cinco de la tarde, que eran acompañadas de un suculento chocolate con churros o melindros con café con leche, según el día o el humor de los contertulios.

Al principio a todos les pareció extraña aquella abrupta separación, y no tardaron en aparecer habladurías de todo tipo que atribuían a diversas causas una ruptura tan evidente que a nadie engañaba.

De esta forma, los tres amigos de antaño entraron a formar parte de los chismes más burdos y canallas de los habitantes de aquella ciudad de provincia, quienes no tenían nada mejor que hacer que hablar de la vida de sus vecinos, más si estos eran tan notables y connotados en aquella sociedad pacata y maledicente.

Los protagonistas solo penaban, cada uno a su manera y en su rincón. Pensaban demasiado en el pasado inmediato y no hacían planes para el futuro, pero pronto esto cambiaría. La frágil situación política del país acabaría siendo el caldo de cultivo de una revolución, y esta los alcanzaría de lleno. La “bola”, como empezó a conocérsele, los arrastraría hasta los mares más profundos de su ser.

Comentarios