México, un país con una diversidad cultural que deja asombrados a muchos paisanos y extranjeros que desean conocer este país y que puede posicionarse al lado de otras naciones por su historia y bagaje cultural amplio y sin igual.
Tiene una historia única llena de muchos sacrificios y por supuesto personajes que hacen de este país un lugar no solo interesante, enigmático y profundamente misterioso, sino incluso paradójico y sin igual; como se ha mencionado en este espacio, la historia se transforma haciéndose única no solo por lo que se conoce de ella en los libros, sino también por lo que se investiga día a día para lograr desentrañar aquellos misterios y datos curiosos que hacen interesante esta materia no solo en México sino en el mundo entero.
Existe en la historia un personaje que fue emperador de EU y el máximo protector de México, y aunque no lo sabemos con seguridad es posible que se proclamara –al andar del tiempo– también emperador de México, pero ¿quién es ese personaje singular?, un lunático, un ególatra, un soñador o un oportunista del momento justo, por eso para familiarizarnos con el narrare la historia de Norton I, el emperador de EU y protector de México.
Joshua Abraham Norton nació en Inglaterra, tal vez en Londres. Las fechas varían entre 1814 y 1819. Algunas fuentes enumeran su fecha de nacimiento como 14 de febrero de 1819. Su obituario en el San Francisco Chronicle, utilizando la mejor información obtenible, cita la placa en su ataúd que decía que el emperador estaba alrededor de los 65, sugiriendo su año de nacimiento como 1814. De hecho, se sabe muy poco de su vida hasta que en 1849 llegó a San Francisco en plena fiebre del oro dispuesto a hacer fortuna comerciando.
Los registros de inmigración indican que tenía dos años en 1820 cuando sus padres emigraron a Sudáfrica. La genealogía sudafricana indica que su padre era John Norton (muerto en agosto de 1848) y su madre era Sarah Norden. Sarah era hija de Abraham Norden y sobrina de Benjamin Norden, un comerciante judío próspero que tenía una tendencia a demandar a los miembros de su propia familia.
Lo anterior es respaldado por Cowan (1923) que dijo que el emperador Norton I “era de origen judío hebreo”. Emigró de Sudáfrica a San Francisco en 1849 después de recibir un obsequio de 40 mil dólares de su padre (posiblemente su herencia). Durante un tiempo le fue bien y llegó a acumular bastante dinero.
Hacia el año 1853 había reunido 250 mil dólares. Pero se tornó ambicioso: decidió acaparar arroz comprando todos los cargamentos, pues las importaciones de China se vieron detenidas por un veto debido a los precarios tiempos de hambruna en dicho país. El precio subió de cuatro a 36 centavos, pero se negaba a vender, quizá esperando que el acaparamiento le diera una mejor oferta y el momento justo para vender. De repente llegó toda una flota del Perú cargada de 100 toneladas de arroz y los precios se derrumbaron.
Norton quedó arruinado. Tras un largo litigio con sus asociados entre 1853 y 1857 (en el que Norton resultó vencido aun cuando al principio iba ganando) se declaró en bancarrota. En 1858 decidió dejar la ciudad por un tiempo.
Si bien en algún momento en casa de unos amigos habría comentado que si el fuera emperador de los Estados Unidos verían grandes cambios efectuados, esto no es suficiente para especificar si su pronunciada excentricidad fue un aspecto permanente de su psicología o si afloró como resultado de su desgracia financiera.
Está claro sin embargo que después de su pérdida de estabilidad económica Norton comenzó a mostrarse un poco extraño y a padecer delirios de grandeza.
Continuará…

Comentarios

COMPARTIR
Artículo anteriorCuernudos
Artículo siguienteAyuntamiento de Pachuca: sin ánimo para negociar
Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.