El futbol ha sido esencial en su vida. Efrén Miguel Rico Plascencia lo asume así, tras años de hacedor de jugadores a quienes les enseñó técnicas y, sobre todo, que es un deporte en que no se puede perder el respeto a los demás.

Nació y creció en la céntrica calle Ocampo, corazón de Pachuca. A mayores señas, por la llamada fuente seca.

A sus 69 años es vital optimista, y comparte espontáneo: “En la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) pasé lo mejor de mi existencia: 38 años. Siempre al lado de jóvenes y también, siempre, transmitiéndoles el deseo de que fueran mejores, tanto en la cancha como en las aulas, y muy especialmente el respeto a la institución que representaban; en la gran mayoría de los casos lo conseguí estableciendo una relación de mutuo entendimiento”.

Se permite hacer un apunte de esos, sus buenos días. “Antonio Santos Mendoza, a quien llamaban con afecto el Pony, cronista deportivo de esa época, fue amigo, muy amigo de mi padre Gilberto Rico. Con él también me vinculé. Todo un personaje que mucho nos respaldó, con sus reseñas y su charlas amenas”.

Rico Plasencia también impartía conocimientos de natación y basquetbol. Era docente de activación física.

Igualmente fue parte de la plantilla docente, durante 22 años, en el Instituto Hidalguense.

Asimismo, tuvo un equipo en la colonia Morelos, en la Presidente Alemán y trascendente; creó una escuela de futbol en la universidad que estuvo vigente 18 años.

No olvida citar que casi durante 38 años convivió con Gerardo Sosa Castelán.

“Desde que llegó proveniente de Tulancingo. Nos identificaba, así fue, el amor, el gusto por el balompié. Él, incluso, llegó a estar al comando del Club Pachuca”.

Surgió entonces el equipo Las Garzas, en la UAEH.

“Eran solo estudiantes y nacidos en Pachuca; eso ocurrió allá por 1992.”

Rico obtuvo cuatro campeonatos en segunda división. “Siempre nos apoyó el licenciado Sosa, y lo expreso porque cuando se es entrenador uno puede molestarse si no hay respaldo; no fue en nuestro caso.

“Era parte de su forma de ser preguntarme: ‘¿Puedes o no puedes?’, y yo le respondía, medio entre broma, pero no llegando más allá: claro que podemos.”

Resalta la natural forma de conducirse de Alfonso Briones: “Cuando ganábamos él organizaba el enchilón. Ahí estaba con nosotros. No podría precisar cuántas veces, pero sí, fueron muchas”.

Su plantel lo integraban jóvenes de 16 a 22 años, a los que se les llamaba los mayores.

No olvida a quienes entonces eran parte de la casa de estudios.

“Conocí, disfruté de la amistad del ingeniero Jaime Rivas Gómez. El actual rector Adolfo Pontigo Loyola llegó a ser gerente del Pachuca. Y le sabía al boxeo.”

¿Otros que no pudiera olvidar? “José Luis Ángeles Becerra, Jorge del Castillo, que bien sabía de estrategias; Sabás Salinas, Enrique Macedo, Juan Ambrosio, Benigno Solís”.

Pero hubo figuras futboleras a las que les aprendió.

“Apunté a Ernesto Candia, a Jorge Marik, húngaro, exigente como el que más, a José Plancarte y otro especial: Renato Rufo. También le aprendí a Miguel Mejía Barón, quien fue entrenador de la selección nacional.”

Y revela el nombre de Javier Aguirre, quien fuera igualmente técnico del Tri. “Fuimos compañeros de generación en el centro de capacitación de la Federación Mexicana de Futbol”.

Aporta otros: “Jesús Ramírez, el Tuca Ferretti. Me llevaba bien con todos”.

Y agrega: “Es un placer recordarlos”.

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