Paola Rodríguez González

Las mujeres novohispanas estuvieron sometidas bajo la toma de decisiones por parte de los hombres, fueron educadas desde muy pequeñas para ser esposas y madres ya que se les enseñaba a cocinar, a realizar diferentes labores dentro del hogar, pero sobre todo se les inculcó la idea de llegar vírgenes al matrimonio, donde tenían que respetar a sus maridos. Diversas mujeres, y en algunos casos también los hombres, recurrieron a la práctica de la magia, donde realizaron hechizos amatorios con el fin de conseguir, atraer o retener a la persona deseada. Existen diversos procesos que se encuentran en el ramo de inquisición del Archivo General de la Nación que muestran ejemplos de hechicería amatoria.

Las pócimas de amor que llegaron a realizar diversas mujeres eran diferentes. Algunas buscaron conseguir un marido para que les diera sustento mientras que otras solo buscaron conseguir con estos hechizos retener a sus amantes. Se llegaron a utilizar amuletos, conjuros y amarres para conseguir su objetivo. Los ingredientes u objetos que se utilizaron para realizar estos hechizos amatorios fueron variados; los que se ocuparon con más frecuencia fueron las hierbas, polvos hechos de semillas o de cabello, el chocolate revuelto con aceites, muñecos de trapo semejantes a la persona deseada, la menstruación mezclada en la comida o bebida y colibríes muertos, los cuales significaban suerte para la época.

Acompañado de estos amuletos y para que el amarre tuviera “efecto” se necesitaba que las mujeres recitaran algunos conjuros, entre los más populares se encontraban las siguientes oraciones: “Con dos te miro, con dos te ato, la sangre te bebo y el corazón te ato”; “con dos te miro con dos te ato, de tu sangre bebo, el corazón te parto”; “que me traigas a fulano atado y ligado y a mis pies humillado, dándome lo que tuviere, diciéndome lo que supiere”; “acostarme vengo, a dormir y descansar, por el corazón de fulano quiero enviar”.

Diversas personas que incurrieron en estos actos fueron descubiertas y acusadas ante el santo oficio de la Inquisición mexicana, donde recibieron un castigo ya que esas prácticas fueron consideradas herejía. Las sanciones tenían el objetivo de que estas personas reconocieran sus culpas por faltar a los dogmas estipulados por la Iglesia, se buscó que volvieran a ser católicos devotos. Para ello fue necesaria la vergüenza pública, los azotes, que asistieran a misa con una corona de espinas en la cabeza y en algunos casos, si la persona no obedecía, era desterrada.

Las prácticas de hechicería amatoria fueron muy comunes en Nueva España, tanto hombres como mujeres acudieron a ellas porque buscaron conseguir cumplir de una manera fácil y rápida sus deseos sexuales o sus deseos de conseguir un matrimonio ya que este era el único medio permitido por la Iglesia para tener relaciones sexuales con el fin de procrear. Las mujeres novohispanas se vieron en mayor cantidad implicadas por realizar pócimas de amor ya que su papel de sumisión ante los ideales patriarcales las orilló a conseguir un esposo, pero también el miedo las condujo a que incurrieran en busca de la magia para retenerlo y que no las abandonara ya que desde pequeñas fueron educadas para ser esposas y muchas de ellas aspiraban a serlo.

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