Lol Canul

El domingo pasado desperté en una colonia de Mineral de la Reforma y desde mi ventana pude ver una capa de humo que cubría la ciudad; minutos más tarde me enteré del incendio que hasta el jueves siguiente completó su sofocamiento.
Mucho se ha escrito y son varias las declaraciones de una situación que falta esclarecer; mucha crítica podemos hacer a la falta de políticas públicas en el tema, a la buena o mala gestión administrativa, etcétera, pero algo es cierto en todo esto, y es que los problemas colectivos deben resolverse en una constante dialéctica entre la exigencia con las autoridades y la participación ciudadana, entendiendo que debemos ejercer nuestra agencia personal de impacto. El tema de la insuficiente gestión en este proceso es complejo y delicado de abordar, teniendo además certeza de la incomodidad que genera entre todas las partes involucradas. Pero no por ello vamos a dejar el tema en el olvido y guardar silencio en espera del próximo accidente ambiental en nuestra región.
Las denuncias personales sobre malestares físicos han abundado en redes sociales, la nube de toxicidad se pudo ver en varios municipios y la calidad del aire ha sido evidentemente insana. Diez meses atrás se denunció la saturación del relleno sanitario que protagonizó el incendio y las autoridades municipales de Mineral de la Reforma declararon un cálculo de 250 toneladas de basura que se generan al mes en la demarcación. Sin embargo, las quejas ciudadanas no se han hecho visibles, sino hasta la última semana, principalmente por las afectaciones por la contaminación del aire. Respecto de este último tema, es necesario saber que no fue hasta 2016 que en Hidalgo se propuso el primer esfuerzo para revertir, mitigar y prevenir las tendencias de deterioro de la calidad del aire en el estado con el Programa de mejoramiento de la calidad del aire (Proaire) 2016-2024, bastante nuevo para hacer una real crítica del impacto.
En un ejercicio de cruda honestidad, los problemas de la producción de basura y la calidad del aire, que se vieron conjuntos a partir del incidente que desencadenó la contingencia ambiental, no son recientes y tampoco se atribuyen únicamente a las autoridades gubernamentales.
La parte incómoda es la que nos corresponde como ciudadanía activa. Mi conclusión es que no vemos el problema de la basura sino hasta que se vuelve tangible, hasta que tiene presencia significativa ante nuestros ojos o, en este caso, en nuestras narices y pulmones. Me pregunto cuántos de los que habitamos en los municipios afectados por la nube del humo del incendio nos damos a la tarea de separar la basura y verificar que el destino de los residuos reciclables llegue a una planta tratadora.
Me cuestiono cuántos de mis propios residuos inorgánicos han llegado hasta el relleno sanitario incendiado, con cuánto he aportado al problema, pero sobre todo, cuánto pude haber disminuido el riesgo si mis prácticas de consumo y producción de basura fueran diferentes.
Aunque pareciera mínimo, un esfuerzo individual conjunto puede volverse una solución colectiva. Porque hay que decirlo, los últimos seis días hemos estado respirando la cucharada de nuestro propio chocolate de responsabilidad evadida. ¿Huele bien nuestro estilo de vida de masiva producción de desperdicios? Porque si no es sano respirar ese aire, tampoco lo es continuar en la misma situación insostenible de abandonar el problema en una bolsa para el camión recolector.

Twitter: @lolcanul

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