Producción editorial en tiempos de pandemia

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“Igualmente, el nacimiento, la vida y la muerte del individuo pueden ser considerados como el descenso a la inconsciencia y el regreso”
Joseph Campbell

Con gran júbilo hemos cumplido este mes tres años de trabajar por la divulgación de la cultura, ciencia y educación, haciendo de esta columna de opinión un foro abierto a las propuestas que fortalezcan el desarrollo humano; por ello, hemos preparado un especial para ustedes mis queridas y queridos lectores.

La cultura se manifiesta por la necesidad de resistir, pero no en el sentido de un capricho o una necedad, es un fenómeno humano inherente a su gente. Para los artistas se vuelve un poco más complicado, parecería que se trata del oxígeno mismo.

Esa necesidad de resistir es la necesidad de existir. Por ello, a pesar de las dificultades y en estos tiempos de pandemia que vivimos, la cultura no podría morir; sobrevive y se perpetúa en los distintos proyectos vigentes de la escena cultural del mundo y en particular en la de nuestra micro-esfera hidalguense.

Podemos ver el ejemplo de la Editorial Cipselas, que ha seguido trabajando y desarrollando proyectos en estos escenarios tan complejos. A lo mejor es una forma de refrendar el compromiso con sus autores y lectores.

Con tres títulos nuevos llevados a la luz durante la pandemia: El poemario El haikú de la escalera, del poeta colombiano Edilson Villa; La aurora de la tempestad, antología de voces femeninas, y La naturaleza del rinoceronte, por el escritor hidalguense Irving Jesús Carbajal.

A continuación, la editorial hidalguense artesanal saca la premisa de un nuevo título, se trata de una novela titulada La dama, del escritor y periodista chileno Jorge Orellana Lavanderos; y para muestra de lo que viene muy pronto, junto con una presentación a viva voz del autor, la editorial comparte con nosotros el prólogo escrito por la editora América Femat.

Existir o no existir

La dama, de Jorge Orellana Lavanderos

Como un relámpago que enciende la caverna de nuestra mente, irrumpe esta novela La dama, del escritor chileno Jorge Orellana Lavanderos, y bajo la narración profunda de una trama progresiva y caleidoscópica, va mostrando los sinsabores de la existencia humana a través de la mirada de una mujer aparentemente común; sin embargo, ¿qué es ser común en un mundo banalizado? Un mundo al revés, absurdo; desde luego, vislumbrado en esta obra: “Hoy me siento libre… Libre al fin! –dijo ella, con un énfasis casi desafiante–. Tal vez sea tarde, es cierto –reflexionó–, pero tengo la indescriptible sensación de sentirme finalmente dueña de mis decisiones”. Confesiones que en boca de la protagonista especulan, de los guiños que anticipan la transformación de ella y su entorno.

La dama es una obra cercana al testimonio, en particular, al de una mujer de carne y hueso que decide expresarse ante los oídos atentos de un confidente. No obstante, como toda heroína, abrirá la caja de pandora; bajo el escenario desolador de su mundo, se convierte en la gran observadora de sí misma; lúcida y valiente, va desentramando los hilos profundos que teje la enfermedad de su alma y de su cuerpo; ayudada por el soporte amistoso de su confesor-escritor.

Ella presiente aproximarse al sentido de su vida ante la revelación de su muerte.

Darle sentido es redimirse, saber que se ha vivido como hasta ahora, lo mejor posible; también, es devolverle a la vida en tiempos inhumanos, algo de humanidad y alegría.

Es inminente para el lector de esta novela, un absoluto, existir o no existir, algo que es imprescindible tratar y ahondar en nuestros tiempos; son aquellos los problemas del cuerpo y del corazón; más todavía, del alma y del espíritu: lo verdaderamente sagrado que ha quedado adormecido y trivializado.

Ahondar en su tratamiento es crear un puente sencillo y comunicante que nos permita conocer y reconocer en nosotros mismos, aquellos pasos apenas andados; recomponerlos será el regalo que nos precisa.

Para algunos será evidente, para otros podrá pasar por alto como una broma más del destino, empero, no existe la felicidad si no ahondamos cada segundo en el caminar de nuestra existencia. Así lo expresa la protagonista: “Jamás elegí el camino, este siempre me fue impuesto por otras personas o por alguna circunstancia de la vida”.

El paso está dado, la capacidad de observarnos es entrar en armonía con el ciclo de la vida. ¿Es posible entender aquello, antes de que llegue la trágica y prometida cesura de nuestros pasos? De esto trata el maravilloso drama humano, que redescubre el misterio de la existencia. Esta historia no podrá dejarnos indiferentes, ante la mirada propia y femenina que busca su redención.

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