Instalado el siglo XXI y sus promesas de mundo global (léase conocimiento, información, nuevas tecnologías e interconectividad), hay un tema que hoy es una factura pendiente de la premodernidad: la violencia contra las mujeres.
Sin exagerar, este fenómeno no es exclusivo de México sino del mundo. Hay una industria pujante que hoy esclaviza a las mujeres. Lydia Cacho, en Esclavas del poder, denunció que en el mundo la tríada que lo sostiene es el narcotráfico, las armas y la esclavitud sexual de mujeres. Así de grave que la mitad de la humanidad resienta la desigualdad ancestral que lejos de remontarse se agudiza a datos y cifras espeluznantes. Si en algún momento denunciamos la cosificación de las mujeres en la publicidad, este hecho es de párvulos frente a la trata de mujeres con fines de servidumbre sexual.
A un mes de celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el 25 de noviembre, es importante reflexionar sobre el entorno que la favorece.
La cultura por supuesto naturaliza el control de los cuerpos, aspiraciones y desarrollo de las mujeres. Sabido es que contra lo que se diga se sigue pensando que nuestro espacio ideal de realización es la maternidad y el cuidado de los otros, quien se mueva de esa consigna de vida está condenada a sufrir las consecuencias.
Por supuesto la amalgama entre “libertades” y ganancias del desarrollo de los tiempos nos permite acceder a actividades y espacios antes no soñados, pero contra esto se nos sigue encasillando al uso del cuerpo. Las denuncias y reclamos ancestrales de mujeres vanguardistas en México y el mundo han permitido se tipifiquen figuras como el acoso y hostigamiento sexual, la violación y discriminación por razones de pertenencia a un sexo, pero las mentalidades no se han podido poner al día, trascender mandatos que por todos los medios nos dicen que no somos iguales mujeres y hombres, que si transgredimos ciertos cánones debemos pagar el precio. Basta reflexionar sobre el papel de mandatarias en el mundo y la reciente visualización de la candidata presidencial de Estados Unidos, Hillary Clinton.
¿Qué hacer entonces?
Insistir, denunciar, reflexionar y luchar porque el discurso político y la plataforma legal se hagan realidad porque ya no podemos vivir, la inseguridad cotidiana nos avasalla y a veces paraliza frente a la cifra de feminicidios, de trata de mujeres, de acoso velado pero real. Los números no mienten:
“Entre 2013 y 2015, 6 mil 488 mujeres fueron asesinadas, según datos desprendidos de las estadísticas del Inegi. Lo que supone un 46 por ciento más que en el periodo entre 2007 y 2009.
“El Estado de México registró mil 45 homicidios de mujeres en los últimos tres años. Le siguen Guerrero, Chihuahua, la Ciudad de México, Jalisco y Oaxaca, con 512, 445, 402, 335 y 291 asesinatos de mujeres, respectivamente, en el mismo periodo. Otras entidades que de 2013 a 2015 registraron un elevado número de esos crímenes, por encima de 200, son: Tamaulipas, Puebla, Veracruz, Nuevo León, Michoacán, Guanajuato, Baja California y Coahuila.
“Programa universitario de derechos humanos de la UNAM, la ola de violencia que se agudizó en 2012 contra las mujeres en distintas entidades “no solo refuerza la clasificación del G-20, (sino que) también evidencia lo peligroso que sigue siendo el ser mujer en este país.”
Según la encuesta nacional de Parametría, dos de cada cinco entrevistados (40 por ciento) saben de alguna mujer maltratada física y emocionalmente, y una proporción similar (35 por ciento) también conoce a algún familiar o amistad del género femenino que sufre violencia en el hogar. En menor medida, 29 por ciento de la población tiene alguna conocida que ha sido discriminada por su género; 21 por ciento ha sabido de casos relacionados con acoso sexual; 12 por ciento ha oído de mujeres violadas y/o asesinadas; y uno de cada 10 encuestados asocia situaciones de abandono (11 por ciento), desaparición (8 por ciento), y/o privación de la libertad (7 por ciento) con alguna de las mujeres de su círculo social más cercano.
“El estudio de la UNAM dice que analistas como Lourdes Romero afirman que el problema de la violencia contra la mujer reside en la aceptación social. Una tercera parte de la sociedad mexicana concuerda con ese juicio; en el ejercicio de Parametría, 37 por ciento de la población cree que la sociedad es la principal responsable de la violencia que sufren las mujeres; 36 por ciento culpa al gobierno de la situación y 18 por ciento atribuye a las propias mujeres dicha condición. El porcentaje de mexicanas que asegura que las mujeres son las culpables de su situación (23 por ciento) es considerable en comparación con la respuesta de los hombres y la población general.” (Almudena Barragan, Suben feminicidios en México: 6 mil 488 mujeres asesinadas entre 2013 y 2015, EcoMex10, 8/03/2016, http://www.economiahoy.mx/nacional-eAm-mx/noticias/7406635/03/16/Siete-mujeres-mueren-al-dia-en-Mexico-victimas-de-la-violencia.html)

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Doctora en ciencias políticas y sociales por la UNAM y especialista en estudios de la mujer por El Colegio de México. Periodista colaboradora en medios desde 1987. Defensora de lectores y articulista del diario Libre por Convicción Independiente de Hidalgo. Integrante del consejo editorial de la agencia de noticias Comunicación e Información de la Mujer AC. Docente universitaria desde 1995 en la UNAM. Profesora investigadora de tiempo completo en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo desde 2008. Integrante y cocoordinadora del grupo de investigación Género y Comunicación en la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación. Línea de investigación y publicaciones sobre periodismo, comunicación y género.