¿Por qué Sudáfrica?

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BEIRY ORDAZ PÉREZ
Instituto de Ciencias Económico Administrativas UAEH

Llegó una pandemia mundial, que a pesar de ella logré disfrutar y aprender mucho… No hice lo que todos hacen cuando se van de movilidad… Lo que sí hice fue viajar a través de las personas con quienes tuve oportunidad de crear una relación más cercana”

¿Por qué Sudáfrica? Es la pregunta que todos mis conocidos me hicieron al enterarse que me iría a ese país para un intercambio académico.

Siempre di respuestas diferentes, pues ni siquiera yo estaba segura de por qué lo había elegido en ese momento.

Ahora lo entiendo. En muchas ocasiones tomamos decisiones sin premeditarlas mucho, de manera aleatoria y lanzándonos a lo desconocido, así fue como yo llegué a la maravillosa nación arcoíris.

Puedo decir que la persona que era en el pasado estaría orgullosa de saber en lo que
me he convertido ahora gracias a esa experiencia, pues a pesar de todas las dificultades y el contexto en el que viví mi intercambio, que no le sucede todos los días a cualquiera, me ha cambiado como persona.

Al principio, tuve la oportunidad de experimentar el dinamismo de la gran ciudad de Johannesburgo, conociendo distintos tipos de lugares dentro de la misma e incluso llegué a visitar Pretoria, una de las capitales de la nación, y puedo decir que es increíble vivir tu día a día en un lugar con tanta diversidad en tantos aspectos como lo es Sudáfrica.

Posteriormente, llegó una pandemia mundial, una situación complicada para todos, que a pesar de ella logré disfrutar y aprender mucho. No hice lo que todos hacen cuando se van de intercambio: pasear y conocer lugares. Lo que sí hice gracias a la situación que me tocó vivir en un país desconocido fue viajar a través de las personas con quienes tuve oportunidad de crear una relación más cercana, de amistad, debido al tiempo que compartimos viviendo juntos en la misma residencia de la universidad, atrapados en una cuarentena que parecía no tener fin.

Se podría decir que tuve la oportunidad de conocer Colombia, Kenia, Sudáfrica, Camerún, Burkina Faso e incluso profundizar mis conocimientos de mi propio país, México. Todos esos territorios son el hogar de mi nueva familia, con quienes compartí largos periodos de encierro en los que nuestra creatividad se vio forzada a salir a flote para encon – trar cosas qué hacer para evitar el aburrimiento. Tuvimos largas conversaciones, hablando sobre la vida y compartiendo nuestros puntos de vista acerca de temas controversiales, compartimos lo más que pudimos sobre la cultura de cada uno de nuestras regiones y profundizamos en nuestras personalidades.

Las clases fueron todo un reto, desde que el semestre pasó a ser virtual había que lidiar todos los días con la procrastinación y presionarse a sí mismo a estudiar, entender temas que nadie más te puede explicar porque tus profesores no pueden responder todos los correos, dado que compartes la misma clase con 400 alumnos más. Sin embargo, al final del día logras el cometido, entender el tópico que toca analizar, pasar las evaluaciones y aún así darte cuenta que sí aprendiste algo en la materia en la que creíste que no estabas aprendiendo nada, es sorprendente.

Mi experiencia en Sudáfrica se resume en los párrafos anteriores, hay un gran número de historias y aventuras detrás de cada palabra escrita que siempre quedarán en mi memoria y como buenas anécdotas para contar en el futuro.

Cuando uno ve en retrospectiva una experiencia en específico, es posible notar la diferencia de la persona que era antes y la que uno es después de haber vivido. Mi experiencia me convirtió en alguien más empática, tolerante, abierta, más sabia que antes, pero también más consciente de mi ignorancia, más capaz e independiente, entre muchas cosas más.

Quiero concluir este ensayo con un mensaje muy claro para toda persona que lo lea, sin importar cuántas veces los demás te cuestionen sobre una decisión que has tomado o estás por tomar, si en el fondo de tu corazón sientes que vale la pena tomar el riesgo y lanzarte a lo desconocido, hazlo.

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