En la anterior entrega dominical del libro Pretensiones señoriales, de Francisco Jiménez Abollado y Verenice Ramírez Calva, señalamos que la publicación pretende desarrollar una línea de investigación en torno a la figura de don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzintzin y sus herederos hasta el fin del periodo novohispano, apoyada por diferentes estudios centrados en don Pedro Moctezuma y sus primeros descendientes, los cuales sirvieron para abrirse paso en el maremágnum documental existente sobre este personaje y su familia en archivos mexicanos y españoles, algunos de ellos particulares de historiadores.

Por otra parte, la mayoría de las investigaciones que se han realizado en torno a la figura de don Pedro Moctezuma y su familia son escasas y recientes. Precisamente, los primeros trabajos sobre don Pedro Moctezuma y su linaje fueron realizados por Amada López de Meneses, especialista en la genealogía e historia de la familia Moctezuma, antes de la década de 1960. La tesis no publicada de Ann P Hollingsworth Pedro de Moctezuma and his descendants 1521-1718 es uno de los primeros trabajos donde se analiza la figura del hijo de Moctezuma II y sus descendientes hasta principios del siglo XVIII, empleando fuentes documentales primarias procedentes tanto del Archivo General de la Nación de México como del Archivo General de Indias de Sevilla. Donald E Chipman retoma a don Pedro y su familia resumiendo en un capítulo el planteamiento de Hollingsworth. Chipman considera que los descendientes de Moctezuma II, empezando por don Pedro, supieron usar la legislación hispana y la costumbre prehispánica para mantener y mejorar su estatus durante el periodo colonial.

Aunado a ese planteamiento han aparecido diversos artículos y capítulos de libros en torno a la figura de don Pedro Moctezuma y sus herederos. Entre ellos cabe destacar las aportaciones de Beatriz Arteaga Garza, las ya referidas de Amada López de Meneses, George Baudot, Carlos Álvarez Nogal y José Luis de Rojas.

Como señala Margarita Menegus, algunos historiadores que han analizado la institución del cacicazgo y la nobleza indígenas en el periodo virreinal han querido ver al cacicazgo como la versión indígena del mayorazgo castellano. Es decir, hay elementos entre ambas instituciones que pudieran ser similares, como el origen de los bienes, el régimen sucesorio, las implicaciones y limitaciones legales del vínculo, etcétera. Más allá de la discusión acerca del paralelismo que pudiera existir entre el cacicazgo y el mayorazgo, en relación a que el primero ha sido considerado como la versión indígena del segundo, es importante señalar que en el estudio se analiza el mayorazgo de un principal y gobernador indígena, don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzintzin, desde el matiz por el cual se instituyó su origen netamente castellano. De todas formas, como se irá apreciando a lo largo del trabajo –y aquí se están mostrando algunas pinceladas–, la impronta indígena aflorará en la evolución de esta institución en el entorno de don Pedro y sus sucesores.

Trabajos como los de Charles Gibson, William Taylor, Delfina López Sarrelangue y, más recientemente, Stephen M Perkins y John K Chance, desde diferentes perspectivas, recogen estos rasgos, centrados mayormente en regiones de Oaxaca y Puebla. Para otras áreas de Nueva España, especialmente el Altiplano central y sus alrededores, los estudios sobre el cacicazgo y su particular relación con el mayorazgo, como recoge Menegus, son escasos. La región de Tula, al norte del Valle de México, es una de esas áreas donde encontramos una laguna historiográfica importante cuando se intenta analizar de una manera sistemática a la nobleza indígena en el periodo virreinal. Adentrarnos en el estudio de personajes como don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzintzin y sus descendientes, gracias al empleo de una abundante y variada documentación histórica, nos va a permitir dar a conocer diferentes pormenores sobre la nobleza indígena de Tula, sus nexos con la Corona y las autoridades virreinales, así como sus querellas con otros principales y las repúblicas de indios de esta jurisdicción.

Para don Pedro Moctezuma y sus primeros descendientes –sus hijos don Martín y don Diego Luis– la salvaguarda de las pretensiones señoriales que perseguían sobre la jurisdicción de Tula y los deseos de ver premiados con mercedes su descendencia de Moctezuma II, además del acatamiento a la Corona hispánica, fueron los ejes sobre los que se desarrolló la especial relación entre cacicazgo y mayorazgo, con unas peculiaridades propias de otros trabajos que sobre esta cuestión se han realizado en otras áreas del virreinato novohispano.

El argumento cardinal y la importancia de este trabajo radican en el proceso de integración de los denominados bienes patrimoniales de origen prehispánico y mercedes coloniales de don Pedro Moctezuma Tlacahuepantzintzin, en el mayorazgo creado por él en 1569, así como en su desenvolvimiento posterior hasta principios del siglo XVII. La cuestión del origen de dichos bienes y la lucha por su control, una vez consumada la conquista española, fue el meollo de un conflicto en torno a la titularidad de un cacicazgo donde intervienen diversos intereses. Por una parte, el empeño de don Pedro Moctezuma por disfrutar las tierras que consideraba de origen pillalli y que asumía como herencia de su linaje o tecpan; por otra, los caciques o principales que consideraban las tierras como usufructuarias y pertenecientes a los distintos tlatoques. Entre 1540 y 1561 se presentó un conflicto jurídico y territorial entre don Pedro Moctezuma y su madre, doña María Miahuasuchitl, con los principales de Tula en torno a la potestad de 21 estancias en la jurisdicción de Tula, que ambas partes reclamaban como patrimonio inherente. Las estancias, junto a la merced de 3 mil pesos de oro de minas que la Corona concedió a don Pedro Moctezuma en 1567, vinculadas a su mayorazgo, además de sus propiedades inmobiliarias en el barrio de San Sebastián Atzacoalco en México Tenochtitlán, suponían el patrimonio del hijo de Moctezuma Xocoyotzin.

Mientras que la merced monetaria y las propiedades de la ciudad de México fueron vinculadas sin problemas al mayorazgo fundado, las tierras de Tula no empezaron a hacerlo hasta que don Pedro Moctezuma lo dispuso en su testamento, días antes de morir, en septiembre de 1570. Sucesivas sentencias dictadas por el Consejo de Indias restituyeron a esa rama de los Moctezuma las 21 estancias de Tula, que permanecieron bajo su control durante todo el periodo virreinal. Las sucesivas “vistas de ojo” y tomas de posesión de dichas estancias desde mediados del siglo XVI hasta finales del siglo XVIII así lo atestiguan.

Los investigadores e interesados deben reconocer el escaso interés que historiográficamente han despertado, dentro del entorno de la Casa Moctezuma, las figuras de don Pedro Moctezuma y sus descendientes, a diferencia de su hermana doña Isabel Moctezuma y su entorno familiar. Partiendo de tal premisa, este trabajo pretende ser novedoso porque, además de ocuparse de aspectos ya debatidos y tratados por otros historiadores –escudo de armas, títulos nobiliarios, vicisitudes en la península Ibérica—, se recurrió a una institución como el mayorazgo instituido por don Pedro Moctezuma en 1569, que sería el eje por el que transcurrió una serie de aspectos hasta ahora poco estudiados. Por ejemplo, el asunto de la naturaleza de las tierras, las 21 estancias de Tula y la pugna con los principales indígenas de esta jurisdicción; las oposiciones de los fiscales de la Real Audiencia de México a las pretensiones de don Pedro por esas tierras que consideraba de su patrimonio materno; la fugaz, pero interesantísima y fundamental figura de don Martín Moctezuma soslayada por los escasos historiadores que se han adentrado a indagar en los hijos de don Pedro Moctezuma; el polémico papel de la madre de don Martín, doña Inés Tiacapan, en los asuntos del mayorazgo después de la muerte de su hijo y sus demandas; y menos aún han sido objeto de estudio los avatares de don Diego Luis Moctezuma, hijo de don Pedro y hermano de padre de don Martín para tomar posesión del mayorazgo, y los problemas de índole administrativo, económico y judicial a los que se enfrentó.

Las fuentes documentales examinadas han sido fundamentales en este proyecto. Tanto las procedentes del Archivo General de la Nación, en México; como las del Archivo General de Indias, en Sevilla, han formado un corpus documental valiosísimo y fundamental para enfrentarnos a los aspectos novedosos anteriormente reseñados. Por ende, le concedemos una importancia substancial a dichas fuentes históricas. En la segunda parte de este trabajo presentamos un total de 73 documentos, muchos de ellos inéditos. Se pretende con ello aportar a la comunidad científica, interesada en el estudio de la nobleza indígena, claves para entender el proceso de formación de un mayorazgo indígena novohispano, donde se unen los elementos legales castellanos y las raíces de origen prehispánicas para instituir un vínculo, cuya transcendencia perdurará hasta bien avanzado el siglo XIX. La transcripción que se ha empleado ha sido la modernizada, conservando del texto original los topónimos y los nombres propios.

En estas merecidas vacaciones recordemos que leer y saber leer es lo único que nos puede llevar a ser mejores como individuos y como sociedad.

Las publicaciones pueden consultarse en las bibliotecas de la Autónoma de Hidalgo y en la librería Carácter de Ciudad del Conocimiento. Esperamos sus comentarios en la dirección electrónica: [email protected]

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