¿Conoce usted a alguien que no se haya quejado de los servicios de salud públicos? Seguramente le ha tocado escuchar a alguien cuando recién visitó una clínica, cualquiera del sector público, diciendo pestes sobre cómo fue atendido: que si tardó muchas horas en pasar, que si el médico solo lo revisó superficialmente, que si no le explicaron bien que tenía, que si solo le dieron aspirinas cuando es algo más serio, etcétera. Más bien trate de pensar en alguien que haya salido satisfecho luego de ir a una cita médica en algún centro del sector público. Quizá recuerde a alguien, pero esto ocurrirá luego de haber reflexionado largamente. Precisamente por tal razón, la Secretaría de Salud estatal, presidida por Marco Antonio Escamilla, lanzó una iniciativa que, si es bien administrada, seguramente rendirá buenos frutos. La idea, según explicó el titular del sector estatal, es que los médicos y enfermeras se pongan en el lugar de sus pacientes y que además reflexionen pues ellos también pueden pasar del otro lado. Nadie está exento de estar en esa condición, insistió Escamilla. También explicó que no se trata de una campaña publicitaria, sino que será una política para mejorar el trato a los pacientes. Incluso medirán su efectividad cada determinado tiempo y permitirán a los enfermos participar a través de encuestas que instalarán en quioscos al interior de los centros de salud. Suena bien, pero hay que ver ahora que sea puesto en marcha y, sobre todo, corroborar si es efectiva: si sirve o si se queda en llamarada de petate. De filón. El huachicoleo ya se convirtió en una plaga extendida por los estados y municipios por donde cruzan ductos de Pemex. Hidalgo, según explicó ayer en entrevista el gobernador Omar Fayad, será parte de la estrategia para blindar las regiones donde han detectado la presencia de huachicoleros con elementos militares.

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