Alejandro Murillo*

Muchas personas se sorprendieron cuando se anunció que el Oscar a la mejor película extranjera no lo ganaba El laberinto del fauno. Antes de esa película, El crimen del padre Amaro había sido la última candidata mexicana en estar lo más cerca de conseguir ese logro. Hay quienes no olvidan el gesto de la mismísima Salma Hayek cuando tuvo que leer que el premio era para la producción danesa En algún lugar de África.

Roma no es la primera ni será la última producción no estadunidense en obtener más de una nominación entre las diferentes categorías que reconoce la Academia de Hollywood. De igual manera, puede que Roma no sea ni la primera ni la última cinta que pierda la estatuilla a la mejor película de habla no inglesa, si no es que también lo pierde todo. Un ejemplo de esto fue Amélie, que no consiguió ser premiada ni como película extranjera ni en las otras categorías donde compitió en su momento.

Este extraño fenómeno se debe a que el Oscar a la película extranjera lo entrega un comité especial de votantes. No todos los miembros de la academia tienen derecho a votar por esa categoría, lo mismo que solo los actores pueden votar por las categorías de actuación, así como cada oficio se encarga de elegir lo mejor en su rama de cada año: directores, fotógrafos, sonidistas, vestuaristas, documentalistas, etcétera.

Sin embargo, esto también explica la grandeza de una película como Roma: los actores, diseñadores de producción, fotógrafos, directores, sonidistas y demás miembros de la academia la tomaron en cuenta como lo mejor del año, aun y cuando ellos no pueden elegir a ninguna de las cinco candidatas a mejor película de habla no inglesa.

Pero eso no significa que el comité de ese premio, específicamente, concuerde con sus colegas. Así como tampoco significa que todos estén de acuerdo en colocar a Roma como la número uno en todas las categorías. Significa que están reconociendo sus méritos, pero no que la vayan a premiar. Que fue lo que le ocurrió a Amélie y El laberinto del fauno, por mencionar de nuevo solo esos dos ejemplos.

Esa es la historia de cada año: la academia se conforma de especialistas que son también personas con su propio criterio, lo cual no quiere decir que se trate de un reflejo de los gustos del público ni un ejemplo de exquisitez o buen gusto. En ocasiones, un premio se entrega por razones políticas o también por mera popularidad.

Se dice que de las cinco candidatas a mejor película extranjera de este año, Roma cuenta con las mismas posibilidades que las otras competidoras. Además, el director de Guerra Fría Pawel Pawlikowski compite contra Alfonso Cuarón por mejor director, y sus películas también fueron consideradas para concursar por el Oscar de mejor fotografía.

Así que no nos sintamos mal si Roma no gana todos los óscares. Como dicen muchos: las nominaciones ya son un premio.

  • Estudió cine en el CUEC-UNAM, su canal es youtube.com/fugitivo5

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