Llama la atención que el sector primario fuera el que más aportó al PIB en 2019, con un crecimiento del 1.9 por ciento, las actividades secundarias o sea la industria fue de menos 1.7 y los servicios apenas crecieron 0.5 puntos porcentuales, ¿acaso el campo ya es más productivo? ¿acaso los micro y pequeños productores del campo ya tienen mejores condiciones de vida y están superando la desigualdad y la pobreza?

La agricultura reviste una importancia estratégica para México, puesto que según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) ocupa al 45.9 por ciento de la población activa (PEA), la industria el 20.9 por ciento, y los servicios el 33.2 por ciento; pero de cuatro personas en condiciones de pobreza tres son campesinos, las entidades que registran más pobreza, son donde predominan la actividades primarias, como Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, y Puebla, donde las tasas de pobreza van del 66 por ciento al 76 por ciento como es el caso de Chiapas.

La informalidad es otro factor que se agudiza en el campo, donde seis de cada 10 empleos son informales, el trabajo informal es de baja calidad, dado que son actividades de sobrevivencia con ingresos precarios e insuficientes, con una productividad muy baja o nula, dado que aplican tecnologías bastante simples. Y pensar que la informalidad mantiene un ritmo creciente.

La situación que caracteriza al campo en nuestros días, es explicada por el tránsito de un modelo de acumulación de capital, que para el campo representó perder su capacidad de autosuficiencia alimentaria, la falta de un desarrollo tecnológico que impulsara su productividad, como de fortalecimiento a la infraestructura hidráulica y la ausencia de semillas mejoradas, como de fertilizantes, todo ello derivó en una agricultura dividida, por un lado una agricultura con riego, y por otra parte una agricultura de subsistencia o de autoconsumo.

Los beneficiarios de una política de supuesto apoyo al campo, derivó en el fortalecimiento de una agricultura de riego con un régimen de propiedad privada resultando privilegiada, en detrimento de la agricultura de propiedad social, como los ejidos y las comunidades, que se fueron rezagando y empobreciendo, al no poder incrementar su productividad generan bienes de bajo valor agregado.

La insuficiencia de ingresos por su baja productividad, propició el abandono de las unidades agrícolas, a fin de buscar actividades alternativas con que complementar sus ingresos en actividades extraparcela, o migrando hacia las ciudades como al extranjero, materializándose en una galopante desigualdad social; México está considerado entre las naciones más desiguales de América Latina. Para muestra un botón, solo seis mexicanos poseen 118 mil millones de dólares, superando con creces lo que más de 30 millones de mexicanos en condiciones de pobreza pudieran tener para comer.

Pero no se puede pasar por alto la variable negra de la narcoeconomía, que explotan grandes extensiones de las mejores tierras, y ocupan por lo menos a más de 300 mil campesinos para cultivar droga.

Los cárteles de las drogas secuestran a unos y a otros, les ofrecen trabajo sin decirles qué y dónde van a trabajar, a otros les rentan a bajo precio sus tierras, los presionan y violentan, o los despojan de sus espacios agrícolas. Los cárteles cuentan con los recursos financieros suficientes para adquirir la tecnología que ocupan en la producción de marihuana y amapola, pero ¿cómo consiguen autorización para aprovechar recursos como el agua y la transportación de sus productos?

Entre negocios ilegales unos y otros legales, han creado verdaderos emporios empresariales, como los que se localizan en el norte del país. Al ver la violencia sin control y los nombres de capos que se manejan en investigaciones periodísticas, me surge la pregunta ¿el poder del crimen organizado, será superior al del Estado? La narcoeconomía es real e ilegal.

El incrementar los salarios agrícolas, como ampliar y fortalecer la seguridad pública y social para los habitantes del campo es imprescindible, pero lo que es impostergable es contener la violencia, y una política de investigación, transferencia tecnológica y de conocimientos hacia los pequeños productores del campo, con el soporte de una economía circular que transforme la dinámica productiva de manera sustentable y disminuya los impactos del cambio climático. ¿No lo cree usted?

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