“No hay que irse a los extremos: ni machismo, ni feminismo”
“El feminismo es como el machismo, pero al revés”
“No quiero machismo ni feminismo, mejor igualdad”

En nuestra vida cotidiana es frecuente escuchar esas frases.
La experiencia que tenemos a partir de los talleres de sexualidad y género que realizamos en el grupo de investigación Emociones psicosociales, nos muestra que tanto hombres como mujeres, adultos, jóvenes o adolescentes, reproducen esas opiniones.
Pero, ¿qué prejuicios y creencias las sostienen? ¿Desde qué desconocimiento se afirman? ¿Qué repercusiones sociales y políticas tiene en nuestra vida cotidiana sostener esas ideas?
Para poder contestar esas preguntas es necesario que hagamos algunas puntualizaciones.

Qué es el feminismo

De manera sintética podemos decir que el feminismo es:
Un movimiento de lucha social. Que nace como respuesta-resistencia a un conjunto de procesos sociopolíticos caracterizados por la existencia de violación de derechos y relaciones desiguales e injustas entre hombres y mujeres, legitimadas a partir de instituciones patriarcales. El feminismo como movimiento social es sociohistórico, internacional, constante/permanente, organizado y propositivo.
Una propuesta teórico-académica, que incursiona en el ámbito científico, atravesando todas las disciplinas, proponiendo formas diferentes de pensar y comprender el mundo. Se preocupa por develar las formas de relación desiguales desde planteamientos teórico-metodológicos y conceptuales que pretenden deconstruir, desde el conocimiento, nuestras prácticas cotidianas basadas en las desigualdades.
Una postura sociopolítica. Que integra diversas propuestas sociales, económicas, culturales y políticas para una vida digna de mujeres y hombres; inclusive, sus planteamientos han repercutido y favorecido a la lucha de los movimientos de la diversidad sexual.
Un estilo y actitud de vida. Es una práctica social. Es mantener una mirada crítica constante en las relaciones de poder establecidas con otras personas a partir de las desigualdades, para poder transformarlas en el aquí y ahora de nuestra vida cotidiana.
Por lo tanto estaríamos hablando que existen diversos feminismos, cada uno responde a su propuesta política, al lugar geopolítico desde el cual se plantea y la idea de proceso y estrategias de lucha para alcanzar su propuesta; de esa forma y solo por mencionar algunos podemos identificar a los feminismos de la diferencia, los de la igualdad, los feminismo radicales, feminismos anárquicos, feminismos negros, feminismos de frontera, feminismos indígenas, feminismos decoloniales, feminismos institucionales, feminismos occidentales, entre muchos otros.
En nuestra vida cotidiana podemos ver y a la vez disfrutar, tanto hombres como mujeres, de los logros alcanzados por los diversos feminismos a lo largo de la historia y, dicho está de paso, sería importante considerar también que para alcanzar esos logros murieron muchas mujeres y varios hombres en el camino.
Actualmente las mujeres podemos votar y ser elegidas políticamente hablando, tenemos acceso a un lugar en las universidades, tenemos derecho a estudiar, podemos movernos en la calle sin que nos molesten (esto aún no lo logramos al 100 por ciento), podemos denunciar violación dentro del matrimonio, tenemos derecho a tener propiedades (casa, tierra, auto, entre otros), tenemos derecho a trabajar, a expresar nuestras ideas libremente, a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, entre muchos otros logros. Claro, podemos decir que aún en esos ámbitos, aún con el reconocimiento de estos nuestros derechos, falta por hacer mucho, inclusive, falta por lograr llevarlos a la práctica y hacerlos valer no solo para algunas mujeres situadas en lugares privilegiados sociocultural y económicamente hablando, sino que sea realidad para todas y todos. Sin embargo, son claro ejemplo de las luchas feministas que, de otra forma si no estuvieran presentes, no pudiéramos dar testimonio.

Qué es el machismo

El machismo es una actitud y, en algunos casos, una forma de vida basada en las relaciones desiguales entre personas, basada en relaciones injustas y de ejercicio de poder, alimentado por una visión de superioridad de una persona sobre otra y fortalecida desde condiciones y privilegios de unos sobre otros. Actitudes (compuestas por emociones, sentimientos, creencias, pensamientos y comportamientos) que atraviesan nuestras vidas cotidianas, a cada momento, en cada espacio y que generan relaciones violentas de todo tipo (psicológico, físico, social, estructural, por mencionar algunas).

Por qué no podemos decir
feminismo vs machismo

Nos imaginamos, entonces, que queda claro para la persona lectora por qué no podemos contraponer el machismo al feminismo como lo afirman las frases presentadas. El hacerlo, denotaría entonces falta de entendimiento y conocimiento respecto a los conceptos y los procesos socioculturales diferenciados que engloban.
Feminismo y machismo no son extremos de un continuo social, no son contrapuestos, ni siquiera estarían en un mismo campo semántico, son prácticas sociales diferenciadas con intencionalidades discursivas también diferentes.
El machismo y sus formas de expresión coloca a las personas en lugares vulnerables ante la violencia. Es una práctica social que produce y reproduce las desigualdades, hace permanecer jerarquías basadas en supuestas superioridades y creencias dogmáticas que se reproducen socialmente y merman el pleno desarrollo de los sujetos.
El feminismo es propositivo, su importancia es, ha sido y será trascendental en la lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y su papel activo en la mejora en las condiciones de vida de hombres y mujeres. Parte de su propuesta se basa en el logro de una vida digna, igualitaria, basada en el reconocimiento de los derechos humanos y en la creación de las condiciones sociopolíticas y económicas para el pleno desarrollo humano. Su lucha irrumpe, critica, resiste, confronta, dialoga, deconstruye para construir otras formas posibles de ser sujetos en plenitud.

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