Para Rebeca la pandemia sucede allá afuera, se enfurece que la gente sea tan necia y salga sin cubrebocas, simplemente ayer, mientras miraba a través de su ventana, vio el momento exacto en que dos personas se saludaban de beso y abrazo.

–Es que no hemos entendido nada, estos meses de encierro, no sirvieron, la gente sigue saliendo –expresa con agitación.

–Rebeca, pero estamos en un restaurante, técnicamente, no somos muy estrictas.

–Es diferente, yo cumplo todas las medidas. Todas. Mira, yo no te saludé de mano y estamos a más de metro y medio de distancia y pues, yo soy muy consciente de la forma en que debemos comportarnos en exterior. No te ofendas pero, yo no me acercaría más a ti porque hace unos días vi el video que compartiste del partido de básquetbol. La verdad es que si acepté verte, fue porque me dijiste que tenías algo muy urgente que contarme y bueno, la curiosidad pudo más que el cuidado.

–Rebeca, ¿de qué hablas? El juego de básquetbol claramente decía que era un recuerdo de hace un año, mira –saca su celular– dice: tu recuerdo.

–Bueno –se levanta el cubrebocas lo justo para que entre el popote de su naranjada–, pero también te vi en una junta, sí, con mucho protocolo, eso sí, no lo niego, pero, ¿quién dice que soportaste todo el tiempo así y no te acercaste a ver la computadora de alguien o te despediste de mano de un cliente y luego tocaste tu cara? Yo la verdad es que no me puedo hacer responsable de ti.

–Como sea, Rebeca, creo que ya se me hace tarde y me tengo que ir.

–¡Pero, apenas tocaste tu bebida! –No tengo sed –extiende un billete grande y se levanta.

–Oye, ¿pero qué tenías que decirme? –Nada importante, tengo que salir a casa de mi madre porque acaba de morir mi abuela. Supe que te habían despedido y quería ofrecerte un par de meses la coordinación de la agencia. Pero no quiero poner en un predicamento tus protocolos de cuidado.

–No, no, mira siéntate, la verdad es que yo también he salido, de hecho todas las tardes voy al parque con mi perro, es que ya no se soporta el aislamiento. Y bueno, pues no es lo mismo pedir comida que salir a comprarla al mercadito sobre ruedas. Además, no sabes, pero yo soy la que hace las compras del edificio y me cobro una módica cantidad por entrega, con eso, la verdad es que se me ha hecho más fácil el tema de la comida –se retira completamente el cubrebocas y da un trago largo a la naranjada–. Y ya que estamos en confidencias, porque somos amigas de años, te voy a decir que mi esposo, metió su coche como Uber, eso fue antes de la pandemia, si no lo hubiéramos hecho así, te juro que no tendríamos ni para la luz. Entonces, ¿cuándo quieres que empiece?

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