Pachuca.- La obesidad infantil es un problema de salud pública a nivel mundial que está presente tanto en países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo, afirmó la maestra Juliana Kain Berkovic, profesora investigadora del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Chile y experta en el tema, en la introducción del artículo titulado “Evaluación de una intervención en educación alimentaria y actividad física para prevenir obesidad infantil en escuelas públicas de Santiago de Chile”, publicado en 2012 junto con otros colegas.

La especialista
y el también experto en la materia Marcos Galván hablaron sobre prevención de obesidad infantil en el programa “Luciérnaga” de Radio UAEH

En ese apartado, la experta explicó que en el caso de Chile, la obesidad incrementó de 8 por ciento registrado en 1987 a 23 por ciento para 2010 en niños y niñas de primer grado, es decir, de alrededor de seis años, alumnos de escuelas públicas, que corresponden a 92 por ciento del total de planteles en ese país de Sudamérica.

Para enfrentar ese problema, el gobierno chileno implementó diversas estrategias y el sector privado se sumó con el programa Acción responsabilidad social empresarial con la estrategia NutriRSE. Sin embargo, las evaluaciones de las iniciativas han sido parciales, por lo tanto no conocían el impacto en el estado nutricional de los niños.

Ante esa realidad, investigadores de la Universidad de Chile, liderados por Juliana Kain, diseñaron, implementaron y evaluaron diferentes intervenciones en escuelas para prevenir ese problema de salud pública entre estudiantes de educación básica, desde 2002.

En el periodo de 2002 a 2004, investigadores del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile realizaron un seguimiento de tres años a niños y niñas de seis a 12 años, pertenecientes a tres escuelas públicas intervenidas con educación nutricional y actividad física en la comunidad semirural Casablanca y una escuela control en la ciudad cercana conocida como Quillota, gracias al financiamiento de una empresa local de alimentos, a quienes preocupó la obesidad entre sus trabajadores y sus hijos.

Con su intervención lograron disminuir la obesidad inicial de 17 a 12 por ciento en niños y de 14.2 a un 10.3 por ciento en niñas de las escuelas intervenidas, mientras que en la escuela control la obesidad aumentó.

Como continuación de esa intervención, los investigadores liderados por Juliana Kain implementaron un programa similar en todas las escuelas públicas de una comunidad de nivel socioeconómico bajo, situada en la zona sur-oriente de Santiago, llamada Macul.

En ese lugar incluyeron a niños y niñas de cuatro a siete años, con base en la experiencia de Casablanca, que demostró un mayor impacto en la disminución de la obesidad cuando intervienen en escolares de menor edad.

En el caso de Macul, por ser un programa municipal que debía abarcar todas las escuelas de la comunidad, no fue posible dejar una escuela control sin intervención. Sin embargo, al evaluar el programa obtuvieron resultados positivos.

Conclusiones

Kain Berkovic concluyó que los programas de prevención y combate al sobrepeso y obesidad solo son positivos si hay una combinación de cambios en la alimentación y un aumento en el ejercicio físico.

Durante las intervenciones que realizaron en escuelas de ese país al sur del continente americano, entre 2002 y 2004 revisaron lo que sucede con las clases de educación física, las cuales, a pesar de estar dentro del programa educativo, duran poco tiempo y en varias ocasiones son canceladas o los planteles no cuentan con los espacios adecuados para su impartición.

Para demostrar la importancia de esa actividad, los investigadores efectuaron mediciones a un amplio número de estudiantes sobre su resistencia aeróbica por grupos de edad y género, y encontraron que alrededor de la mitad de niños y niñas tiene una resistencia mala, así como que las niñas realizan menor actividad física que los niños y, por lo tanto, sus condiciones son aún más preocupantes.

Esos resultados los llevaron a plantear a las autoridades la necesidad de capacitar a profesores de educación física, solicitar a directivos que vigilen que las clases se lleven a cabo, duplicar el tiempo dedicado a esa materia. De manera reciente elaboraron, con financiamiento del Ministerio de Educación, un programa diario de 15 minutos de actividad física para estudiantes de primer grado.

Tras realizar diversas intervenciones en escuelas de Chile y llevar a cabo estudios científicos en cada programa, el grupo de investigadores liderados por Juliana Kain concluyó que las principales dificultades son seis:

  1. Que las escuelas tienen otras prioridades académicas, antes que preocuparse por el sobrepeso y obesidad del estudiantado
  2. El tiempo de capacitación para profesores en ese tema es muy limitado
  3. Un aspecto importante es la pérdida de clases de educación física y la baja calidad de las mismas
  4. Las tiendas que ofrecen alimentos dentro de las escuelas, por ser negocios privados, no se involucran en los programas de prevención de la obesidad porque finalmente la venta
    de golosinas les reditúa más ganancias
  5. Los planteles educativos deben implementar varios proyectos de manera simultánea en materia de salud, ecología, festividades, entre otros; eso dificulta que dediquen tiempo a la educación para una alimentación saludable y el ejercicio físico
  6. La dificultad para que madres y padres asistan a las reuniones de capacitación, pues en su experiencia solo 30 por ciento asistía de manera regular

Problemática

La actual situación epidemiológica del mundo y de nuestro país refleja que la obesidad es un problema importante de salud pública y nutrición, aseveró la profesora investigadora Juliana Kain, quien añadió que ese escenario en los escolares se ha asociado a una insuficiente actividad física y a un elevado consumo de alimentos elaborados con alto contenido de grasas saturadas, azúcar y sal.

De acuerdo con un estudio citado por Kain en el artículo científico “Cambios en el patrón de consumo de alimentos en escolares chilenos”, publicado en 2011, 60 por ciento de los estudiantes disponía de dinero para comprar alimentos en la escuela y lo que más compraban eran productos envasados dulces en 35 por ciento de los casos, jugos y helados en 33 por ciento y productos envasados salados en un 30 por ciento. Además, 11 por ciento compraba yogur y solo 7 por ciento consumía fruta.

Más de 80 por ciento de los niños indicó como motivaciones para comer alimentos no saludables que estos eran ricos, casi 50 por ciento manifestó que los consumía porque estaban disponibles en la tienda escolar y porque eran baratos solo 38 por ciento de los escolares.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), existe evidencia convincente de que un estilo de vida sedentario y la alta ingesta de alimentos con alto contenido energético y pobre en frutas, verduras, legumbres, lácteos sin grasa y pescado, aumentan el riesgo de obesidad. Se ha demostrado que un adecuado ambiente en el hogar y escuelas, que induzca a elegir y consumir alimentos saludables, podría disminuir ese riesgo.

 

Científica invitada

Juliana Kain Berkovic

Es bioquímica por la Universidad de Minnesota y tiene maestría en salud pública por la Universidad de California Los Ángeles (UCLA), ambas en Estados Unidos.

Es profesora asociada y coordinadora de la maestría promoción de la salud y prevención de enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición y la obesidad, en el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos en la Universidad de Chile.

En su larga trayectoria como investigadora científica su principal área de interés es la prevención de la obesidad infantil. Es autora de más de 74 artículos científicos de impacto internacional.

Sus líneas de investigación son dos: factores epidemiológicos que inciden en la obesidad infantil y la prevención de obesidad a nivel escolar, desde el diseño, implementación y evaluación de intervenciones, las cuales realiza desde 2002.

En la actualidad es investigadora principal en cinco proyectos apoyados por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt) de Chile; además de varios trabajos financiados por la empresa Tresmontes Lucchetti y uno más por Corporación Municipal de Ñuñoa.

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