¡Caray! Cuando se pone uno a estar de criticón de las formas y fondos en el actuar de los gobernantes, por más que quiera uno tocar el fondo de las aberraciones por acción u omisión… ¡siempre se queda uno corto!

Resulta que unas semanas atrás escribí cosas no imaginadas que se dieron y se dan en los programas para la educación de los adultos. Y me faltó incluir la escandalosa ¡venta de certificados de primaria y secundaria! Imagínense cuánto daño le ocasionan a la sociedad en su conjunto al vender papeles que ¡acrediten lo que no es real! y que por ser intangible y de difícil medición, lo hacen un vil y ruin negocio.

Vender un certificado oficial de algo inexistente o no comprobable, ya sea en cuestión educativa, de salud o de capacitación, debe pasar a ser delito grave. Ahí se los dejo a los diputados que sí hayan estudiado, o sufrido para alcanzar alguna certificación.

También alguna o varias veces he cuestionado las corruptelas que se han venido dando en la Secretaría de Salud estatal (SSH), y que casi todo ciudadano hidalguense conoce y padece. Peeeero, me faltó incluir algo tan horroroso como el que durante dos años consecutivos no hayan comprado vacunas para los hidalguenses. ¡Sí, así como lo lee! Me dice un amigo médico de esa secretaría que cuando la licenciada, (no médico) Gerardina fue la secretaria de Salud. Aparte que se perdieron varios cheques por muchos millones de pesos, en la que una paisana Tepehuacanense tuvo mucho que ver, también, el primer año “se les olvidó” comprar la dotación de vacunas para sus gobernados y al siguiente año, sí las compraron, “¡pero se robaron el tráiler que las transportaba!”

¿Usted les cree?

Insisto. Han sido ya muchos años de mala suerte para esta sociedad tan buena, pero tan dejada. Ya no hay pretexto. Si la mayoría de estados de la República ya cambiaron a las lacras que los dominaban. ¿Nosotros cuándo?

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