Ayer fue un día intenso en la capital hidalguense en cuanto a precampañas de los aspirantes presidenciales. Se supone que por casualidad coincidieron dos de los tres precandidatos a encabezar el gobierno federal el próximo año: José Antonio Meade y Ricardo Anaya visitaron ayer la capital hidalguense y sostuvieron sendos encuentros con su militancia. Meade, en el cuarto de guerra de los priistas; Anaya, en un salón ubicado al sur de la ciudad. El primero comenzó sus actividades desde temprano: se reunió con directivos de medios de comunicación: prensa escrita, radio y televisión, además de medios digitales. Ahí respondió algunas preguntas relacionadas con temas locales y otras tantas de asuntos nacionales. De la refinería, por ejemplo, respaldó su reconfiguración, dado que en ninguna otra parte del mundo ya se construyen nuevas. Habló de sus proyectos para superar la pobreza y disminuir la inseguridad. En su discurso fue fácil detectar la palabra integral: se deben atacar varios frentes, solo así se podrán resolver los grandes problemas nacionales. Anaya, por su parte, tampoco compartió la idea de construir más refinerías. En eso coincidió con el aspirante tricolor. Anaya además enfatizó que Meade va en picada, en cuanto a su campaña se refiere. Meade no lo atacó, al menos ayer, frontalmente. Y en medio de los dos aspirantes a la presidencia se encontraban ciudadanos, medios de comunicación. Público en ese teatro llamado precampañas. En la ciudadanía se percibe indigestión. Demasiados anuncios, demasiadas promesas. Algo debe cambiar en esto. De filón. Estudiantes de la Universidad Politécnica de Huejutla sorprendieron al rector de su institución. Quizá no pensó que se atreverían a tomar sus instalaciones. Y menos pedir que se le investigue por las presuntas irregularidades en la escuela y por el caso de “La estafa maestra”, en el que está involucrado.

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