Los padres de familia que han sido víctimas de abuso y maltrato en su infancia pueden hacer uso de prácticas de crianza negativas en el proceso de educación de sus hijos y tienden a repetir conductas de abuso y maltrato. Factores socioculturales como el machismo, el nivel socioeconómico, el desempleo, la falta de acceso a salud y educación pueden relacionarse con uso de prácticas de crianza negativas hacia los hijos. Las prácticas de crianza consideradas negativas como el uso del castigo físico, la poca comunicación, entre otras, pueden tener como consecuencia conductas agresivas, ansiedad, depresión y conducta delictiva. Contrario a eso, las prácticas positivas se relacionan con funcionamiento social y logros académicos, habilidades sociales y autoestima.
El objetivo de la investigación fue observar y determinar la influencia de las premisas histórico-socioculturales (PHSC) y el historial de abuso sobre el uso de prácticas de crianza negativas de los padres de familia de la comunidad indígena hñahñu Durango Daboxtha de Cardonal, Hidalgo hacia sus hijos, así como determinar las diferencias atribuibles al género de los padres y los hijos.
Los factores culturales como el grado de valoración de la familia, el tradicionalismo de las familias mexicanas y el machismo que persiste en la cultura mexicana y que persiste en las comunidades indígenas son factores que influyen en la forma como los padres interactúan con sus hijos, de igual forma pueden ser predictores de prácticas de crianza negativas como el castigo físico y verbal. La familia está inmersa en una sociocultura y, a través de ella, adquiere premisas que son peculiares de esa cultura y tradicionalidad; con este marco de referencia se ha determinado que la familia es donde se transmiten normas, conductas y creencias de generación a generación.
El historial de abuso infantil ha sido considerado un factor de riesgo para que los padres de familia repitan las mismas conductas con sus hijos. Así como la carencia de modelos alternativos para resolver de manera positiva los problemas familiares; de tal forma surge el aprendizaje del uso de la violencia para hacer frente a situaciones conflictivas de una persona. También mencionan la falta de autoestima y sentimiento de infelicidad e insatisfacción como predictores de maltrato. También factores socioculturales como el nivel socioeconómico, el desempleo, la falta de redes sociales, falta de acceso a salud y educación pueden relacionarse con el maltrato hacia los hijos.
La teoría de la transmisión generacional de abuso de Zigler y Hall menciona que el abuso o descuido vivido en la infancia por parte de los padres puede ser un predictor de conductas de maltrato hacia los hijos, es decir, el historial de abuso en la infancia influye en la forma en la que los padres interactúan y educan a sus hijos. También se hace referencia al contexto y valores culturales, ya que influye en la concepción de los padres acerca de la crianza adecuada de los hijos.
La crianza paterna es un ejercicio complejo, pues incluye diversas conductas específicas y también actitudes y conductas generales en función de la forma de educar a los hijos con el fin de influir en ellos en distintos hábitos. Se ha observado que las conductas particulares que se realizan de manera aislada no aseguran un impacto importante en el bienestar de los hijos a diferencia de relacionarlos con patrones de actitudes y conductas consistentes como los estilos usados para crear un clima emocional para interactuar con ellos. Cada familia genera un estilo para afrontar situaciones de la vida cotidiana y así desarrollar sus procesos de interacción que contribuirán a construir la identidad social e individual de cada integrante de la misma. Los estilos de crianza son un conjunto de conductas y actitudes de los padres hacia sus hijos que comunican y crean un clima emocional en el cual interactúa la familia. A diferencia de las prácticas de crianza que son conductas específicas con un propósito en particular.
En Hidalgo son pocos los estudios realizados en cuanto a sus zonas rurales. Según los datos aportados por el Inegi, en la entidad 48 por ciento de la población vive en zonas rurales. El 23.27 por ciento de la población se considera indígena y 27 por ciento habla una lengua indígena. Además que en México existen pocos estudios que reflejen los factores culturales de zonas indígenas y, en específico, la cultura de la comunidad que pretendemos estudiar; a pesar de ser, donde se observa, persisten conductas y creencias machistas y de abuso hacia las mujeres y niños. Las comunidades indígenas son consideradas grupos vulnerables del país; mantienen rasgos de tradicionalidad, donde la cultura provee de valores, normas y creencias a sus integrantes que impactan directamente en la práctica de crianzas específicas.
Según los resultados encontrados, se observa que los niños perciben que sus madres son las que más los apoyan, así como la utilización del control restrictivo. La serie uno en la imagen indica los puntajes de los padres, la serie dos el de las madres.
Respecto al historial de abuso, se encontró que las mujeres reportan haber experimentado más episodios de abuso físico y verbal que los hombres. Lo anterior concuerda con el estudio realizado por Unicef en 2009, en el cual se observó que mujeres adultas expresaron haber experimentado mayor abuso físico y verbal durante la infancia a diferencia de los hombres adultos de distintos países de Latinoamérica. Es importante señalar que, en general, se obtuvieron puntajes bajos en el factor abuso sexual y emocional; lo que concuerda con un estudio realizado por Gómez y Paul, en el cual se concluyó que las personas que fueron víctimas de maltrato en la infancia tienden a negar o minimizar esos episodios de maltrato. También es conveniente señalar que las familias de la cultura mexicana se muestran mayormente apegados a premisas culturales que se relacionan con la creencia de que los hombres deben ser fuertes y no deben llorar o manifestar sus sentimientos porque eso va en contra de su naturaleza como hombre y atenta a su hombría y virilidad. En general, las normas sociales no permiten a los hombres mostrar debilidad y esto podría explicar o estar relacionado con los bajos puntajes que se encuentran respecto a lo que expresan los hombres, sobre si experimentaron abuso sexual y emocional.
La hipótesis central del estudio pudo comprobarse en la medida que se observaron las relaciones que existen entre las prácticas de crianza de los padres y su apego a las premisas histórico -socioculturales, al igual que con el historial de abuso. Los datos permitieron confirmar que las madres que realizan práctica de crianza positiva hacia sus hijos tienen un mayor apego a la norma obediencia de los hijos hacia los padres, además de que, entre mayor apego exista por parte de sus esposos a la creencia de empoderamiento de la mujer, aumenta también la práctica de crianza positiva. Estos resultados concuerdan con las conclusiones establecidas en una investigación reciente en la que se señala que aquellas madres que perciben a sus hijos mayormente obedientes tienden a ser madres que no se irritan tan fácilmente y que se muestran más cercanas y afectivas hacia sus hijos.
También podemos concluir que aquellas madres que presentan mayor apego a las normas relacionadas con las ideas de que las personas deben ser respetadas solo si poseen un nivel económico y social alto; además de que sus esposos corrijan físicamente a sus hijos y se irriten con mayor facilidad, está relacionado con que aumente la práctica negativa por parte de la mujer. Anteriormente se ha establecido que el clima en el que se desenvuelve e interactúa la familia influye en la percepción que tienen los padres acerca de la crianza, es decir, cuando uno de los progenitores ejerce algún tipo de maltrato hacia los hijos o incluso hacia la pareja, esta situación se convierte en un ciclo de malos tratos en los que participan los miembros de la familia.
Por lo tanto, se presenta una relación entre las PHSC y el historial de abuso en asociación con la práctica de crianza negativa de los padres de familia de la comunidad indígena; que aunque no fue concluyente para los padres, sí se pudo observar en las madres de familia como el historial de abuso que señalan haber experimentado en la infancia influye en la manera en cómo interactúan con sus hijos. De igual forma se debe reconocer que la comunidad indígena ha evolucionado y ha llegado a la comprensión de la cercanía, cuidado y protección de los hijos, de manera que se debe seguir esta línea y reforzar el conocimiento de la práctica de crianza positiva.

Comentarios