Con motivo del periodo de asueto escolar y la oportunidad de redescubrir o descubrir nuevos espacios culturales localizados en territorio hidalguense, dedicamos las pasadas dos entregas dominicales a la lectura de los libros Conventos del estado de Hidalgo y Códices del estado de Hidalgo, editados por la máxima casa de estudios de la entidad. En esta ocasión comentaremos sobre pinturas rupestres ubicadas en 30 municipios de la entidad y de las que da cuenta la publicación Pintura rupestre del estado de Hidalgo.

Las manifestaciones rupestres son expresiones materiales de antiguos grupos humanos cuyo contenido puede estar vinculado a aspectos sociales, políticos o religiosos. Ese arte es un elemento arqueológico del que no es posible determinar con exactitud su antigüedad o su contexto cultural.

Existen dos tipos de imágenes rupestres: los petroglifos o petrograbados y las pinturas. Los primeros se significan por los símbolos o figuras que han sido grabados en la superficie de una roca; por su parte, las segundas son representaciones pintadas principalmente en las cuevas.

El libro publicado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) afirma que las expresiones rupestres son testimonios de la vida pasada, cuyos estudios permitirán descubrir los elementos que intervinieron en su creación; además, ese arte es una fuente de datos del pasado que es necesario conservar para descubrir información. La mayor parte de las pinturas localizadas en la entidad hidalguense está asociada a cuevas, ríos, arroyos y manantiales, por lo que se supone que la población asentada en esos lugares, sedentaria o nómada, tenía elementos que a primera vista le permitieron retratar lo que vivía y veía; sin embargo, falta averiguar sobre los autores y qué significan las expresiones.

Recordemos que los primeros habitantes eran grupos dedicados a la recolección y a la caza, que recorrieron lo que hoy conocemos como el Valle del Mezquital, la cuenca del río Tulancingo y la Sierra de las Navajas. Esos grupos primitivos buscaron el abrigo de cuevas, donde pintaron imágenes, algunas esquematizadas y otras con ciertos signos abstractos.

En México hay estudios de pintura rupestre en Baja California, Sonora, Nuevo León y el occidente, y existen escasos estudios que se refieran a Hidalgo, de ahí el interés por revalorar el arte rupestre local.

El libro que comentamos esta semana, en el que participaron profesores de la UAEH como Otilio Acevedo Sandoval, Alberto Morales Damián y Berenice Valencia Pulido, además del fotógrafo Alfonso Rodríguez Mortellaro, nos permitirá conocer los sitios donde hay pinturas rupestres, pues estas vacaciones brindan la oportunidad para adentrarse en el tema.

Huichapan es el municipio en el que reportan más sitios con ese arte; entre otras, mencionan las localidades El Boyé, El Cajón, Xindhó, Viteje uno y dos, La Laja, Dothi, Maxtha, Sabina Grande, El Tendido, El Salto, Sabinita uno, dos y tres, San José Atlán, Zequeteje y San Sebastián; en esos sitios encontrará señalética y probablemente localice a un guía que lo conducirá por el lugar.

Por el número de sitios con pintura rupestre le siguen los municipios de Tecozautla con Banzha uno y dos, San Miguel Caltepantla, Minthi y El Salto; Alfajayucan con San Antonio Tezoquipan, San Francisco Sacachichilco y El Zapote; y en Metztitlán se encuentran San Juan Metztitlán, Jilotla y Tochintla.

En la mayoría de los sitios tendrá a la vista trazos sintéticos de animales tales como venados, caracoles, aves, ornamentos, grecas, figuras humanas, el Universo, símbolos y figuras en repetición.

Otros sitios, pero con menor número de pinturas rupestres registradas son Las Juntas e Iztacoyotla, en el municipio de Juárez Hidalgo; San Agustín Metzquititlán con la Cueva de la Malinche y El Durazno; y Tepeapulco con El Tecolote y San Miguel.

Existen casos donde hay una asociación entre pinturas y zonas arqueológicas, como Huapalcalco, en Tulancingo, y El Tecolote, en Tepeapulco. En el primer sitio existe un dibujo que recuerda a la Luna en cuarto menguante y se distingue un disco con rayos y un círculo de línea roja.

Las pinturas rupestres son expresiones de la experiencia humana y constituyen tesoros inagotables de la imaginación de los primeros pobladores que habitaron en el actual territorio hidalguense. Difundirlas es una forma de conservar el patrimonio cultural, pero también es un reconocimiento a los artistas que formaron historia al pintar sobre piedra.

En otros municipios hidalguenses donde la pintura rupestre también se manifiesta son Actopan (ejido Calabazas), Ajacuba (Ajacuba), Atotonilco de Tula (San José Acoculco), El Cardonal (Santuario), Cuautepec (Hueyapan), El Arenal (El Arenal), Epazoyucan (San Juan Tizahuapan), Ixmiquilpan (Capula), Metepec (Acocul), Progreso (Progreso), San Salvador (Teofani), Santiago de Anaya (El Águila), Santiago Tulantepec (Altepemila), Tepeji (El Salto), Tepetitlán (Sayula), Tezontepec de Aldama (Panuaya), Tlahuelilpan (Tlaxcantitla), Xochicoatlán (Xochicoatlán), Zacualtipán (Xochiquisalco) y Zimapán (Tolimán).

Sin duda hace falta mucho por conocer, mucho por difundir. El libro que hoy comentamos contiene 17 ejemplos de sitios con pintura rupestre localizados en ocho municipios; también hace falta mucho por conservar. La pintura rupestre está expuesta al deterioro por condiciones de humedad, por exposición a la luz solar, por movimientos telúricos y, por desgracia, por la acción depredadora del hombre. Pintura rupestre del estado de Hidalgo concluye con un llamado: ¡Asumamos la responsabilidad de protegerla!

Feliz inicio del semestre escolar julio- diciembre 2019. Ese libro solo puede consultarse en la biblioteca central de la UAEH en la Ciudad del Conocimiento, pues su edición está agotada.

El ejercicio de la autonomía universitaria se proyecta también en investigaciones en materia del patrimonio cultural que, por su pertinencia, son publicadas por la máxima casa de estudios de la entidad. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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