Un plan a seguir, no solo un sueño

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TESTIMONIO

JESSICA CARREÓN HERNÁNDEZ
Pachuca

Al inicio de mis años universitarios, el “sueño” de un intercambio siempre se quedó vivo en mi mente. Escuchaba historias sobre ello e incluso me imaginaba en los zapatos de dichos viajeros, aunque parecía algo distante y un poco delirante. Tenía toda la motivación en mis primeros semestres de viajar por el mundo y conocer culturas diferentes; sin embargo, al paso de los semestres, los exámenes parciales, el sinfín de proyectos escolares y encima de todo mi empleo, cambiaron mis metas, lograr un intercambio internacional se tornaba cada vez más difícil, se veía más lejano e incluso me aconsejaban ya “bajarme de mi nube”.
Fue un día que me encontraba haciendo prácticas profesionales en un estado del sur, alejada de la presión cotidiana y el estrés de la ciudad, que la inspiración llegó a mí como serendipia, gracias en gran parte a una muy buena amiga mía quien inspiró un plan. Un plan que entonces parecía sencillo: gestionar documentos y buscar universidades, para así dejar de soñar y hacer algo sobre mis metas iniciales: irme un semestre a un continente distinto.
Cabe mencionar que pronunciar la palabra intercambio era en sí un paso hacia un bien mejor, tomar la decisión de cambiar de ciudad, de comida, de personas, de salir de una zona de confort, toma un enorme valor, aunque al inicio no entendía la magnitud de la situación. Escribo esto con la mayor sinceridad del mundo, una vez fuera de México me preguntaba una y otra vez qué estaba haciendo tan lejos, por qué no había aprendido algo de polaco, ¡por qué todo parecía tan fácil y no lo era! Al paso de los meses, mientras me adaptaba, comprendí y vi un panorama increíblemente diferente del otro lado del charco, me sumergí en una cultura ajena a la mía para así aprender de la manera más drástica lo que conlleva un intercambio profesional, la responsabilidad de ser digna embajadora no solo de mi casa de estudios, sino de mi país.

Cracovia, Polonia:
Una ciudad colonial, llena de magia e historia

Cracovia, en el área llamada Voivodato de la pequeña Polonia, es una ciudad situada al sur del país. Qué puedo decir, es sin lugar a dudas ¡una de las ciudades más hermosas de Europa! Quiero ilustrar la belleza de esta ciudad a través de un breve recorrido: empezando desde la calle Florianska, donde todos los días, incluso durante el invierno más frío en años (menos 24 grados Celcius) yo caminé sus calles empedradas escuchando a músicos tocar melodías típicas de la cultura polaca, mientras comía pierogi de una pequeña caja observando personas vestidas con coloridas vestimentas, mezcladas entre turistas y estudiantes; apenas unos rayos del Sol se asomaban para volver los colores de los antiguos edificios en un ambiente colonial pero moderno a la vez. Florianska lleva a Rynek Glowny, el corazón de la ciudad, donde imponentemente la basílica de Santa María está situada (con un estilo gótico por dentro y donde cada hora, sin falta, por los últimos 100 años, una persona desconocida toca la campana); rodeada de restaurantes para todos los gustos y majestuosos carruajes que ofrecen un recorrido por la ciudad a un costo relativamente bajo (15 zloty polaco por 15 minutos). Justo en medio está la plaza del Mercado de Cracovia: un corredor lleno de artesanías hechas a mano, el cual al final lleva a la calle Grodzka y un recorrido de 10 minutos encamina al Castillo Wawel, la residencia de la realeza polaca y un símbolo de orgullo para todos los nacionales.
Siendo yo una de las pocas mexicanas en la ciudad, decidí compartir con mis amigos mi cultura, mientras yo aprendía todos los días algo nuevo sobre la de ellos y sus estilos de vida, aprendí algunas palabras en distintos idiomas y sobre todo adquirí un crecimiento personal y un conocimiento amplio sobre mis planes a largo plazo. Estoy segura ahora del compromiso que adquirí y debo de compartir mis vivencias y animar a cuantas personas pueda para que vayan de movilidad, para que no solo sueñen sino que realicen y cumplan sus metas, ya que es una experiencia que a mí me ha cambiado extremadamente; opino que te hace ver aún más allá y reconsiderar creencias y hábitos profundamente arraigados.
Hoy, de regreso en mi bello país, recordando mi estancia en Polonia, puedo afirmar lo satisfecha, feliz y sobre todo agradecida que estoy con la oportunidad que tuve en las manos y que decidí tomar, así como el apoyo incondicional de mis padres y hermanos, y el seguimiento de la UAEH. Mi mente y corazón están divididos entre dos naciones totalmente diferentes pero unidas a la vez, por haberme dado a las increíbles personas que he conocido, los maravillosos lugares que he pisado y las culturas en las que he vivido. Finalmente, la vida son las decisiones grandes y pequeñas que tomamos, las oportunidades que aceptamos o dejamos ir y lo que vemos no solo es “ver”, sino lo que somos.

Pronunciar la palabra intercambio era en sí un paso hacia un bien mejor, tomar la decisión de cambiar de ciudad, de comida, de personas, de salir de una zona de confort, toma un enorme valor, aunque al inicio no entendía la magnitud de la situación”

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