En América Latina los impuestos representan el 19.5 por ciento del PIB, en México llegamos solo al 10 por ciento, esta baja capacidad de recaudación limita la inversión pública, en México es de 2.7 por ciento, en tanto que en los países latinos el promedio es de 4.9 por ciento. En agosto del 2020 la caída fue del 16.6 por ciento respecto al mismo mes de 2019, el mayor impacto fue en el rubro de maquinaria y equipo al caer en 17.6 por ciento.

México ocupa el último lugar en productividad laboral de los 36 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); según el Inegi la productividad total de los factores registró una tasa de crecimiento anual negativa, de menos (-) 0.33 por ciento durante el periodo 1991-2018.

El presupuesto para 2021, suma 6 billones 295 mil 736 millones de pesos (mdp), 3 por ciento superior al de 2020, se integra por cinco grandes partes, en ramos generales se asignaron 3 billones 430 mil 449 mdp, equivalentes al 54.4 por ciento, se compone de aportaciones a seguridad social, provisiones salariales y económicas, aportaciones para los sistemas de educación básica, normal, tecnológica y de adultos, como las destinadas a entidades federativas y municipios por un monto de 777 mil 842 mdp, que se suman a sus participaciones por 921 mil 402 mdp, parecidos pero diferentes.

En ramos autónomos se asignaron 137 mil 89 mdp, equivalentes al 2.17 por ciento, del total del 2021, con incremento del 15 por ciento respecto al 2020; todos los rubros registraron incremento, el más significativo fue el INE que pasó de 16 mil 660 mdp en 2020 a 27 mil 689 mdp en 2021, un incremento del 66 por ciento; al Inegi le recortaron 8 mil 826 millones de pesos, equivalentes al 46.7 por ciento, para quedar en 7 mil 746 mdp.

En ramos administrativos, cuyos componentes son las secretarías de Estado, registraron un incremento del 8 por ciento al pasar de 1 billón 148 mil 400 mdp en 2020 a 1 billón 244 mil 235 mdp; a excepción de la oficina de la presidencia cuyo presupuesto se redujo en 12.3 por ciento quedando en 805 mdp en 2021. Vieron aumentar su presupuesto Defensa en 19.7 por ciento, Marina 5.7, Educación Pública 3.6, Salud 12.8, y Bienestar 4.7.

Los rubros de entidades sujetas a control presupuestario directo, integran al ISSSTE y al IMSS representando el 20.2 por ciento del total presupuestado, registrando un incremento del 8.6 por ciento respecto a 2020, para quedar en 1 billón 275 mil 212 mdp, el último apartado se refiere a las empresas productivas del Estado: Pemex y CFE que representan el 18 por ciento del total, con un incremento de apenas el 0.6 por ciento.

El anexo 12 se refiere al Programa de ciencia tecnología e innovación, si bien registra un pequeño incremento del 4 por ciento respecto al 2020, para quedar en 102 mil 720 mdp, de los cuales el 15.

5 por ciento son recursos generados por las propias organizaciones, como el caso de Conacyt, cuyo presupuesto para este 2021 ascendió a 26 mil 573 mdp, superior en 3.5 por ciento al de 2020, aumentó a 30 mil 291 mdp por los recursos a generar por el propio Conacyt.

Sin embargo, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales Agrícolas y Pecuarias se le recortó su presupuesto en 8 por ciento, a la Universidad de Chapingo en 19 por ciento, la dirección general de innovación servicios y comercio exterior que formaba parte de la Secretaría de Economía simplemente desapareció, cuando en 2020 tenía un presupuesto de 175 mdp, al Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático se recortó su presupuesto en 6 por ciento.

La transformación que el país requiere no solo es la eliminación de la corrupción, sino impulsar la economía del conocimiento, cuyo soporte sea la construcción de redes locales, estatales e internacionales de investigación, desarrollo tecnológico e innovación, mediante un permanente flujo de conocimientos en toda la sociedad, donde las universidades, con modelos educativos que tengan como eje al pensamiento crítico y la creatividad disruptiva, se construya un programa marco de alcance nacional, a corto, mediano y largo plazo, contemplando la modificación de las funciones del Estado, reconociendo la creciente importancia de las innovaciones y la sustentabilidad en el desarrollo. De no hacerlo caeremos en una sociedad distópica.

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