Gary Hart, dos veces senador de Estados Unidos, estuvo literalmente a un paso de ser presidente de su país.

Demócrata, en 1988, con 50 años, dentro de una campaña electoral más que exitosa, con todo a su favor, encabezaba con largueza encuestas en su partido para ser candidato.

Era un hecho anticipado que sería el nominado, cuando cometió el error más grave de su vida al establecer breve, pero intensa relación amorosa, con Donna Rice, modelo de 29 años.

Se sabía que el político era propenso a emprender aventuras de ese tipo, que en el pasado le habían creado problemas en su hogar.

Pero, la última vez, para su poca fortuna, fotógrafos del periódico Miami Herald capturaron imágenes de la joven Rice entrando a su casa.

Después, el National Enquirer publicó otras gráficas anteriores en donde se les advertía muy juntos en un yate.

Se inició entonces una escabrosa persecución de comunicadores contra el político que culminó, casi una semana más tarde, al anunciar que declinaba buscar la candidatura.

De Donna Rice poco se supo de su futuro.

Esos hechos, aquí sintetizados, forman la trama central de la película El candidato, estrenada hace poco y que estelariza el excelente actor Hugh Jackman. Es un muy creíble Gary Hart.

El filme, basado en una historia real documentada, capta la atención del espectador prácticamente desde los primeros minutos de exhibición.

Y se van revelando facetas del candidato, muy conectado con los electores, apuesto, de fácil oratoria y fino sentido del humor. Tenía todo para ganar.

En el filme, también en papeles estelares, participan Vera Farmiga, JK Simmons y Alfredo Molina.

Hart, nacido en Ottawa el 28 de noviembre de 1936, se graduó en derecho por la Universidad de Yale en 1964.

Su primera incursión en política fue como voluntario en la campaña de John F Kennedy en 1960. Posteriormente trabajó como fiscal en el Departamento de Justicia y como asistente jurídico en el Departamento del Interior.

Más adelante, 1975-1987, fue senador por dos periodos representando a Colorado.

Ya en febrero de 1983 aspiró a la presidencia en las elecciones de 1984.

En ese entonces trascendió que se había separado de su esposa en dos ocasiones, aunque retornó al hogar. Fue criticado por eso.

No fue apoyado por los demócratas y el candidato distinguido resultó Walter Mondale.

Tiempo después, el 13 de abril de 1987 buscó otra vez ser aspirante formal del Partido Demócrata.

Iba bien; muy bien, hasta que una joven rubia se cruzó en su camino.

Aún sobrevivió como figura pública. En 1998 el presidente Bill Clinton lo designó para un encargo destinado a estudiar las políticas de seguridad nacional del futuro.

Renovado, en 2004 dejó entrever que iría por la candidatura a la presidencia, solo fue una intención, porque no lo concretó.

Los buenos tiempos ya habían pasado.

Hasta donde se conoce, oficialmente volvió a su casa, en donde permanece ya en calidad de distinguido octogenario.

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