No recuerdo en dónde leí que pintar es una actividad simple y al mismo tiempo la más difícil. Estoy absolutamente de acuerdo, ya que hacer pintura en el contexto del arte actual es un reto. Las posibilidades que ofrecen los medios relativamente recientes como el arte instalación, el arte acción y el videoarte, entre otros, aunado a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y el Internet, hacen que la pintura no sea ya un medio privilegiado sobre los demás.

Las vanguardias artísticas de inicios del siglo XX, como el fauvismo, el cubismo y el constructivismo, dejaron claro que no es suficiente aprender a imitar fielmente la naturaleza con óleos y pinceles para hacer arte, es decir, que una pintura sea fiel al modelo que retrata no es garantía de que sea considerada una obra de arte. A pesar de ello, existen pintores que con virtuosismo técnico, naturalismo e inteligencia, son exitosos en el mundo del arte, como es el caso del pintor alemán Gerhard Richter y del artista mexicano Yishai Jusidman.

¿Cómo desarrollar una buena imagen utilizando una de las disciplinas más antiguas del arte? ¿Cómo comprender, asimilar y abordar toda la historia de la pintura y del arte desde la práctica artística? No existe una respuesta sencilla a esas preguntas ni una fórmula invariable, por ello se disfruta cuando una artista aborda ese y otro tipo de preguntas directamente desde su obra. Tal es el caso de Adriana Varejão, quien presentó la exposición Otros cuerpos detrás en el Museo Tamayo en la Ciudad de México en los últimos meses de 2019 y hasta el 5 de enero de 2020.

La obra de Varejão es, entre otras cosas, un modo peculiar de pintura histórica que describe el periodo de colonización de Brasil durante los siglos XVII a XIX desde la visión de los colonizados. Haciendo uso de buena técnica y del conocimiento de las prácticas artísticas del arte contemporáneo hace obras metafóricas que en algunos casos van más allá de la bidimensionalidad de la pintura, adquiriendo cualidades escultóricas.

Varias de sus obras imitan paredes hechas de mosaicos portugueses (las cuales simbolizan la colonización de Brasil), a las cuales se les hubiesen practicado varios cortes al estilo del pintor Lucio Fontana. A través de esos cortes o heridas se observan vísceras y carne de las víctimas que se desbordan, viniendo de atrás de los mosaicos: una cultura sobre otra cultura. Esas piezas son de gran realismo y provocan asombro en el espectador al darse cuenta de que toda la superficie de esos objetos está pintada a mano.

Otras obras toman el tema de castas y el color de piel. Con el proyecto Polvo, Adriana Varejão se inserta en la historia de los llamados pintores de la carne como Rubens, Rembrandt, Soutine y Bacon. Después de coleccionar tubos de óleo color piel en varios países, se dio cuenta que todos aludían a la piel blanca, pues todos eran variantes de tonos rosáceos. En el proyecto Polvo hace estudios y composiciones de varios tipos de piel que existen en Brasil, pasando desde tonos muy oscuros hasta tonos claros y de composiciones abstractas a composiciones figurativas y naturalistas.

El año 2020 apenas inicia y se presentan exposiciones de muy buena calidad en la Ciudad de México, además de la visita obligada a la exposición de James Turrel en el museo Jumex, yo le invito a asistir a la muestra de Manuel Felguerez en el Museo de Arte Universitario (Muac) y a la exposición Arte/sano 6.0 en el Museo de Arte Popular. En esa última bienal, se presentan obras o proyectos colaborativos elaborados por equipos integrados por un artesano y un artista. Representando a Hidalgo, participamos Mario Jahuey y un servidor. En mi siguiente participación le comentaré sobre esa interesante bienal.

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