El último lema de batalla adoptado por los Tiburones Rojos del Veracruz: “#PorTiSeré” es uno de los más significativos de la Liga Mx. La referencia a La Bamba, si bien un tanto predecible, es un tributo a uno de los rincones de mayor tradición de nuestro país. La Villa Rica de la Vera Cruz fue, en cierta forma, el escenario que vio un punto de inflexión en la historia de Latinoamérica hace 500 años. Hoy, el faro más grande del puerto se apaga.

Una muerte anunciada y poco más. El club quedó a deber puntos en la tabla de posiciones y fue motivo de burlas hasta que quedaron desenmascarados los verdaderos motivos tras el lamentable desempeño deportivo. El histórico récord negativo de más partidos sin conseguir una victoria será recordado como el síntoma más amargo de una problemática aún más compleja y oscura.

Lo hemos dicho varias veces en este espacio: el futbol, cuando se sale de la cancha, deja de ser divertido. Entre dimes y diretes, conflictos federativos y circos mediáticos en televisión Fidel Kuri fue el chivo expiatorio en el funesto desenlace del Tibu. Culpable o no, el político y empresario es responsable por el simple hecho de ser cabecilla del equipo. Los adeudos no ocurren sin previo aviso, así como un proyecto deportivo no se desploma de un día para otro. Así lo entienden en la federación: el directivo de Orizaba no tiene cabida en una Liga a la que le urge dar un salto de calidad empresarial.

Del lado humano, por supuesto, están los deportistas. Suele perderse de vista que jugadores y cuerpo técnico, antes de ser apasionados del balón, son trabajadores como lo somos millones de mexicanas y mexicanos: con derechos y obligaciones, aspiraciones de crecimiento y calidad de vida. Los sueldos exorbitantes de las grandes potencias nos nublan la vista de la realidad que aqueja a muchos. De ahí la necesidad de dar el golpe sobre la mesa y manifestarse como hicieron frente a Tigres. ¿A quién le gusta no comer?

Por supuesto, quienes más pierden son los aficionados. La historia reciente de los escualos tiene la gloria a cuentagotas. Algunos todavía suspiran al recordar aquel icónico equipo de 2004, con Cuauhtémoc Blanco y Braulio Luna. La gente del puerto demostró que el futbol trasciende a los resultados cuando se vuelve identitario de la ciudad y la región. Esperemos que, por esa gente, la costa jarocha vea libre al depredador del océano.

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