El humo cubría toda la orbe, un velo ceniciento de contaminación que impedía el paso de las estrellas hacia desiertos perpetuos, árboles marchitos, metrópolis interminables de edificios grisáceos como los huesos expuestos pero artificiales de un planeta moribundo, convulsionado de polución; la imagen fue difuminándose lenta e irremisible como la chispa de la vida, y despertó.
Despertó a la oscuridad.
En penumbra completa, tardó un lapso indeterminado en comprender qué había soñado, e intentó concentrarse para capturar los recuerdos del sueño, que se le escurrían como la arena del tiempo entre las manos de su memoria. Los primeros fragmentos que recuperó eran aciagos sucesos de una ¿futura? existencia, ¿pudo tratarse entonces de una premonición ominosa? Entonces se dijo que había tenido una pesadilla.
Pero no, no todo había sido terrible. Hurgó más atrás, y más y más. Rodeado de oscuridad, recobró fragmentos de su sueño, primero diminutos, luego fueron dilatándose hasta convertirse en piezas gigantes de un rompecabezas que parecía abarcar eras completas.
Si fuesen tan amplias, ¿cuánto tiempo había estado soñando? ¿Cuánto tiempo había estado durmiendo? Tal vez no tanto, el tiempo carece de dimensiones tasables dentro del sueño, se dijo.
Encontró segmentos de su sueño que no eran tan terribles como lo fue el final, donde antes que la polución del firmamento existía el azul, y el verde anterior a los bosques ajados, y la esperanza antes de las metrópolis contaminadas, y la vida antes de la inexistencia.
Comprendió que no había sido por completo pesadilla, sino una idea realizable de armonía, de prosperidad, un proyecto de vida que podía materializar con sus facultades; sin embargo, debía llevarlo a cabo con sumo cuidado para evitar el fin premonitorio de una civilización devastada.
Se preguntó cómo hacerlo sin errores, removió en los inicios del sueño, yendo hacia atrás, hacia el punto de quiebre insinuado en el inicio, la divergencia que diferenciaba la prosperidad de la perdición absoluta. Palpó, tanteó, hizo un esfuerzo entre la oscuridad que lo envolvía y la de su memoria por hallarlo, por redescubrirlo, sabía que estaba en alguna parte, lo había vislumbrado por el rabadillo de su conciencia… y lo encontró.
Dudó un momento. Dudó entre conformar este sueño, no era el primero que tenía pero sí el más prometedor; era arriesgado, pero hizo un compromiso para consigo de estar presente en la construcción de su idea, aunque le llevara la existencia en ello.
Decidió hacerlo, contaba con los recursos. Inspiró, se calmó, y comenzó. Lo primero que debía hacer era apartar la oscuridad de su rededor, así que Él dijo: “hágase la luz”, y la luz se hizo.

Maratón Anual de Lectura 2017, semana uno

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la esperada, emocionante e inigualable competición literaria del año, y le doy la bienvenida a los valientes contendientes e intrépidas competidoras a este maratón, haciendo una nueva invitación a unirse a esta pugna en búsqueda del campeonato del lector/a más voraz. Haga sus apuestas, forme bandos y, en especial, lea mucho. Les presento a quienes aceptaron el reto e inician desde este momento la lucha literaria: Leonardo Muñoz (actual campeón), Rocío Muñoz Hernández, Leticia Andrade Martínez, Leslie Edith Varela Saavedra y su apuesto servidor.

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Egresado de la UAEH, amante de la ciencia ficción, cafeinómano empedernido y simpatizante indiscriminado del chocolate