Hace un par de semanas me vino un pensamiento singular: el futbol es poesía. Prosa perfecta llevada a la acción. Es el arte de repartir patadas y crear historia en el último segundo del tiempo añadido. Pensemos en Lionel Messi anotando un gol de último minuto; en el Santiago Bernabéu, ante el archirrival Real Madrid, que mantiene la Liga viva hasta este punto y además representó la diana número 500 de la Pulga con el Barça. ¡Ah! Y festejó quitándose la camiseta, justo como haría su némesis deportivo: Cristiano Ronaldo.
Ahora viajemos a México, concretamente a nuestra ciudad. Los Tuzos enfrentan al descolorido Cruz Azul que, para sorpresa de muchos, está a punto de ganar el partido. En el penúltimo balón parado, Juan Calero cabecea y da en el poste. En el último, Óscar Pérez sube a rematar, dejando sin resguardo su meta para intentar vacunar la contraria. Segundos después, reitero, la historia ha sido escrita.
Veámoslo punto por punto. Un gol anotado por un guardameta siempre será digno de celebración especial. Además, ese arquero tiene 44 años, lo que lo convierte en el futbolista más longevo que anota en la Liga MX. Su testarazo significó la salvación del invicto en el estadio Hidalgo, pues desde noviembre de 2015 absolutamente nadie ha derrotado a Pachuca en su casa; el último en lograrlo fue, de forma irónica, la Máquina.
El Conejo fue héroe de uno y verdugo del otro. Mientras el empate en tiempo agregado rescató las esperanzas de los hidalguenses de colarse a la fiesta grande, sepultó definitivamente cualquier aspiración de los celestes. Éstos, el equipo con peor suerte del país, viven una nueva “cruzazuleada” siendo víctimas de su exportero que, de hecho, aún está vinculado a la institución de La Noria por derechos federativos.
Aquel que vio caer su marco, Jesús Corona, tuvo dos deja-vus ese día. El primero fue de Moisés Muñoz que, con un cabezazo “de palomita”, mandó la final del Clausura 2013 a tiempos extra, desenlazando en una nueva estrella para el América. El segundo fue del propio Óscar Pérez, quien aún jugando con Cruz Azul anotó en el último suspiro cuando Corona era cancerbero de Tecos.
Con este par de historias separadas por una docena de días y unos cuantos miles de kilómetros demostramos la tesis inicial de esta semana: el futbol es poesía hecha deporte.

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