Alejandro Páez Varela

Indignado con el ignorante y prepotente personaje que vi en el video, llamé a un amigo para preguntarle quién es, en verdad; de dónde viene, por qué ese peladito sin ningún mérito tiene hoy una cartera tan importante en el gobierno federal.
Sé que mi amigo ha estudiado el pantano del Estado de México. Tiene más idea que yo. Cuando mencioné a Luis Enrique Miranda Nava casi me colgó. Solo dijo: “Follow the money”.
Luego me mandó un número telefónico y me salí a la esquina del Oxxo de mi casa y le marqué desde uno público. No por mí: casi no me gusta esconderle al celular lo que digo y lo que hago; por él, porque lo conozco y es paranoico, con verdad o sin verdad o por precaución.
–Cuéntemelo todo– le dije. Un viejo chiste de ambos, de hace dos décadas o más. En el fondo se escuchaban los camiones y pensé que eso le daba seguridad.
–Solo hay dos personajes importantes en el entramado del dinero: Armando Hinojosa, y ése por el que me preguntas. Uno es el que lo tiene a pasto, y el otro es el que conoce todos los negocios de la familia. Es un operador, un lavador del dinero familiar. Empezó a prestar ese servicio desde los tiempos en que el tío era gobernador. Luego se coló con el sobrino.
El tío es Arturo Montiel; el sobrino, Enrique Peña Nieto.
Me dio risa porque cualquiera que nos escuchara, si es que uno o los dos fuéramos importantes como para que alguien quisiera saber de qué hablamos, sabría perfectamente de qué se trataba todo.
Resumo lo que mi amigo me contó. De nada de eso tengo papeles, aunque mucho está documentado porque en varios de esos temas intervino alguna autoridad. Y mucho ya se conoce.
1. Me dijo que la amistad con la familia la empezó su padre Luis Miranda Cardoso, quien fue premiado por el entonces gobernador Peña con una notaría pública. Miranda Cardoso, expresidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado de México, es o fue muy amigo de Arturo Montiel; por su influencia fue que el hijo entró como coordinador de asuntos jurídicos del gobierno estatal.
2. Me dijo que su fama de “operador electoral” es puro cuento. “Es un descarado. Eso es todo. Usa recursos públicos a su antojo. Para operadores, Luis Videgaray”. Me contó que en 2006, cuando perdió la alcaldía de Toluca, se le descubrieron facturas falsificadas en los gastos de campaña.
3. Me dijo que la fortuna de los Miranda (“son dueños de cientos de propiedades en todo el estado”) se hizo desde finales de los 90 hasta nuestros días. En apenas dos décadas y cachito. Y me dijo que la fortuna de Arturo Montiel y la de ellos caminó por la misma vereda. Luis Enrique Miranda Nava, me contó, estuvo involucrado en un escándalo local porque compró propiedades a nombre de Arturo Montiel; luego, las transfirió al exmandatario del Edomex y después, el mismo exgobernador las cedió a dos de sus hijos. Una triangulación por millones de pesos y por la que no pagó impuestos y que atrajo la atención de la Secretaría de Hacienda.
4. Me dijo que él calcula que los Miranda se hicieron de unas 200 propiedades en 20 años, muchas de ellas adquiridas a costos ridículos o “en operaciones que no se sostienen ni con yute”. Y no dijo yute porque sí: me habló de una empresa textilera, Grupo Mexiquense Textil, “a la que valdría la pena hincarle un diente porque allí se podrían encontrar todos los hilos de Montiel, Miranda Nava, Miranda Cardoso y Peña Nieto”.
5. Me dijo que este entramado “es por cientos de millones de pesos”; una riqueza incuantificable en terrenos, agregó. Y me dijo además esto: “si sigues el dinero, darás con cientos de propiedades. Sigues las propiedades, darás con las megaobras de Arturo Montiel y Enrique Peña Nieto. Piensa en una megaobra. Las carreteras, si quieres; o el nuevo aeropuerto. Allí hay intereses de ellos”.
Me iba a decir más pero se me acabó la tarjeta. Para cuando volví a marcar, había descolgado el teléfono.
Como digo: al menos algo de eso estará documentado no en una, sino en infinidad de oficinas públicas.
“Es rico, es amigo del presidente. Y es parte de los secretos de la familia. ¿Quieres más?”, dijo mi amigo.

***

En México nos gusta romper récords inútiles, ofensivos e incluso idiotas. Si vamos a engordar, somos primer lugar; si nos gustan el refresco y los pastelitos aunque nos hagan daño, somos los consumidores número uno del mundo. Si se trata de robar, una sola generación de gobernadores se lleva hasta el dinero que todavía no tenemos: el de la deuda futura o la recaudación futura. Si un desfile masivo de Michael Jackson, si la enchilada gigante, si el país con más diabetes, si la mayor matanza en la guerra contra las drogas. En fin. Récords inútiles, ofensivos e incluso idiotas.
Y tenemos dos récords en política, también, y de esos está anclado Miranda: el del presidente con el más bajo índice de popularidad desde que se tenga memoria, el de partido más corrupto del mundo: casi 90 años sustrayendo recursos de una nación, nuestra nación, sin descanso. Bonitos récords.
Durante la campaña presidencial gringa, le dije a una amiga periodista: “Va a ganar Trump. Tenemos una suerte de la fregada”. Y ganó. El problema, en realidad, no es Trump o nuestra suerte: el problema son los gobiernos que tenemos. Y claro, el cara de toronja nos va a poner una buena joda porque nos agarra totalmente desprotegidos. Y corruptos, y saqueados, y débiles de la economía, y todo. A nuestros gobiernos, gracias.
El presidente Peña Nieto ha gobernado enviando mensajes de debilidad y complicidad con la corrupción. Al manejo de la “casa blanca” (Virgilio Andrade, la disculpa de la primera dama, el “perdón” pero sin consecuencias legales, etcétera) le siguieron al menos ocho exgobernadores corruptos. Solo el del PAN está preso; y eso porque se entregó.
Se gobierna con el ejemplo. Y allí está el resultado de su ejemplo.
Miranda es la esencia del sexenio. Si la mitad de lo que se cuenta de él es cierta, entonces estamos frente a un corruptazo de miedo. Corruptazo impune. Entonces se entiende su prepotencia y su marrullería.
Luego de su designación como titular de la Sedesol, Miranda dijo que no se podía jugar con los recursos de los mexicanos y menos con los recursos “tan sensibles” de quien tiene o padece pobreza o pobreza extrema. Que la pobreza era causada por problemas “de gobernabilidad”.
Mmmh. No estaría tan seguro que la pobreza sea por “problemas de gobernabilidad”. Sobre todo si alguien como él no informa en su declaración patrimonial sobre sus propiedades, sus automóviles o sus ahorros bancarios. Solo hace pública su trayectoria académica y profesional y no dice nada sobre posibles conflictos de interés.
En septiembre se hicieron públicos dos casos de enfermedad por hambre –en uno de ellos murió una niña– en Mazatlán. Miranda dijo a reporteros locales, con tono prepotente, que eran solo “casos de excepción”. Que Peña Nieto no había generado más pobres y que “no dijeran eso”, agregó, con aire de guarura.
“No veamos un caso de excepción, de una niña que, comparto el sufrimiento, como algo que generalicemos. Tenemos que trabajar y tenemos que trabajar todos. No es una labor del gobierno, es una labor tuya, es una labor de los empresarios, es una labor de las madres de familia, es una labor de los maestros, es una labor de todos. No se ha incrementado la pobreza. No lo digamos, porque es mentira. La pobreza no se ha incrementado.”
Mmmh. El secretario es el mentiroso. Es mentiroso y es posible que ignorante: 2 MILLONES DE POBRES se agregaron con Rosario Robles –cifras oficiales–, antes de que este gobierno desapareciera el indicador que medía la pobreza.
En su comparecencia en el Senado, dijo que la expectativa de vida de las personas de la Ciudad de México “hace 20 años era de 7.3”.
Me mata de la risa tanta incompetencia.
Y que la expectativa de Chiapas era “67, no, seis menos. O sea, seis años menos de los 73. Vivían 66 por ciento”.
Me mata tanta ignorancia.
Sé lo serio que es todo esto pero, híjole, no cabe duda que se gobierna con el ejemplo y el secretario de Desarrollo Social no es ni más ni menos que Peña Nieto.
A la legisladora Araceli Damián, una catedrática, una académica de respeto, le dijo en esa comparecencia: “Me faltó estudiar psiquiatría para entenderla a usted”.
Mmmh. Patético. No digo más.
“No soy un operador electoral. Soy un operador político. No vengo a favorecer a un partido determinado de ninguna elección. Soy orgullosamente mexiquense. También soy priista, pero antes que nada soy mexicano y también respeto la ley y quiero decirles con toda puntualidad: los programas que están señalados en el marco de Desarrollo Social están perfectamente auditados, son visibles y es imposible que se les dé un trato de manera electoral”, dijo.
Mmmh. Debería quedar, en el código penal, que es apología de la corrupción cuando se dice: “Soy priista, soy orgullosamente mexiquense”.
Poco qué agregar. Este hombre, Miranda, es quizás el más penoso de todos los que rodean al presidente. Y eso, amigos, es mucho hablar.
Si hubiera algo de dignidad, Miranda renunciaría. Pero no, no hay dignidad: se quedará allí porque sí, porque puede. Resistirá a las cuatro, cinco pancartas; cuatro, cinco manifestaciones y listo. Lo sabe su jefe o, mejor dicho, lo sabe por el ejemplo de su jefe.
Se quedará allí porque sí, porque puede. Como Peña o, mejor dicho, siguiendo el ejemplo de Peña.
Y qué.

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