Presentan libro en Prepa de Tlaxcoapan y ESTi

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Prepa de Tlaxcoapan y ESTi,libro

ROSA MARÍA VALLES RUIZ
Pachuca.- Asombro, curiosidad, temor y fascinación causó en los mexicanos la llegada de la televisión. Para los niños nacidos en la década de 1950, los adolescentes y adultos de aquella época, el impacto fue definitivo.

En el libro La primera vez que vi televisión Rosa María González y Rosa María Valles Ruiz integraron los testimonios de 26 hombres y mujeres que recordaron sus impresiones ante la llegada de la televisión, las primeras series estadunidenses, los programas mexicanos y la influencia en la vida familiar. El texto fue presentado en la Preparatoria de Tlaxcoapan y la Escuela Superior de Tizayuca (ESTi) el 14 y 23 de mayo, ello como parte del programa ¿Por qué Leer? de la dirección de fomento a la lectura.

Los jóvenes de ambas escuelas veían divertidos los fragmentos que las autoras mostraron de los primeros programas transmitidos por la televisión: “Dimensión desconocida”, “Combate”, “Los polivoxces”, “Teatro fantástico”, con Enrique Alonso Cachirulo y muchos más.

Intrigados, los asistentes vieron la primera transmisión de un informe presidencial. Fue el primero de septiembre de 1950 y el mandatario era Miguel Alemán Valdés, se notaba la extrañeza al ver las imágenes de aquella época en blanco y negro.

En Tlaxcoapan, las investigadoras fueron recibidas por el director de la preparatoria José Luis Gil Chávez; mientras que en Tizayuca estuvo presente Fernando Navarrete Mendoza, así como Silvia Acosta, líder del cuerpo académico de Tecnologías Educativas y mediadora de lectura de la escuela.

El directivo de la ESTi recordó algunos programas que él mismo veía como el de Chabelo y el “Teatro fantástico”, que conducía Enrique Alonso Cachirulo.

En ambas instituciones, Rosa María González Victoria recordó los trabajos pioneros de Guillermo González Camarena, quien fue el inventor de la televisión a colores. Refirió que la primera concesión televisiva fue otorgada en 1949 a la empresa Televisión de México SA, propiedad de Rómulo O’Farrill, y el primero de septiembre de 1950 el Canal 4 inició transmisiones regulares al pasar el cuarto informe presidencial de Miguel Alemán Valdés.

González Victoria hizo un recorrido histórico e informó que para la mitad de la década de 1950, Emilio Azcárraga Vidaurreta anunció la inversión de 150 millones de pesos en el negocio televisivo con el objetivo de vincular la parte norte del país con la región central. Esa medida se incrementaría al paso del tiempo hasta convertirse en lo que actualmente es el Canal de las Estrellas, la principal organización televisiva.

La televisión pública, por otra parte, inició con el Canal Once el 2 de marzo de 1959, el proyecto fue iniciado por el ingeniero Alejo Peralta y Díaz con el apoyo de Walter Buchanan y Eugenio Méndez Docurro.

Por otra parte, el 12 de octubre de 1968 nació el Canal 13 y fue hasta junio de 1993 cuando con un objetivo marcadamente cultural, inició actividades el Canal 22, dependiente del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta).

El valor de la memoria; la reconstrucción de la historia

Rosa María Valles Ruiz dio a conocer en los dos eventos la importancia de la metodología de la historia oral, entre cuyas técnicas para conocer sucesos de enorme significado social acude a los testimonios. En el caso del libro, los relatos provinieron de personas de diferentes entidades del país (Estado de México, Hidalgo, Veracruz, San Luis Potosí).

La recuperación de los testimonios, subrayó Rosa María Valles Ruiz, permite acercarse al conocimiento y/o la reconstrucción de sucesos que de otra manera se conocerían solo de manera fragmentaria. Acudir a la metodología de la historia oral ha permitido incluir voces que habían permanecido en el olvido, recalcó.

Dio a conocer que el prólogo del libro fue realizado por Gerardo Sosa Castelán, presidente del Patronato Universitario, quien recordó que en su infancia en Acaxochitlán iba a casa de su tío Carlos Sosa Vargas para poder ver la televisión porque en su casa no había. “Ocasionalmente, el tío Carlos salía de viaje por largas temporadas. Felícitas, gente de su confianza que tenía llaves de la casa, abría las puertas para que yo viera la televisión acompañado por su hijo, mientras ella nos atendía”. A Gerardo Sosa le gustaba ver “Teatro Fantástico” y los partidos de futbol.

El programa ¿Por qué Leer? Realizado por la dirección de fomento a la lectura de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) tiene como objetivo acercar a la lectura a estudiantes, profesores, administrativos a la lectura de textos que les aporten no solo experiencias distintas, sino conocimiento de hitos históricos de México y el mundo.

Se presentan algunos de los testimonios registrados en el libro, los cuales fueron recopilados por Tania Ortigoza Vázquez, Alejandro Galindo y Emmanuel Espinosa.

“Ver televisión se convirtió en un vicio muy similar a las actuales redes sociales de Internet, pero para verla había una jerarquía muy definida. El padre monopolizaba el aparato; ocupaba el mejor asiento, determinaba cuáles programas se podían ver en su compañía, o incluso, ejercía el diabólico poder de ordenar, como un sádico castigo que el hijo que se había portado mal se fuera a acostar sin derecho a ver la televisión ni siquiera de lejecitos”, dijo Luis Arturo Ortega Martín del Campo, originario de Otumba, Estado de México.

“Nos ponían en el piso unos cartones para sentarnos, no nos dejaban que nos sentáramos en los muebles. La televisión era de los vecinos que vivían a un lado de la vecindad. Los adultos decían que viera la televisión de lejitos y con la luz prendida porque decían que hacía daño a la vista. Lo único que la gente decía es que era un lujo tener un aparato de esos”, expresó María del Carmen Estela Martínez Zavala, originaria de San Luis Potosí.

“Todos estaban emocionados. Yo tenía una duda: saber cuál era mi reacción al ver por primera vez un programa de TV y lo más importante, en mi hogar. Cuando papá llegó, me di cuenta que la más emocionada era yo, me sudaban las manos y temblaban las piernas. Para mí fue una experiencia inolvidable, recuerdo aquel programa “Combate”, también otros pero ya no recuerdo sus nombres”, externó Marcelina Baños Ortiz, originaria de Mineral de la Reforma.

“Cuando estaba joven empezamos a irnos a la capital a trabajar como albañiles. Mi hermano, que en paz descanse, fue el primero en irse a México y ya nos había contado de la televisión, entonces cuando yo llegué lo primero que hice fue ponerme a trabajar y el primer fin de semana fuimos a ver las luchas a una tienda de un señor que se llamaba Quintín. No me dio miedo ver la televisión por primera vez sino al contrario, me dio gusto. Después se volvió costumbre”, relató Casimiro López García, originario de Santa María Amajac.

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