Piedras sagradas en el Valle del Mezquital

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ELSA ÁNGELES

Pachuca.- A lo largo de la historia de la humanidad, en todas las culturas del mundo las personas otorgan ciertos poderes a objetos, espacios, animales o fenómenos naturales para su protección, cura de males, para tener mejores cosechas o alcanzar bienes materiales.

En el caso de la cultura hñähñu, en el Valle del Mezquital, esas cosas veneradas son piedras de diversos tamaños y formas a quienes miran bajo formas humanas, es decir, antropomorfizadas, así como zoomorfizadas y les otorgan propiedades de la visión, de la palabra y un centro energético que contiene una entidad anímica o un espíritu.

Son las piedras sagradas del Valle del Mezquital llamadas Cangandho, Ídulo o San Juan, términos que utilizan para designar diversos monolitos considerados santificados y emparentados entre sí, diseminados en un territorio muy vasto donde comparten elementos culturales sumamente significativos: un sistema mitológico común con variantes locales menores, rituales cíclicos, usos terapéuticos y propiciatorios, así como sistemas comunes de prácticas rituales y de medicina tradicional.

Para comprender su significado, el autor de la investigación, el antropólogo Luis Francisco Sánchez Fonseca, elaboró este cuadro con la información recabada junto con colaboradores del proyecto.

En el caso de Cangandho:

Hñähñu
K´angi, nk´angi
Dho
Cangandho

Español
Que está verde
Piedra
Piedra verde sagrada

Luis Francisco Sánchez Fonseca

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Tiene dos licenciaturas, una en comercio exterior y otra en antropología social; de esa última obtuvo el reconocimiento por Mérito Académico en 2016. Actualmente, es pasante de la maestría en ciencias sociales en la UAEH.

Ha participado en tres proyectos de investigación, el más reciente titulado “Arqueología del paisaje: La arqueoastronomía e iconografía de Xihuingo en la conciencia patrimonial e identitaria de la región de Tepeapulco”.

Es autor del artículo titulado “Cangandhos, Ídulos y San Juanes: Un estudio antropológico de la deificación de piedras sagradas en una comunidad otomí”, publicado por Edähi Boletín Científico de Ciencias Sociales y Humanidades; además, participó con un artículo para el libro Patrimonio cultural del estado de Hidalgo: Piedras sagradas para los otomíes en el Valle del Mezquital, lanzado también por la Autónoma de Hidalgo.

Es profesor por asignatura en el área académica de antropología e historia y docente de cátedra en el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, campus Hidalgo.

Elementos

El denominativo Ídulo hace referencia a una piedra divinizada, con una textura reflejante; algunas, las que se consideran niñas, cuentan con detalladas formas circulares y las rocas consideradas como niños cuentan con bordes y con una superficie accidentada, que sin embargo, siguen manteniendo ese brillo que parecen reflejar. Pueden ser de diversos colores como negras, azules, blancas, rojas, verdes, grises o cafés, entre otros.

El denominativo San Juan hace referencia a minerales con las mismas características antropomórficas y zoomórficas antes mencionadas y a las entidades sagradas de adultos, pero sobre todo de niños muertos sin bautismo que habitan en ellas, moran en los cerros y los ríos y atraen la lluvia. Se cree que los espíritus que viven en esas formaciones rocosas mantienen una relación estrecha con el santo católico llamado San Juan Bautista, ello debido a que la mayoría de esas almas murieron sin ser bautizadas.

Esos elementos sagrados son utilizados en la medicina tradicional y como figuras de veneración para favorecer tanto actos del bien como del mal, pero lo más importante es que son parte de la cosmovisión de la cultura hñähñu y por lo tanto patrimonio material e inmaterial que ha quedado relegado por los movimientos migratorios de la población y la globalización.

Catálogo fotográfico

La materialización del proyecto de Luis Francisco Sánchez Fonseca, ganador de un premio nacional del Pacmyc 2019, será un catálogo fotográfico con imágenes inéditas de distintas piedras consideradas sagradas por los otomíes y diseminadas en distintas partes del Valle del Mezquital, de las cuales hasta el momento no existe documentación o registros.

El material visual de dichas rocas “permitirá identificar y difundir este patrimonio de una cultura viva que, entre otros factores, permitirá comprender las costumbres y tradiciones, las prácticas y técnicas, las percepciones relativas a la naturaleza, la medicina tradicional, los rituales y las fiestas, los saberes, los conocimientos, como patrimonio intangible de las comunidades hñähñu en el Valle del Mezquital, entre muchos aspectos más, poco reconocidos”.

Al divulgar la tradición oral otomí-hñähñu a través de dicho compendio, así como textos descriptivos y etnográficos, el investigador pretende reforzar el sentimiento de pertenencia, identidad y origen; así como materializar la cosmovisión de esa cultura a través de fotografías inéditas, al fortalecer los lazos de comunicación intercomunitarios y generar condiciones para la reivindicación del pueblo otomí-hñähñu.

Premio Pacmyc 2019

Pero Luis Francisco Sánchez Fonseca, actualmente pasante de la maestría en ciencias sociales de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), cuando realizaba sus estudios de licenciatura en antropología social en la misma casa de estudios, se encontró con esa parte de la cultura otomí y decidió dedicar su trabajo de investigación caminando al lado de las familias que resguardan piedras sagradas.

Tras seis años de labor, con el objetivo de materializar dicho análisis etnográfico, decidió formar un colectivo junto con los señores Susana Hernández Guzmán y Luciano Hernández Hernández, vecinos del municipio de San Salvador y quienes poseen 31 rocas sagradas para participar en el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias (Pacmyc) con el proyecto titulado “Cangandhos, Ídulos y San Juanes: Piedras sagradas en el Valle del Mezquital”; que les valió el premio nacional 2019 para publicar un libro.

Para el investigador garza, esas formaciones consideradas sagradas y que no han sido intervenidas por nadie tienen la función social de ser objetos de transición entre dos mundos: el sagrado y el profano.

“En el Valle del Mezquital, el proceso histórico de reelaboración simbólica respecto a las creencias y prácticas rituales con dichas piedras, llamadas de distintas formas, constituye nuevas construcciones conceptuales religiosas con dinámicas propias e independientes que giran en torno a estas piedras divinizadas, y que en su interior condensan historia, tradición, salud, organización familiar y una visión del mundo”, puntualizó Luis Fonseca.

Programa de apoyo a las culturas

Con el objetivo de fomentar la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial de México, como es la cosmovisión de los pueblos originarios, las prácticas comunitarias, artes populares, culturas alimentarias, tecnologías tradicionales y pedagogías comunitarias, la Secretaría de Cultura federal, por medio de la dirección general de culturas populares, indígenas y urbanas, así como las dependencias, institutos, consejos y direcciones de cultura de las entidades federativas, crearon el Programa de apoyo a las culturas municipales y comunitarias, conocido como Pacmyc, desde hace 30 años.

El esquema consiste en brindar un apoyo económico para desarrollar una intervención o proyecto cultural y va dirigido a colectivos, mayordomías, cofradías, consejos de ancianos, creadores y especialistas indígenas, afrodescendientes, grupos vulnerables o comunidades pertenecientes a ámbitos rurales y urbanos que tienen interés en instrumentar una intervención o proyecto cultural. Para su operación son conjuntados recursos financieros federales y estatales.

Valle del Mezquital

El Valle del Mezquital es una de las regiones geográficas y culturales del estado de Hidalgo. Está delimitado por la Sierra gorda y la Sierra baja al norte y el Valle de México al sur, de manera natural también lo delimita los ríos Tula y San Juan.

Aunque por características geográficas y culturales, algunos expertos señalan que puede extenderse hasta la parte norte del Estado de México y una limitada zona del sureste de Querétaro.

El Mezquital lo integran 28 municipios, entre ellos Actopan, El Arenal, Atitalaquia, Atotonilco de Tula, Cardonal, Chapantongo, Chilcuautla, Francisco I Madero, Huichapan, Ixmiquilpan, Mixquiahuala, Nicolás Flores, Nopala, Santiago de Anaya, Tasquillo, Tecozautla, Tepeji, Tlahuelilpan, Tlaxcoapan y Tula.

El término mezquital, de origen náhuatl, significa “terreno poblado con mezquite”, aunque la región cuenta con una amplia gama de especies, principalmente cactáceas.

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