El protector de México (Tercera parte)

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Arturo Moreno Baños

En un país republicano como EU sería impensable que existiera un emperador, sin embargo para sorpresa de la historia existió un hombre que para muchos estaba enloquecido, ya que se autoproclamó soberano de EU y protector de México.
Al instante se tomó como una burla, sin embargo poco a poco comenzó un ascenso meteórico entre todos los ciudadanos norteamericanos que simplemente tomándolo en broma, le siguieron el juego dándole un trato muy especial. Aparte de los favores, recibía ciertos reconocimientos como emperador. En 1870 se hizo un censo citadino, y en las formas referidas a un Joshua Norton (residente del número 642 de Commercial Street) el censor puso como ocupación “emperador”, hizo billetes de su propia denominación, y la municipalidad los valía y los cambiaba por dólares reales al mismo monto, llegando a pagar con ellos varios productos. Estos billetes hoy en día son una rareza evaluada en miles de dólares en casas de subastas.
Al estallar la guerra civil en 1861 siguió el curso de la contienda con “profunda preocupación”. Convocó a San Francisco al presidente Lincoln y a Jefferson Davis, presidente de la Confederación, para mediar entre ellos. Viendo que no comparecía ninguno y que ni siquiera le contestaban, ordenó un alto al fuego hasta que él “tomara su imperial decisión”. Implantó un sistema de impuestos: 25 a 50 centavos semanales a los tenderos y tres dólares semanales a los bancos. San Francisco se rió… pero la mayoría pagó.
Como fue un gobernante justo y honrado, no se enriqueció gracias a su posición. De hecho, en 1867, el oficial Armand Barbier de la Policía, arrestó a Norton por vagabundo. La gente se indignó mucho. Y no se tranquilizó hasta que el director de la Policía lo liberó y una delegación de concejales lo visitó y le pidió disculpas varias veces. El monarca era magnánimo, y olvidó el incidente.
Era tal la influencia del emperador que, en una ocasión, llegó a detener a una turba. Los manifestantes se dirigían indignados hacia las viviendas de los trabajadores chinos, dispuestos a apalear a varios de ellos, cuando Norton I se colocó frente a la manifestación, se subió a una caja para que todo el mundo le viera, y se puso a cantar. Y a continuación soltó un largo discurso sobre las ventajas de llevarse bien con todo el mundo y la necesidad de amar al prójimo. Debió ser grandioso, pues la enfurecida masa se transformó en un montón de gente sonriente de camino a su casa. Cuando su uniforme estuvo deslucido y harapiento, Norton dictó una proclama: “Sabed que yo, Norton I, tengo varias quejas contra mis vasallos, considerando que mi imperial guardarropa constituye una desgracia nacional”.
Al día siguiente el ayuntamiento aprobó una subvención para equiparlo de nuevo. El emperador de Estados Unidos (y protector de México) reinó durante 21 años. Siempre vivió en San Francisco, donde se convirtió en una atracción turística más.
El 8 de enero de 1880, Norton I, emperador de Estados Unidos y protector de México, murió de un ataque de apoplejía mientras se dirigía a una plática en la Academia de Ciencias Naturales. En 1980 San Francisco conmemoró el centenario luctuoso de su monarca con ceremonias a mediodía. A su entierro asistieron más de 30 mil personas, el cortejo se extendía por más de tres kilómetros. Al día siguiente de su funeral, el 11 de enero de 1880, hubo un eclipse total de Sol. Su necrológica decía así: “El emperador Norton no mató a nadie, no robó a nadie, no se apoderó de la patria de nadie. De la mayoría de sus colegas no se puede decir lo mismo”.
Fue enterrado en el cementerio Masónico, pero en 1934 fue situado, a expensas de la ciudadanía al cementerio Woodlawn, bajo una lápida con el epitafio: “Emperador de los Estados Unidos y protector de México”.

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Edad: Sin - cuenta. Estatura: Uno sesenta y pico. Sexo: A veces, intenso pero seguro. Profesión: Historiador, divulgador, escritor e investigador que se encontró con la historia o la historia se encontró con él. Egresado de la facultad de filosofía y letras de la UNAM, estudió historia eslava en la Universidad de San Petersburgo, Rusia. Autor del cuento "Juárez sin bronce" ganador a nivel nacional en el bicentenario del natalicio del prócer. A pesar de no ser políglota como Carlos V sabe ruso, francés, inglés y español.