“Por el bien de todos, primero los pobres”. Frase acuñada por el oriundo de Macuspana en sus tres campañas presidenciales; finalmente ese discurso se volvió estratégico para derrocar al partido hegemónico en 2018. En el documento “AMLÓpolis”, Andrés Manuel López Obrador hizo durante el último periodo proselitista una serie de compromisos acerca del sector de la vivienda e infraestructura. El propósito es cubrir el rezago habitacional, por un lado, al aumentar la vivienda en renta dirigida a la población de bajos ingresos y jóvenes, y por otro, rediseñar los programas de apoyo. El primer propósito resulta contradictorio a los intereses del grueso de la población, pues obtener un crédito hipotecario, por eterno que ese sea, es siempre una legítima aspiración para quienes han trabajado toda su vida para ampliar su patrimonio. Por otra parte, cuando se habla de rediseñar los programas, pocos en Hidalgo imaginaron que se reducirían los subsidios para adquirir una casa propia. El punto tres de “AMLÓpolis” habla de garantizar la vivienda adecuada a la población de menor ingreso, enfocando los recursos de programas y acciones del sector público a esos propósitos. En el estado, en 2019, ese objetivo estará lejos de alcanzarse. En la edición de este domingo le presentamos en Libre por convicción Independiente de Hidalgo el seguimiento a la colocación de créditos Infonavit. El panorama es el mismo que hace unas semanas, la entidad está en el sótano en ese apartado. Para los desarrolladores locales el lento avance puede ser, entre otras cosas, a la escaza cantidad de subsidios federales asignados, los cuales ascendieron a un monto de 15 millones 286 mil 548 pesos, con lo que apenas se cubren 225 apoyos de ese tipo. Ese escenario provocaría desaceleración al sector, es decir, una menor demanda, que a la fecha alcanza ya 50 por ciento con respecto al año pasado. Y es que ese tipo de apoyos eran necesarios para que los derechohabientes con salarios bajos, que son mayoría en Hidalgo, accedan a un crédito de vivienda. Al no existir subsidios, la adquisición se ve frenada. Más claro ni el agua. Adiós a las aspiraciones de cientos de jóvenes o familias que ven reducidas sus posibilidades de una casa propia. Si tomamos en cuenta, además, que son pocas las unidades habitacionales que venden con la ventaja del subsidio. ¿Primero los pobres? Al parecer la política federal en materia necesita entrar a quirófano, de lo contrario el discurso será tan aberrante como pagar renta. De filón. La trágica experiencia del 18 de enero poco a poco parece olvidarse, hay quienes insisten en continuar en el huachicoleo como medio de subsistencia a costa de la seguridad colectiva.

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