El impacto del balompié como transmisor cultural y moral de la humanidad lo obliga a actuar de manera responsable y solidaria con la coyuntura mundial: desde el respaldo al movimiento “Las vidas negras importan” de Estados Unidos hasta los estímulos económicos para hacer frente al Covid-19. En ese tenor, el impulso al futbol femenino convoca a la federación a mantenerse a la altura de las luchas por la equidad de género que han marcado la agenda actual.

Hace unos días, la organización con sede en Zúrich anunció el relanzamiento de su Estrategia de Futbol Femenino, un documento que contempla un análisis exhaustivo del contexto en el que se desarrolla el balompié de mujeres y, más importante aún, hacia dónde debe ir. La propia asociación considera el inédito Mundial de Futbol Femenino de China 1991 como punto de inflexión, lo que da una pista de 30 años de acciones en torno a la mujer y la pelota.

En ese sentido, el documento plantea tres objetivos clave. Primero, aumentar la participación de las mujeres en el juego, tanto en su práctica como en la toma de decisiones; segundo, potenciar el valor comercial a través de más y mejores torneos locales e internacionales, y tercero, sentar las bases para atender las necesidades del futbol femenino como actividad y como institución.

Para lograrlo, la FIFA ha propuesto objetivos ambiciosos a corto y mediano plazo. Se pretende que, para 2026, 60 millones de mujeres practiquen futbol amateur y profesional. De igual manera, todas las federaciones deberán contar con un plan integral de futbol femenil en un plazo de dos años.

Eso último supone un reto especial para cada país miembro, pues implica garantizar la paridad de condiciones laborales, deportivas, mediáticas y de infraestructura, uno de los ejes más denunciados por las jugadoras a nivel mundial.

Afortunadamente, los casos resolutivos comienzan a manifestarse. Justo antes de la presentación de la estrategia de la FIFA, la Confederación Brasileña de Futbol, así como la Federación Inglesa, anunciaron que los seleccionados varoniles y femeniles ganarían lo mismo tanto en tarifas por servicio como en premios, siguiendo los pasos de las federaciones de Nueva Zelanda y Australia.

Esos son solo algunos pasos en un arduo camino para saldar la deuda que el deporte –y la vida en sociedad– tiene con las mujeres. En palabras de la campeona del mundo Megan Rapinoe: “Se trata mucho más que del dinero; realmente se trata de invertir en el juego”.

Comentarios