En el artículo primero de nuestra Carta Magna estipula “que todas las personas gozarán de los derechos humanos reconocidos en la constitución y en los tratados internacionales en los que el Estado mexicano sea parte”, por su parte el 10 de diciembre de 1948 la ONU declaró los 30 derechos del hombre y del ciudadano, entre los cuales están la seguridad social, la educación, un nivel de vida adecuado y el trabajo, además de que este último es uno de los 17 objetivos del desarrollo sostenible, denominándosele “trabajo decente y crecimiento económico”.

A pesar de lo anterior, desde la década de 1980 los gobiernos emanados del PRI como del PAN, inspirados en el llamado Consenso Washington de John Williamson, han venido reduciendo las prestaciones sociales y los derechos humanos, al ir privatizando todo lo que para ellos y las grandes empresas internacionales y mexicanas, les representa negocio.
El Coneval destaca que entre 2008 y 2016 la pobreza aumentó en 3.9 millones de personas, como atenuante informó que 2.9 millones dejaron de estar en pobreza extrema, pero siguieron siendo pobres, sobre todo por la falta de acceso a la seguridad social y a la alimentación.

Si bien, es cierto que la tasa de desempleo es del 3.4 por ciento considerada como baja, también es cierto que la del subempleo es del 8 por ciento, mismo que crecerá en los años siguientes, al igual que la informalidad que llega al 47 por ciento, según la OIT.
El centro del problema no es la cantidad, sino la calidad del empleo por los salarios de hambre, agréguele los incrementos en gasolina y gas, pues la inflación no se hace esperar y el poder adquisitivo registra ya una pérdida del 35 por ciento.
Imagínese usted que en 20 de las 32 entidades federativas, aumentó el porcentaje de la población que no puede adquirir con sus ingresos la canasta alimentaria básica, principalmente en estados como Hidalgo, Ciudad de México y Tabasco.
La explicación es que 62 millones de personas tienen un ingreso inferior al mínimo según el Centro de Investigación en Economía y Negocios.

La economía mexicana es insuficiente para superar la pobreza, consecuencia del modelo neoliberal, que se ha venido aplicando desde 1980, donde solo la banca y las grandes empresas nacionales e internacionales ven crecer sus ganancias, por lo que buscan seguir vulnerando el factor empleo-salario.
Las grandes empresas generan el 30 por ciento del empleo, mientras que las Mipymes generan el 70 por ciento, esas son las que requieren de una política económica diferenciada, que paguen menos impuestos, como sucede en Australia y otras naciones, además de impulsar en ellas el desarrollo y aplicación de nuevas prácticas empresariales, basadas en la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación, con el apoyo de las instituciones de educación superior.
Sobre todo porque el posicionamiento tecnológico y la inteligencia artificial serán los determinantes de la economía mundial, según Feng Xiang, investigador chino, expresó que quien domine la inteligencia artificial dominará el mundo y pondrá fin al capitalismo, que actualmente prevalece, será otro el modelo económico que surgirá, tal vez no sea de esa forma, pero de que la investigación y la tecnología transformarán aún más al mundo, eso es irrefutable.

Como también es cierto que sin progreso social no es viable la eficiencia económica, por lo que hay que privilegiar el trabajo decente que se sustenta en la noción de seguridad y protección social, por ello, es la ruta más segura para salir de la pobreza.
Su fundamento, es el conocimiento, sin embargo, para los gobiernos neoliberales mexicanos esa perspectiva no existe, tan es así que a pesar de que en el artículo 25 de la Ley General de Educación se estipula que “el gasto público que se destine a la educación no podrá ser menor al 8 por ciento del PIB”, y apenas Peña Nieto le destina el 5 por ciento.
En materia de investigación y desarrollo, el mismo artículo prevé un gasto equivalente al uno por ciento del PIB, pero solo llegamos del 0.5 por ciento, a pesar de la promesa de Peña Nieto de que llegaría al uno por ciento al finalizar su periodo, al igual que Meade, cuando dijo que el incremento a la gasolina no incrementaría los precios, son ¿ineptos o mentirosos?

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