Popol Vuh, Anónimo Fitzcarraldo, Popol Vuh

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El libro del pueblo, el libro de la gente, como otras mitologías, se encuentra poblada por la necesidad de un comienzo y el hálito que habrá de gobernar el sentido global de la existencia. Sin él, la realidad que determina y permea el cosmos, sería caos. Desde el antiguo K’iché, hasta el castellano de nuestros días, el Popol Vuh ocupa un lugar central en las cosmovisiones humanas.

Aunque impregnado por las interpretaciones de Francisco Ximénez durante el siglo XVII, el libro del pueblo se mantiene como una de las fuentes más claras de los llamados mitos fundacionales, en los que convergen símbolos comunes a otras culturas y con los que la existencia del ser humano comparte un punto de origen al igual que construcciones de una abstracción más vasta.

La presencia de un árbol místico que sostiene todas las manifestaciones de la creación, como el Yggdrasil de la mitología nórdica; dos hermanos gemelos, a la sazón guerreros como Cástor y Pollux, en la griega; la presencia de un inframundo habitado por criaturas impredecibles y caprichosas, como en la de lejano oriente; la existencia de seres elementales basados en aire, agua, tierra y fuego… En fin, que pese a un olvido generalizado de la cultura nacional, el Popol Vuh es un refugio del imaginario precolombino.
Gracias a la influencia de la antropología de los países, originalmente imperiales y más tarde, con economías de eje en Europa, el Popol Vuh se hizo de un lugar entre los textos recuperados de una cultura más allá del mar y con el paso de los años, Alemania le obsequió un lugar muy importante, para una especie de emergencia de las culturas ancestrales, casi en paralelo con el movimiento hippie en Estados Unidos y su promoción espiritual de la India.

Así, no tardó en emerger un grupo homónimo que al poco de nacido, coincidió con Werner Herzog, quien además de ser uno de los fundadores del nuevo cine alemán de la década de 1960 y 1970, creó durante su asociación con el grupo, Aguirre, la ira de Dios, Fitzcarraldo, Nosferatu y El enigma de Kaspar Hauser, entre las películas alemanas más importantes de la época.

Pero así como participaron del furor de la creación de Robert Moog, con el paso del tiempo su sonido alcanzó una tesitura que hoy se reconoce una de las primeras en consolidar una suerte de atmósfera etérea.

Hoy conocido como ethereal, el proyecto de ese Popol Vuh dirigido por Florian Fricke, fue un experimento musical que rayó en lo inaudito, ya que le apostó a servir de trasfondo para proyectos visuales en los que, a partir de la mano de Herzog, cualquier crisis, tragedia o hazaña a punto de cumplirse, alcanzaba una estatura metafísica que contradecía de fondo cualquier clímax cinematográfico anglosajón, más bien estacionado en una rutina de los perros de Pavlov.

Así, en medio de la magia de supura de la obra literaria, así como los alemanes, también Arturo Romo y Reax, ya desde una perspectiva más local, contribuyeron con su versión musical, adaptación directa de las páginas del texto, que narra y desarrolla el Popol Vuh.
Arturo tuvo a bien subir una versión de las interpretaciones del libro en Youtube, durante la presentación del trabajo en el Museo del Chopo. A diferencia de su creación previa con Oxomaxoma y ahora Exhumaxoma, así como intervenciones en la obra de colegas, esta versión del Popol Vuh es una fusión de lectura en atril, con jazz, música electrónica, música incidental… pero preservando, además de las letras originales, la voluntad de mantener la magia de un clásico de nuestras letras nacionales.

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