México va a necesitar del concurso de lo mejor de sus talentos para poder sortear la catástrofe que nos heredará el peñato: con voluntad, amor por la tierra, imaginación y creatividad, cuidando de no causar un daño irreparable que termine por arrasar lo muy poco que ya nos queda. Tolucos y pachuquitas han robado a mansalva y entregado por pedazos al país.
Han querido manipular, obstruir la visión de los mexicanos con zarandajas que atentan incluso contra el orgullo. Por ejemplo: “el gobierno del cambio”, “las reformas estructurales”, “el salvador de México”, “el momento mexicano”, “el presupuesto cero”, que solo han resultado trampas para su propia ignorancia y destrucción.
Los próceres que padecemos apelan a indicadores truqueados que reflejan inexistentes movilidades favorables de niveles de vida extraterrestres, supuestas filantropías nacidas de la claque gubernamental, licencias a la libertad de expresión que han sido ganadas a base de riñón y coraje de los críticos independientes… quieren apelar a sentimentalismos patrioteros sin saber que caducaron desde antes del diazordacismo manipulador y salvajemente criminal, y hasta símbolos religiosos y mitos que tenían la capacidad de doblegar la memoria histórica para que los dejemos en paz mientras roban, asesinan y maltratan a la mayoría de la población.

Con spots intentan ocultar la ruina de las instituciones

Quieren que asumamos todo lo que nos inyectan desde la cúpula de miserables investidos para acrecentar cotidianamente nuestra desinformación y despolitización, pilares inmarcesibles sobre los que se erigen los monumentos a la corrupción, intolerancia y pobreza.
Al amparo del deleznable eslogan “lo que no se cuenta, cuenta mucho”, una campaña ignorante diseñada para cualquier compañía de toallas sanitarias –no para un Estado que requiere de credibilidad y confianza–, creen que pueden transformarnos en pasivos defensores del orden, en fans de una pandilla de bandidos execrables.
Están convencidos de que, por el solo hecho de existir en las pantallas mediáticas y en los mensajes radioeléctricos, las instituciones que han destruido no están sujetas al escrutinio público y se rigen por una especie de vulgar fatalismo determinista, y deben ser asumidas y obedecidas aunque no se ejerzan con decoro y dignidad mínimas.

Todo lo quieren solucionar con frases “lapidarias”

Los totalitarismos y despotismos de todo tipo han sido el principal obstáculo para que la gente no entienda, y menos reflexione, según ellos, sobre el significado y las verdaderas causas que originan sus mentalidades obtusas y obscenas. Todo lo quieren solucionar con frases “lapidarias” que no solo no dicen nada sino que encueran su pobre antropología.
La paciencia del mexicano está colmada de arengas extravagantes y convocatorias sin escrúpulos que son utilizadas como armas inútiles de destrucción masiva contra la memoria colectiva. Insultan la inteligencia y pretenden rebajar la moral pública… hasta el grado de intentar convertirla en una simple comparsa de vaciedades retóricas, expresiones ñoñas, consignas insulsas y agresiones impunes contra el derecho a la información, contra el ejercicio pleno de una cultura política sólida, fenómeno reciente, que ya ha enraizado a base de frentazos entre los mexicanos.

Los mensajes deben apoyarse en realidades tangibles

El sistema político, las cuestiones electorales, la corrupción administrativa, las votaciones de las Cámaras, los fallos de las judicaturas, los procederes gubernamentales, los entrambuliques de los aparatos financieros y de las bolsas de valores, las dentelladas a los presupuestos públicos, la participación de los medios en la arena política y social forman parte de la agenda cotidiana de los gobernados.
Solo entre los publirrelacionistas improvisados de Los Pinos piensan que esto es un tabú. Su corta preparación para diseñar imágenes funambulescas, aprendidas en campañas refresqueras de tiendas de conveniencia, les indica cómo deben manipular al petimetre investido y convencer al respetable que se actúa bajo la honra.
Nada más errado. Los costosísimos embates mediáticos que boletinan grandilocuentemente a través de faraónicas empresas publicitarias y de textoservidores agachados y lamesuelas se regresa, albarda sobre aparejo cada vez que las intentan, como bumerangs devastadores. Ignoran que los mensajes deben apoyarse en conductas e intenciones que no dejen lugar a perspicacias.

Atracomulco, el único refugio del desdichado investido

Y todavía aconsejan al desdichado investido que debe salir a escena más seguido, para insistir en su sonsonete trágico de obras jamás realizadas. No saben de la avalancha que se les avecina. La opinión pública no está para tafetanes. Más les valdría seguir esquilmando desde la sombra de lo oscurito. Los mexicanos ya les tienen preparada la recepción adecuada.
A menos que todo lo piensen hacer desde los templetes y las sufridas garnacheras aplaudidoras de Atracomulco, su único refugio de opinión pública posible, como es su puerca costumbre. Más allá de ese recinto ranchero no existe lugar alguno que vuelva a resistir los dislates, ignorancias, aberraciones y mentiras insultantes del llamado presidente.
Ya basta de seguir utilizando a los humildes habitantes de ese plácido pueblito como chivo expiatorio de sus sandeces. Todo tiene un límite. ¿Habrá llegado el momento en que un día de estos las porras mexiquenses puedan convertirse en recordatorios familiares para el ruin anfitrión, Eruviel Ávila y su incómodo invitado?

Confesión repentina: nos jode y roba ¡sin pensar!

Porque, ¡hágame el refabrón cavor!, eso de anunciar con fanfarrias la elección del infame Senado de los nuevos integrantes del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, donde le dieron la cazuela completa de los nombramientos al impresentable Humberto Castillejos Cervantes, es el anuncio real de lo que avecina.
Rebasa cualquier atraco a la decencia de un organismo que tendrá en sus manos la truculencia comicial de 2018, más la aquiescencia sobre los desmanes que se cometan en el proceso electoral mexiquense, puerta de entrada al próximo infierno civil. Dejar la transparencia electoral en manos de ese chaparrito ratero no augura nada bueno.
‎Lo mismo que dejarle la Procuraduría General de la República a su primo Raúl Cervantes, el afamado Buitre de la carretera, apodo ganado como defensor de las líneas camionetas de los Alcántara, es otra probadita de la misma cicuta. O mandar a Arely Gómez, fracasada en toda la línea de las pésimas coberturas de Ayotzinapa, a sustituir al gnomo rizado, el deleznable Virgilio Andrade en la SFP… nada más no tiene precio.
¿Qué no hay de otras fichas? ¡Al menos dedíquense a inventar otros que sirvan para el mismo ridículo, pero con caras desconocidas!
Y esa ocurrencia devastadora de Peña Nieto al decir que ningún presidente se despierta pensando en joder a México… ¿será una confesión repentina de que el de la voz nos jode y roba sin pensar?
¿Usted, que cree?
Índice Flamígero: Me dice un experto: “El verdadero problema de EPN y de sus colaboradores es que se hablan a sí mismos (jamás piensan –ni mucho menos hablan o actúan– outside the box), se autoconvencen, se victimizan, se flagelan, buscan culpables (a los que jamás encuentran), diseñan estrategias de Estado de 11 puntitos (meramente retóricas), y las anuncian con bombo y platillo urbi et orbi. Lo peor (o quizá mejor), es que ni siquiera las ponen en práctica y mucho menos funcionarían. Baste con ver las últimas mediciones de su “popularidad” (de pena ajena, 24 por ciento de aceptación) o escuchar todas las declaraciones banales, ignorantes, superficiales, inoportunas, extemporáneas, tibias e inconsecuentes de EPN et al. Como siempre, too little, too late. Bueno, EPN nos ha puesto en tal situación de irrelevancia, que ya ni Trump habla de México. Con solo ver su primer video programático que lanzó el lunes. ¡Qué pena! ¡Pobre México!” Y pobres de nosotros, por dejados, ¿o no?

www.indicepolitico.com
[email protected]
@pacorodriguez

No votes yet.
Please wait...

Comentarios

SHARE
Artículo anteriorExigen antorchistas aplicación de recursos destinados a obras
Artículo siguienteJackie
Columnista político desde 1977. Comentarista radiofónico y de televisión. Publica su columna “Índice político” en 47 medios de comunicación de la República mexicana y tres de Estados Unidos. Apunta con el Índice, pero también propone.