Fernanda Aguilar

Carmen “LaDeLosGatos”, usuaria de Twitter, generó polémica al denunciar en esa red social que una veintena de gatunos serían “eliminados”, “dormidos”, “echados” de su residencia oficial: el Palacio Nacional, con el pretexto de que serían esterilizados.

Esta presunta exfuncionaria asegura que ha atendido a los curiosos y hermosos felinos desde hace más de cinco años, mostrando una serie de fotografías y difundiendo los nombres –incluido el de Topacio Chilaquiles– en algunos medios de comunicación como Verne.

En una entrevista asegura que los animalitos poco a poco fueron “llegando” al Palacio Nacional, lo que más bien argumenta fue un abandono de parte de sus dueños al tomar el recinto como una salida para deshacerse de ellos.

La Secretaría de Hacienda informó después que las acusaciones eran un engaño y que trabaja con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) para dar seguimiento a La Tía Gorda y compañía para brindarles atención médica y otras cuestiones.

Como ya es habitual en esta cuarta transformación, las opiniones se dividieron en dos: hay quienes tachan a la denunciante de integrante priista, interesada en difamar las políticas gubernamentales, en desacreditar al movimiento morenista, como todos aquellos que se atreven a preguntar de dónde sacamos datos.

Otros, en su mayoría catlovers, se indignaron ante la situación y temen por la seguridad de los gatos. Exigen, y me parece necesaria, una postura de alguna instancia encargada del bienestar animal, pues hasta ahora Hacienda ha sido la única que medio ha dado la cara para aclarar la problemática.

Otros usuarios respaldaron la versión de Carmen y aseguraron que quienes alimentan a los gatitos son los empleados que trabajan en el recinto. También aseguran que los recipientes de comida se encuentran “llenos de hongos” y que la federación no ha participado en los gastos para su cuidado.

Asociaciones animalistas se manifestaron también en redes sociales pidiendo una aclaración a las autoridades y también pruebas o al menos algún compromiso a partir de ahora para respetar los derechos de los gatunos.

Otros más ironizaron la situación y pidieron al mismo presidente de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO) mantener a los gatitos para acabar con las “ratas de su gabinete” o conservarlos como ha hecho con los gatos que votaron por él.

Sea cual sea el punto por donde se le analice y a pesar de las tantas dudas, falsas declaraciones y el daño colateral que generan las redes sociales, el hecho de que estos felinos llegaran al Palacio Nacional significa que escogieron su hogar y al menos algunas almas compasivas se dignan a darles una garra.

Solo los que convivimos con semejantes ejemplares sabemos el por qué es indispensable cuidarlos, pero también somos conscientes de que, por muy pequeños o rudos que parezcan, los animales tienen derechos, los cuales tienen que velarse, sobre todo por nuestras autoridades, que no solo deben poner el ejemplo, si no que están obligadas a hacerlo.

¿Será capaz la cuarta transformación de por lo menos dar un hogar digno a unos 20 gatos o es mucho pedir? ¿Veinte gatos implican mucho gasto del presupuesto? ¿Veterinarios no pueden asesorarlos en simples cuidados para ejemplares domésticos? ¿Es necesaria la investigación exacta puntal de la UNAM en el caso? ¿La Secretaría de Hacienda sabe algo de gatos? Ojalá pronto se respondan estas dudas y dejen de disfrazar la política de falso altruismo.

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