Los adolescentes son el grupo de mayor riesgo para el desarrollo de conductas alimentarias no saludables (CAR), dada la convergencia de los retos físicos y psicológicos que deben enfrentar. Las CAR son de interés en la salud pública por su alta prevalencia y serias consecuencias en la salud física y mental. Cuando un adolescente se engancha en ellas no solamente se daña a sí mismo, sino también su entorno familiar.
En México se ha reportado una importante proliferación de ellas, sobre todo entre adolescentes. Por ejemplo, en Hidalgo un estudio sobre tendencias de CAR en adolescentes reportó que en las mujeres incrementaron de 2007 a 2010, de 7.5 a 12 por ciento y en varones de 4.5 a 15.6 por ciento. Dentro de las principales CAR realizadas por ese sector de la población están: eliminación de tiempos de comida, dietas restrictivas y comer compulsivamente. En los varones las CAR, aunadas a conductas y actitudes asociadas con la intención de ganar masa muscular, tales como el uso de esteroides, han sido asociadas con la motivación por la musculatura, factor de riesgo que favorece el desarrollo de dismorfia muscular (DM), un subtipo del desorden dismórfico corporal caracterizado por una obsesión de no ser lo suficientemente musculoso, que conlleva severas alteraciones mentales, físicas, familiares y sociales.
Pero estas conductas, en muchas ocasiones, las realizan porque ven que los adultos las llevan a cabo: mi mamá siempre está a dieta, o mi mamá tiene una nueva crema para “quemar la grasa”, o mi papá dice que los fines de semana son para “comer”, lo que se transforma en un atracón de comida. Igualmente, en el círculo de sus amigos o amigas estas conductas son vistas como “normales”; por ejemplo, no cenar para no engordar, o hacer la dieta de la revista X o comprar los productos que mi “entrenador” me recomendó para aumentar músculo, sin pensar nunca en las graves consecuencias que estas conductas no saludables implican.
Las CAR también son fuertemente promovidas por la cultura de la delgadez en la que se sobrevalora la esbeltez para la mujer y el cuerpo musculoso y fuerte para el varón. Esta cultura estigmatiza la obesidad considerándola signo de poco control, flojera y descuido, enfrentando a las personas que la padecen a numerosos problemas sociales como prejuicios y discriminación, que pueden impactar su salud mental. Es importante aclarar que no es que haya que promover la obesidad, puesto que sabemos que en nuestro país se ha convertido en una grave epidemia, sino que lo que debemos buscar es un peso saludable, como dice el dicho: “Ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre”. Pero esto solamente lo podemos lograr con estilos de vida saludable, en donde nuestra alimentación sea realmente adecuada a nuestra edad, sexo, estatura y actividad física. Esta última debería ser parte de nuestras actividades cotidianas y para realizarla no requerimos ir al gimnasio o tener costosos equipos, basta con irnos caminando al súper o al colegio o a visitar a un amigo(a), o si tenemos una bicicleta utilizarla con frecuencia, o brincar la cuerda, o ir al parque cerca de mi casa y jugar con mis amigos a correr o con la pelota, retomar muchas cosas que nosotros, siendo papás, hacíamos cuando éramos niños y adolescentes.
Pero, ¿por qué los adolescentes son presa fácil de todas estas influencias negativas? En primer lugar por su temprana experiencia en la vida, en segundo porque se encuentran en una etapa en la que todo llama su atención, son curiosos, disfrutan los retos y están buscando su identidad tratando de responder la pregunta: ¿Quién soy? Por ello los adultos, principalmente los padres, debemos estar a su lado, escuchándolos, observándolos y no como inquisidores sino como las personas que más los amamos y que buscamos su crecimiento y desarrollo óptimo. Pero además dando ejemplos congruentes a lo que les exigimos, ya que ellos cuestionan todo lo que decimos u hacemos. No es válido decir una cosa y hacer otra. Exigirles que coman frutas y verduras si nosotros no lo hacemos. O poner la botella de refresco en lugar de agua natural o de fruta fresca en la mesa para acompañar las comidas. Papás, nosotros somos parte de la solución, recuerden que el ejemplo arrastra.
Con el propósito de atenuar un poco esta problemática y como profesional de la salud, en 2014 coordiné el diseño, implementación y evaluación en la ciudad de Pachuca el primer estudio piloto de un programa de prevención de tipo universal (Prevención de conductas alimentarias no saludables y sedentarismo, Pecanss) que integró la estrategia mundial sobre el régimen alimentario y la actividad física que propone la OMS. La originalidad de este programa fue la de haber trabajado con adolescentes hombres y mujeres integrando información y actividades para prevenir obesidad, CAR y sedentarismo de manera conjunta, empleando estrategias divertidas, llamativas y novedosas en las que pudieran descubrir y afirmar maneras saludables de disfrutar la comida y la actividad física. Pecanss ha tenido sus primeros resultados satisfactorios, pero todavía falta mucho por mejorar para que sea un programa 100 por ciento recomendable.

Comentarios